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Sánchez, el escabel del sultán
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Sánchez, el escabel del sultán

Por Antonio Felipe Rubio
sábado 12 de septiembre de 2026, 19:47h
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Pedro Sánchez asegura que la invasión de Ceuta es una circunstancia a la que hay que acostumbrarse porque obedece a la “realidad estructural”. El mensaje es claro. A los ciudadanos de Ceuta y a los que nos que nos toque en suerte una nueva invasión no nos queda más remedio que fastidiarnos, colaborar y asumir esta nueva realidad estructural. Si a esto le añadimos el sentimiento de inseguridad subjetiva, está claro que para Sánchez y el bodoque sospechoso del Interior los ciudadanos somos unos flojos, insolidarios y reacios a esa cosa de la resiliencia que imponen los nuevos acontecimientos de la realidad estructural.

Pedro Sánchez está muy lejos de la verdadera, actual y fehaciente realidad estructural que nuestra sociedad ha creado, y ahora se quiere pervertir.

Nuestra realidad estructural no obedece a un análisis subjetivo, sino a la realidad objetiva que vivieron nuestros abuelos y nuestros padres. Ellos supieron sobreponerse al periodo de posguerra; vivimos la Transición como idóneo modelo de convivencia; pasamos página, y establecimos un amplio periodo de estabilidad democrática otorgándonos nuestra Carta Magna. Erradicamos viejos estigmas y fantasmas del pasado para transitar nuestras vidas con derechos y obligaciones atenidos a la Ley, bajo la observancia de la Constitución y amparados por el Estado de derecho. Y todos estos logros y esfuerzos ahora están limitados y a disposición de esa nueva realidad estructural.

ZP y el que le sucedió en mayor grado de protervidad nos acaban de imponer un nuevo pecado original: “Realidad estructural”. No tenemos ya bastante con aquello de tener que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Ahora tenemos que sacrificar nuestra estabilidad, pertenencias, seguridad y eso que llaman estado de bienestar en aras de quien nos invada violentado nuestra frontera y la integridad territorial. Y, venga, a fastidiarnos, permanecer acojonados y de brazos cruzados.

Todas las normas, ordenanzas y leyes quedan abolidas por mor de una fuerza incívica y salvaje que impera en calles, plazas, playas y cualquier lugar susceptible de ser okupado. El sentimiento ciudadano de “inseguridad subjetiva” puede paliarse o moderarse ofreciendo al invasor generosas facilidades que frenen ciertos impulsos dimanantes de las carencias propias de quien llegó al país invadido con lo puesto. Así, el Gobierno se apresta a ofrecer cobijo, alimento y otras necesidades vitales como la WIFI gratuita, colchones bien mullidos, lupanares (de eso hay cierta experiencia) y, como exigía PACMA, suficiente y variado menú para evitar que el salvajismo acabe con las colonias de gatos, una cría de delfín mular, las ocas del estanque… Como se suele decir: mosca que vuela, a la cazuela.

Pedro Sánchez ha decretado la rendición total ante un enemigo que, por desconocidos motivos, considera ineluctable.

Sánchez no sólo está destrozando la vida de los ceutís y la dignidad de casi todos los españoles. Urdiendo peligrosísimas estrategias, pone en almoneda nuestra seguridad nacional menoscabando y desprestigiando el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

En un país con un gobierno decente, digno, democrático y prudente nunca exhibiría y aventaría las entrañas de su principal agencia de inteligencia. Las siglas CNI aparecen con insensata generosidad en todos los medios de comunicación y con la finalidad de salvar las miserias del Gobierno de España. El CNI debería ser un ente cuanto más desconocido, mejor. Es una vergüenza que, para beneficio personal de Sánchez, aparezcan comunicados y transcripciones de nombres, fechas, horarios, lugares… como si se tratase del famoseo en la prensa rosa. El síntoma de que una agencia de inteligencia funciona se basa en el éxito de su trabajo: siempre en silencio, sin ruido mediático y sin ánimo de notoriedad.

No ponen límites a las materias sensibles que, por decencia y defensa, han de ser preservadas y alejadas de la batalla dialéctica. La nequicia de Sánchez adquiere pavorosas y peligrosas dimensiones en un gobierno del que ya hay que abandonar toda esperanza de mínima dignidad. Todos, sean “pájaros o pájaras”, se han plegado a la maldad de Sánchez. Ya nadie esconde su condición de escabel para las babuchas del sultán.

Antonio Felipe Rubio

Periodista