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Sobre la ley de nietos y demás vínculos etéreos

Por Rafael Leopoldo Aguilera
lunes 14 de septiembre de 2026, 09:08h
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He recibido a través WhatsApp de autor anónimo y redireccionado de forma infinita una reflexión cívica respecto a la llamada a pie de calle política “ley de nietos” y puede servirnos para analizar y valorar lo que se pretende por parte del gobierno de la Nación dar un pucherazo con esta ley.
Yéndonos con ironía y cierto sarcasmo imaginariamente a un símil analógico llevado a una comunidad de propietarios de un edificio como en el que podemos vivir actualmente.
"En mi comunidad de vecinos votan los hijos, nietos y bisnietos de todos los que alguna vez han tenido un piso en el edificio, aunque lo vendieran para hacer adquirir otro mejor u otra casuística personal hace cincuenta años y sus descendientes no hayan pisado España… perdón, el portal, en toda su vida.
Es muy divertido, porque ya son unos 170 y los que vivimos aquí apenas somos 20. Muchos no saben dónde está el edificio, no hablan con ningún vecino y algunos confunden nuestra calle con una localidad de la provincia de Córdoba (Argentina) pero participan activamente en su gestión. Al fin y al cabo, su antepasado tuvo un tercero interior durante seis meses en 1964 con motivo de las leyes y medidas de desarrollismo franquista, así que sería injusto negarles el derecho a decidir cómo debemos vivir los demás.
Gracias a ellos, ahora tenemos un portón automático para el garaje. No tenemos garaje, pero la inauguración fue preciosa y el presidente y la vicepresidenta 1ª pronunció cada uno de ellos según su saber y entender un discurso muy emocionante sobre la recuperación de la memoria comunitaria.
También hemos instaurado el felpudo único: nadie puede utilizar un modelo distinto del aprobado en junta. Cuesta 375 euros y lo vende el vicepresidente 2º, un señor muy majo que vive en un pueblito de San Luis Potosí (México) y que conoce perfectamente las necesidades del edificio porque pasó por delante de él una vez, durante una escala, en 1992 con motivo de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas en Barcelona.
La última junta realizada en terrado o terrao del edificio desde donde se perciben las palpitaciones de la ciudad acordó que solo se puede tender ropa los días impares del mes, y la de color únicamente cuando el número del día sea primo. La propuesta fue aprobada por amplia mayoría gracias al voto por correo de 106 descendientes de antiguos propietarios. Los vecinos que vivimos aquí votamos en contra, pero se nos explicó que teníamos una visión demasiada localista, no inclusiva, y que la comunidad pertenece también a quienes mantienen con ella un vínculo histórico y afectivo en el imaginario, aunque no sepan si tenemos ascensor.
Ahora están estudiando instalar una piscina climatizada en el cuarto de contadores, declarar festivo doméstico y laborable el aniversario de la Primera Derrama y cambiar el nombre del edificio que le puso “Gran Capitán” por «Residencial Memoria Democrática». Nosotros solo hemos pedido que arreglen la gotera del quinto, pero la propuesta lleva tres años paralizada porque no despierta suficiente interés entre los comuneros de Montevideo a los que la comunidad con sentido de catolicidad les abona el costo que se deriva de la aplicación del Wi-Fi.
Eso sí: las cuotas, las derramas y las averías seguimos pagándolas los 20 que vivimos aquí, que estamos a un paso del Sacramento del Adiós. Los otros 170 solo participan en las decisiones con voz y voto pero sin ningún tipo de gasto económico.
A este sistema lo llamamos «comunidad de propietarios por ley de nietos», aunque quieren proponer a través del tejido social que se tenga en cuenta a los bisnietos. Es impecablemente democrático: cuantos menos afectados estén por una decisión, más fácil resulta conseguir una mayoría para imponerla."
Un sistema electoral, que tendrá en cuenta a un número considerable de personas, podrían ser hasta dos millones de gentes, que atendiendo a la consanguinidad o afinidad familiar por razones de un hipotético exilio político de hace 90 años, no económico, ni social, ni cultural, ni religioso, ni otros, de antes o después en el tiempo y espacio, tendrán derecho a decidir sobre el presente y el futuro de toda una comunidad nacional, que no solo residen en territorio y a pie de calle, sino que cumplen con todas las obligaciones tributarias, fiscales y de seguridad social para ejercer cada cuatro años el sufragio pasivo y activo en la configuración de los órganos que integran la soberanía popular de nuestra vetusta y quijotesca España.
En fin, una situación cuanto menos grotesca y preocupante para una gran parte de la sociedad española, que desea seguir manteniendo con plenitud los principios y valores inherentes a la continuidad del Estado social y democrático de Derecho.
Con esta “ley de nietos” que pretender aplicar no se consolida nuestro Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular, ni se protegen a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones, ni se promueve el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida