www.noticiasdealmeria.com

¿Cuándo hemos normalizado..?

¿Cuándo hemos normalizado..?
Ampliar
Por Rafael M. Martos
viernes 18 de septiembre de 2026, 10:04h
Add to Flipboard Magazine. Compartir en Meneame

Escucha la noticia

En el Parlamento de Andalucía presenciamos la enésima escena de indignación selectiva. Manuel Gavira, el ultraderechista vicepresidente del Gobierno, tildó desde la tribuna a los socialistas de «puteros». La bancada del PSOE se llevó las manos a la cabeza poseída por una repentina pureza monacal. Es curioso comprobar cómo la agudeza auditiva de la política varía según quién hable: la misma formación que ha usado esa exacta palabra para definir los hábitos de sus propios excompañeros de filas, como José Luis Ábalos o Koldo García, se muestra ahora profundamente escandalizada al escucharla en boca ajena. Que la salida de tono de un representante institucional sea impresentable no quita que el teatro del agravio resulte ridículo. Gavira, desde luego, es uno de los personajes con menos sentido de la institucionalidad que haya visto el Parlamento... y mira que los ha habido.

Este episodio encaja a la perfección en la pregunta de moda que la izquierda repite últimamente en platós y redes sociales con aire apesadumbrado: «¿Cuándo hemos normalizado esto?». Se refieren, claro está, a las descalificaciones soeces dirigidas al presidente del Gobierno del Estado, Pedro Sánchez (ya saben, lo de "Pedro Sánchez, H de P"). La cuestión suena conmovedora hasta que se tira de hemeroteca y se descubre que la memoria selectiva es asignatura obligatoria.

¿Cuándo se normalizó la bronca grosera? Quizá en el momento en que un ministro del Estado, Óscar Puente, convirtió su perfil en redes sociales en un barrizal diario dedicado a insultar a la oposición, atizar a periodistas incómodos y despreciar a cualquier ciudadano que ose mostrar un mínimo sesgo crítico. O tal vez cuando el exvicepresidente Pablo Iglesias y sus socios decidieron llamar «asesina» a Isabel Díaz Ayuso por la tragedia del COVID-19 en las residencias (esas que él se comprometió a gestionar y jamás lo hizo), recuperando la misma etiqueta que en su día colgaron a Mariano Rajoy o a José María Aznar, da igual el motivo o razón.

Tampoco cuela el victimismo sobre el seguimiento mediático a las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero. Cuando se investiga una presunta implicación en una trama delictiva vinculada a los negocios de su padre, y en la que ellas tendrían un papel estratégico, el asunto deja de ser un acoso familiar para convertirse en foco noticioso de evidente interés público.

Estar indignado con la deriva de Pedro Sánchez no solo es legítimo, sino saludable. Sin embargo, resulta bastante irónico que quienes prendieron la mecha del matonismo verbal pregunten ahora, con la cara lavada, de dónde sale tanto humo. Hace falta rebajar los decibelios de manera urgente, sí, pero para dar lecciones de civismo conviene primero mirarse al espejo.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"