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Nubarrones sobre el AVE Almería

Nubarrones sobre el AVE Almería
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Por Rafael M. Martos
jueves 5 de noviembre de 2026, 06:00h
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Las comparecencias parlamentarias suelen ser un ejercicio anestésico con el que disfruto, lo confieso, pero cuando habla el ministro Óscar Puente a uno se le encienden todas las alarmas porque habla como tuitea. Verlo intervenir en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados tras los recientes y graves accidentes de alta velocidad registrados en Urda ahora, y antes en Adamuz, no deja precisamente un cuerpo templado. Deja un pavor muy concreto.

El ministro soltó la cifra sin pestañear: los soterramientos del ferrocarril en toda España ascienden a un cálculo aproximado de 40.000 millones de euros. Y, acto seguido, aderezó el dato con su inconfundible ironía política al lamentar que «aquí todo el mundo quiere soterramiento y, si no lo hay, se considera que la ciudad es de Segunda División». 

La cosa se entiende mejor desde la distancia, pero en la provincia de Almería el chiste se cuenta solo. El problema no es ya si la ciudad entra en primera o segunda división urbana; el problema es que ni siquiera hemos logrado subirnos al tren. Vamos, que ahora que nos acercamos, lentos, sí, pero nos acercamos, a tener el soterramiento (aunque sea sin tren) igual nos lo paran porque no cabemos tantos en la Primera División. ¿Entienden lo de las alarmas cuando se escucha al ministro? 

Seguimos esperando una alta velocidad que, en palabras del propio titular de Transportes en la pasada campaña electoral, debía llegar en una legislatura que ya saltó por los aires con el adelantamiento electoral. Si aplicamos la máxima generosidad presupuestaria y política, aceptemos 2027 como fecha de corte por aquel compromiso. Pero seamos realistas: el tren no estará en 2027. Probablemente tampoco en 2028. En el mejor de los escenarios, allá por mediados o finales de 2029, quizás algún almeriense consiga validar un billete de AVE en pruebas.

La provincia parece arrastrar una condena bíblica con esta infraestructura ferroviaria. Hay que hacer memoria para recordar que el Gobierno del Partido Popular, encabezado en su momento por José María Aznar, prometió la llegada del AVE a Almería para 2005 coincidiendo con los Juegos Mediterrráneos. Han pasado más de dos décadas, alternancia en La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, y aterrizaje de los ejecutivos del Partido Socialista con Pedro Sánchez. El resultado: una pasarela ininterrumpida de promesas de todos los colores políticos mientras la plataforma sigue a medio vestir.

Es cierto que las obras avanzan y que se ve el final del túnel en algunos tramos. Pero cuando un proyecto de esta envergadura se eterniza, sufre la ley de Murphy a escala de obra pública: le engulle todo el contexto adverso posible. Nos engulló la crisis financiera de 2011 congelando las inversiones (cuando el PP tapió unos túneles construidos en mitad de la nada por el PSOE para demostrar que había obras, que el AVE ya estaba aquí... ingenuos!!!), luego ya había dinero pero hubo cambio de gobierno y cambiaron los criterios y los proyectos, con nuevas licitaciones y nuevos contratos, y así nos cazó la escalada inflacionaria tras la guerra de Ucrania; y ahora nos pilla de lleno el alza de materias primas por la inestabilidad internacional y la tensión bélica en Oriente Próximo con Irán.

El hormigón y el acero no cuestan hoy lo que costaban cuando nos juraron el AVE para 2005, ni para 2015, ni para 2020, ni para aquel 2025 que se vendió como definitivo antes de postergarse a 2026. Al retrasar los plazos, el sobrecoste aprieta, los proyectos se revisan y las soluciones iniciales se recortan: donde iban dos vías de alta capacidad termina quedando una vía única en varios tramos, comprimiendo el rendimiento de la inversión.

Y ahora surge el verdadero quebradero de cabeza tras el discurso de Óscar Puente: ¿qué ocurrirá con las nuevas exigencias de seguridad ferroviaria? Si hay que revisar sistemas instalados o replantear protocolos de señalización tras los incidentes de la línea andaluza, ¿acaso no sufrirá Almería un nuevo emparrillado de dudas, rediseños y modificaciones de obra? Que muy bien por la mejora de la seguridad ¿pero no debería estar implementada en todos los nuevos proyectos como el nuestro? ¿lo están?

A todo ello se le suma la espada de Damocles de la financiación europea. Los fondos comunitarios con los que se está ejecutando el tramo final del AVE exigen un cumplimiento estricto de plazos de ejecución. Si los retrasos nos llevan al límite y la Unión Europea exige la devolución o reasignación de partidas, el roto económico sobre las obras del soterramiento y la llegada a la capital puede ser histórico.

La cuestión no es si nos consideran de primera o de segunda división, sino si se han acordado de que para tener un tren soterrado primero hay que tener un tren. Y Almería no pierde el tren, sencillamente porque no tiene.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"