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Catilina Sánchez

miércoles 13 de noviembre de 2019, 11:43h

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Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet?
Quem ad finem sese effrenata iactabit audacia?



Al fin he descubierto para qué me sirvió estudiar latín en el instituto. Gracias a las sufridas traducciones para las que usaba el viejo diccionario que ya había pasado por las manos de mi padre, y aún conservo, he podido rebuscar la cita que primero se me vino a la cabeza al ver el abrazo entre Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (UP).

Con permiso de Cicerón, no puedo menos que preguntar, como él mismo hacía otro mes de noviembre pero del año 63 antes de Cristo… Hasta cuando, Catilina Sánchez, abusarás de nuestra paciencia? Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros? Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?”

Resulta que hemos estado cinco meses sin gobierno y mareando la perdiz porque Catilina Sánchez aseguraba que no dormiría tranquilo con Iglesias en su gobierno, que de ninguna manera le aceptaría de vicepresidente, que no veía a nadie del entorno de Unidas Podemos capacitado para un ministerio importante, que no podía hacer depender su investidura y posterior gobierno de un partido que habla de presos políticos en España, y que mucho menos podía confiar su futuro a pactos con otras formaciones políticas que buscan aniquilar la unidad territorial y la Constitución.

Pues bien, han bastado 48 horas, ha bastado que ahora UP y el PSOE sumen una decena menos de escaños, que ambos hayan perdido votos, que el independentismo catalán y vasco haya crecido, que el gallego vuelva a la Cámara, que a su vez se ha fragmentado aún más, que se hunda el comodín centrista que podía ser Ciudadanos, y que crezcan la derecha y la ultraderecha, para que sea posible lo imposible.

Todo le ha salido mal a Catilina Sánchez, excepto una cosa, que ahora sí podrá ser investido presidente.



Todo le ha salido mal a Catilina Sánchez, excepto una cosa, que ahora sí podrá ser investido presidente, pero a ver cómo aprueba los presupuestos prorrogados, a ver cómo lo hace con los de 2020, cómo cuadra el sodoku –que diría Pedro Solbes- de la factura cántabra, la turolense, la gallega, la navarra, la canaria… menos mal que siempre le quedará negarnos el pan y la sal a los andaluces que como pueblo carecemos de representación.

Por si faltaba algo, ni Sánchez ni Iglesias han anunciado si piensan presentar a sus afiliados el pacto para que sea ratificado, como exigen sus estatutos, y es que es tan ambiguo que de la decena de medidas, hasta ocho podría suscribir la ultraderecha sin problemas.

Es por eso que, aunque sea de modo retórico, sin esperar respuesta, pregunto “¿Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?”