El pasado 15 de abril Fátima Herrera, portavoz del PSOE, presentó una moción para declarar el Barrio alto como “Lugar Lorquiano”, promoviendo un itinerario turístico que impulse la señalización cultural y ponga en valor el paso del escritor por la capital.
La propuesta recibió quince votos en contra, cuatro abstenciones y seis apoyos. El concejal de Turismo, Joaquín Pérez de la Blanca, justificó el rechazo aduciendo falta de rigor y respaldo documental, y propuso la creación de una comisión de expertos, que acreditase la vinculación del poeta con la ciudad antes de tomar ninguna decisión. Se cuestiona entonces si el paso del autor por Almería está o no documentado debidamente.
El posible reconocimiento del barrio queda ahora supeditado al trabajo de una futura comisión de expertos, que deberá determinar hasta qué punto la presencia de Lorca en Almería puede ser acreditada y traducida en un proyecto cultural de carácter institucional.
Frente al planteamiento de quienes dudan sobre la transcendencia de la infancia de Federico en la localidad, hemos de mencionar que la ciudad no solo fue la cuna de sus primeros versos, sino que además la provincia almeriense inspiró años después una de sus obras más reconocidas.
Una estancia breve pero relevante
La relación de Federico García Lorca con la capital almeriense se remonta a su infancia. Llegó siendo un niño, acompañado de Antonio Rodríguez Espinosa, maestro y amigo de la familia. Su figura destacó dentro de la nueva generación de maestros liberales que implementaron métodos pedagógicos alternativos de la Institución de libre enseñanza. La relación con el autor fue siempre estrecha, pues era un gran amigo de la familia, llegando incluso a ser testigo en el acta de bautismo de Lorca. Rodríguez Espinosa hizo las veces de tutor con él; y es que, Federico se instaló en la casa del maestro, situada en la calle Balmes. Sin embargo, tiempo después, tuvo que mudarse a la escuela del Barrio Alto, debido al mal estado de la vivienda.
Fue en la casa-escuela del Barrio Alto donde escribió sus primeros versos en la primavera de 1909, tal y como revela el Grupo Socialista. Residió en Almería junto con otros jóvenes de su edad procedentes de la Vega Baja de Granada, con quienes compartía el mismo propósito académico.
A pesar de la breve duración de su estancia en la capital, la relación el maestro perduró con los años. Don Antonio se convirtió en invitado fijo en los estrenos del dramaturgo en Madrid en la década de 1920. Aunque el repentino éxito de su ex alumno le abrumaba, a menudo esperaba fuera del teatro. Tal era la confianza que depositaba Federico en él, que, tras su asesinato, fue designado para custodiar los objetos de valor de los que disponía.
El propio Lorca recuerda su paso por Almería en una nota autobiográfica redactada en Nueva York en 1928: “A los siete años fui a Almería, donde estuve en un colegio de escolapios y donde comencé el estudio de la música”. No obstante, una enfermedad grave en la boca precipitó su regreso a Granada: “pedí un espejo y me vi el rostro hinchado, y como no podía hablar escribí mi primer poema humorístico, en el cual me comparaba con el gordo sultán de Marruecos Muley Hafid”. Si bien el paso del escritor por la ciudad fue breve, Almería sigue recordando los primeros pasos de un joven Lorca, en lo que fue el inicio de una de las carreras más sobresalientes de la literatura española.
El crimen que inspiró Bodas de Sangre
La conexión de Lorca con la provincia almeriense va más allá de su infancia, pues también fue referente en alguna de sus grandes obras. El Cortijo del Fraile, ubicado al sureste de Níjar, fue escenario del crimen que inspiró la famosa obra Bodas de Sangre.
Lorca conoció tal suceso cuando se encontraba en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En 1928, leyó el diario que relataba la historia de Francisca Cañada Morales, una novia que huyo con su primo, asesinado posteriormente por el novio de la mujer.
El hecho sorprendió tanto al escritor que consideró que la noticia era “un drama difícil de inventar”, decidiéndose así a escribir Bodas de Sangre, la primera obra y más reconocida de su trilogía rural.
La ciudad aún le recuerda
A pesar de la corta duración de su estancia, Almería conserva diversos elementos que recuerdan su figura. La capital rinde homenaje al recuerdo del dramaturgo con el busto colocado en la Plaza Maestro Rodríguez Espinosa, frente al edificio donde vivió con su tutor.
Asimismo una de las principales arterias de la ciudad, conocida popularmente como la Rambla, recibe el nombre de Avenida Federico García Lorca. Sin embargo, su memoria se extiende más allá de estos puntos emblemáticos.
Es precisamente en el Barrio Alto donde se encuentra la casa-escuela donde vivió con Antonio Rodriguez. En la actualidad, la Casa de Federico García Lorca se configura como un espacio para la difusión de su obra. El que fue el hogar del escritor se ha convertido en un “alquiler vacacional” que ofrece una experiencia cultural a quienes se hospedan en él. Su promotor, Antonio Lorente, asegura, que tras esta iniciativa se esconde el objetivo de dar visibilidad y conocer como vivió Federico su niñez allí. Se ha preservado todo aquello que se mantenía en buen estado desde 1860 y se ha dotado la propiedad con diferentes códigos QR que permiten profundizar en la historia de la vivienda y la niñez de nuestro autor.
Memoria y rigor histórico: un debate creciente
El paso del poeta por Almería resulta entonces evidente, así lo ha reconocido Fátima Herrera quien ha afirmado que algunas zonas del Barrio Alto aún conservan “su alma de barrio, sus calles, sus casas de ‘puerta y ventana’ y, sobre todo, sus vecinas y vecinos, que han sostenido durante generaciones un patrimonio cotidiano que también es cultura”.
La moción propone una señalética concisa, con explicaciones que permitan descubrir con mayor profundidad los lugares vinculados al autor, como son el Barrio Alto y el Casco Histórico. La iniciativa busca asegurar el rigor y correcto mantenimiento coordinando el proyecto con diferentes asociaciones, pues tan importante es reconocer el Barrio como “Lugar Lorquiano” como reconocer a los vecinos que mantienen viva su identidad.
Poner en valor el paso de García Lorca por Almería es, por el momento, una tarea en manos de la comisión de expertos, que determinará si queda o no suficientemente acreditada la presencia del autor en la ciudad. La capital almeriense dejó un rastro imborrable sobre la infancia del dramaturgo, quien la recordó en notas autobiográficas a lo largo de su vida. Es momento entonces de reconocer la huella lorquiana que impregna el Barrio Alto y permitir que los vecinos y visitantes conozcan la otra cara del lugar que vio crecer al escritor.