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Una España de chichi-nabo

miércoles 23 de abril de 2014, 10:55h

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Hasta hace poco mi respeto por la Familia Real, en especial por el Rey y la Reina, estaba fuera de toda duda. Han sido bastantes las sobremesas en las que me he visto obligada a defender el valor de la representación real a nivel internacional, como símbolo inequívoco de la unidad de España, en tanto en cuanto nuestro país se dilapida en arduas luchas políticas. ero las circunstancias cambian y los hechos han querido que nuestra monarquía se vea salpicada de manchas que no se lavan ni frotando detergente antes de poner la lavadora a ochocientas revoluciones: manchas de esas hacen que al final tires la ropa porque queda inservible.

Nunca me ha gustado la caza, y menos como ahora es concebida. Menos caza y más seleccionada, menos cazadores a los que ya se les señala la pieza a cazar, una batalla desproporcionada de la que fluye la imagen de un monarca junto a un elefante abatido en plena crisis. Cuesta asumirlo. Cuesta ver como la infanta a la que más cercana se creía, que para algo estudió sociología en una universidad pública y se casó con un deportista, se ve envuelta en un escándalo financiero y es capaz de entrar sonriente en unos juzgados, sabedora de que probablemente nunca irá a la cárcel. Cuesta admitir que esta infanta nuestra acusa a su elegante marido, conocido ya en toda España como Urtangarín, de todos sus males. Y todo “por amor”. Cuando de verdad quieres tanto a alguien, señor, “no le acusas”, sino que te hundes con él hasta el fango, así seas princesa o costurera. Pienso también en las pocas cualidades que tiene esta infanta nuestra para la gestión doméstica, ya que no sabe bien como se financió el palacio en el que vivía, y desconoce la procedencia de las empleadas de hogar de la misma. No sé como se puede vivir así, más cuando tienes niños en casa. Será que las demás somos demasiado organizadas y necesitamos saber siempre de donde sale el dinero y quien se ocupa de nuestro hogar. O que vivimos más en el mundo real, en el de ganarte lo poco que tienes con el sudor de tu frente. Cuántas mujeres desconocedoras de acontecimientos familiares están saliendo a la palestra últimamente. No saben, ni contestan. Y ya les digo yo que la mujer no fue creada de una costilla de Adán, que mujer también es la que suscribe y tiene algunos conocimientos.

Nadie duda de la importancia de la figura del Rey durante la transición democrática, y apreciable es la labor que desempeñó durante el 23 de febrero, al no ponerse del lado de un ejército ansioso de poder. Batallas que ganamos todos, con el apoyo del monarca, y a favor de una España libre. Sin embargo, llevados por los últimos acontecimientos, la imagen pública de la monarquía, sus derechos y sus prebendas, no parecen ser considerados de manera benévola por los ciudadanos, que con tanta crisis este nuevo proletariado al que nos han avocado a la mayoría, ve siempre excesivo el presupuesto destinado a la institución monárquica, por más que lo reduzcan y lo hagan transparente.

Pero qué podemos esperar de este país de Chichi-Nabo. Para muestra, un botón del crecimiento de impresentables en la propia tierra: aquí, en Almería, unos pocos hacen escarnio público de los que defienden el valor de la tradición y las costumbres andaluzas. Incluso hay quien se permite lanzar imágenes soeces de quienes cuidan del propio hogar. Así que, qué podemos esperar de la Monarquía, si nuestros propios compañeros de viaje no nos apoyan sino que se burlan de los que de verdad trabajan por una Andalucía mejor. Menos mal, que a los que lo hacen, le resbala la inmundicia que puedan soltar estas minorías de graciosillos de domingo. Porque los que de verdad trabajan, lo hacen por una Andalucía que no tenga que pasar por la lavadora.

Anabel Lobo

Periodista.Licenciada por la Universidad Complutense.Título (Máster) en Identidad Corporativa por ESIC y uno en Gabinetes de Instituciones por Corporación Multimedia.Fue becada por Radio Televisión Española y Telemadrid. Ha colaborado en los suplementos económicos de Cinco Días.Técnico de comunicación para la Dirección General de Empleo de la Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid.