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El horizonte Hook

sábado 16 de agosto de 2014, 16:18h

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La muerte de Robin Willians ha calado tan hondamente en Estados Unidos, que hasta Obama le ha dedicado unas palabras. Era un hombre marcado por la depresión, que en su caso ocultaba, en mayor o menor medida, una adicción a alguna sustancia, y algún tipo de hiperactividad relacionada con la misma o con el carácter primario de su persona antes de someterse a la adicción. Estos días hemos recordado también a Kurt Kobain, presionado mediáticamente y por su mujer, tanto en el entorno empresarial como en privado. Sí, también heroinómano, pero después de estas dos premisas. Recordemos que su propia mujer le inyectó naxolona tras una sobredosis para que pudiera actuar sin que se hiciera evidente su adicción. Cuando en realidad debería haber llamado a una ambulancia. Tenía 27 años cuando murió. Dejó una hija.
Un día escuché que la depresión es la falta de horizonte. Y pensando en esto, deduzco que todos somos un poco Hook o Cobain, especialmente los que ejercemos de cabeza de familia, o aquellos que dependen únicamente de ellos mismos, es decir, son los únicos componentes de su unidad familiar (que diría Hacienda).

El caso es que Hook, recuerden ustedes, y si no vuelvan a ver la película o véanla por fin, es un Peter Pan reconvertido en cabeza de familia, que tiene una excesiva presión en su vida laboral, como tantos de los que me están leyendo, o incluso la que suscribe. Hook ha perdido su alma de niño, agobiado como está por tanto número y negocio, y por el bienestar económico de su familia. En nuestro país, muchos Hook elevaron la tasa de suicidios y la incrementaron como consecuencia de la crisis en un 11.3, lo que quiere decir que, de cada 100.000 personas, 7 u 8 se quitaron la vida. En esa época las provincias más afectadas fueron Lugo y Granada. Los números no les llegaban y perdieron ese horizonte que nos aleja de la depresión más profunda. 

España no es uno de los países más proclives al suicidio. Sin embargo, durante 2013 y 2014 se han producido decenas de suicidios que se han relacionado con la presión a la que nos somete nuestro entorno económico. ¿Cuántos andaluces pueden presumir de no haber tenido alguna vez su cuenta en números rojos durante los últimos años?. Si no, atendamos a las altas cifras de morosidad de los bancos, a los impagos de las empresas. ¿A quién no le da miedo perder su puesto de trabajo, su posición económica?. ¿A cuántos conocemos que los han perdido ya?. Nadie nos ha enseñado a convivir con algo así, es una materia en la que somos todos autodidactas.

Este mismo año un anciano dejó de comer y beber por el desahucio al que se veía abocado junto a su hija disminuida de 41 años y finalmente murió; un hombre de nacionalidad alemana se quitó la vida al conocer el estado de sus deudas, y en el colmo del absurdo, pidió perdón en su nota de despedida por no poder hacer frente a las mismas. En Alpedrete (Madrid), una madre de seis hijos se suicida tras no poder pagar 900 euros y recibir la orden de desahucio. Estos son sólo algunos ejemplos, que se pueden contar por decenas. Por supuesto, el motivo no es siempre económico. Sin embargo, las cifras de personas que acuden a los hospitales con intentos de suicidio provocados por ingestión masiva de sicofármacos, suben considerablemente cada año y se relacionan, en muchos casos, con un contexto de fondo de marcado perfil económico.

En la ficción de Hook Peter Pan se libera poco a poco y logra encontrar a su verdadero yo, escondido tras letras bancarias, responsabilidades de negocios, y disciplina para con los hijos. Eso sí, este Hook, como la mayoría de los protagonistas de las grandes producciones norteamericanas, nada en dinero, no como los ciudadanos de a pie. Muchos de los suicidas de nuestro país tenían graves problemas económicos. Hace un par de años, un vecino de mi barrio, sin horizonte, se desplomó en el patio de vecinos dejando caer su cuerpo treintañero desde un cuarto piso. En ocasiones veo pasear a su madre con la mirada perdida.

Sin embargo, ni a Willians ni a Kobain, les era suficiente con el dinero, necesitaban más, o quizás menos, no veían ese horizonte al que te lleva el simple hecho de poder observar la mirada de tus hijos, la sonrisa de tu pareja, el abrazo de un amigo, pasear al atardecer, o leer un buen libro. Todo eso sale gratis, y, en ocasiones, se nos olvida que así es. No hace falta convertirse en Hook para recordarlo. Respirar es suficiente.

Anabel Lobo

Periodista.Licenciada por la Universidad Complutense.Título (Máster) en Identidad Corporativa por ESIC y uno en Gabinetes de Instituciones por Corporación Multimedia.Fue becada por Radio Televisión Española y Telemadrid. Ha colaborado en los suplementos económicos de Cinco Días.Técnico de comunicación para la Dirección General de Empleo de la Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid.