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Plas, plas, plas
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Plas, plas, plas

Por Angel Rodríguez Fernández
miércoles 25 de marzo de 2026, 08:06h
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El señor Juanma Moreno (Moreno Bonilla para la oposición, como si el segundo apellido pudiera perjudicar políticamente —¡están locos estos políticos!, como en el cómic de Astérix decía Obélix: «¡Están locos estos romanos!»—) convoca elecciones en Andalucía y los sepultureros no podemos dejar pasar el obituario —se entiende que político, válgame Dios— de Dª María Jesús Montero.

La candidata del PSOE lo tiene todo: ministra de Hacienda, frenética aplaudidora de los desbarajustes sanchistas, autora material del inexplicable reparto de financiación autonómico… Cuando se resuelvan las elecciones, siguiendo la inercia de Galicia, Extremadura, Aragón y Castilla y León, nadie podrá decir: " No lo veíamos venir "

María Jesús me viene bien para hablar del político disciplinado; ella lo es, y mucho. Fue chavista, griñanista, susanista y, rematadamente, sanchista. Siempre al lado del líder, siempre desmesurada. Quedará para los anales del disparate su explicación de la financiación autonómica, en la que la aplicación del principio de ordinalidad era, a veces, ordinal y, a veces, cardinal. Ya lo dijimos: muy propio de la famosa escena de Una noche en la ópera, en la que los hermanos Marx reducían más y más el contrato entre el agente de uno de los cantantes de ópera (Chico) y el gerente (Groucho), debido a unos desacuerdos muy hilarantes.

En muchas ocasiones, esta disciplina encubre la mediocridad. Florecen en los partidos los mediocres, mientras que los más capaces caen una y otra vez por su decencia o por su poca inclinación al peloteo. A María José nunca le ha importado acercarse al fuego que más calienta, renunciando a fidelidades estériles por otras de mayor provecho.

En el poema de Alberti sobre Garcilaso, glosaba al poeta y aventurero a través de los buenos escuderos. Garcilaso así lo merecía («Si Garcilaso volviera, yo sería su escudero; qué buen caballero era»). Pues María Jesús ha estado a la altura de su caballero: tal para cual. Si el caballero será recordado por su filibusterismo, que le permitía pasar de unos principios a otros, ha encontrado en María Jesús su perfecta escudera (y tal vez la de Sánchez no sea la última).

Si a los Lambán, Redondo o César Molina se les defenestra, se les esconde y, en el caso de Redondo, se les repudia, con los Óscar (no los de Hollywood, sino Puente y López) o con la María Jesús se les pone un piso ministerial y, cuando ya parecen haberlo dado todo por el amo, se les recoloca; eso lo tienen muy claro. Disciplina y mediocridad, tal para cual: si no eres capaz de crecer con tus luces, hazte grande con el peloteo y la «lealtad» o «lealtades».

Si no resultara la gloria, como dice Tezanos —otro que vendió su alma por un trozo en el paraíso sanchista—, ¿buscará Óscar López en el cementerio algún culpable de la debacle, como ya hizo con Lambán? ¿Y Susana Díaz saldrá de ese tránsito espiritual en el que parece sumida desde que es senadora?

Es la disciplina la casa común de los idiotas, el lugar donde conspiran la ineptitud y la envidia para encontrar en el trepa al candidato idóneo