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viernes 29 de junio de 2018, 18:08h

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Aunque el término de la ‘Andalucía murciana’ está plenamente consolidado, es difícil demostrar científicamente la naturaleza del concepto



El ciclo de conferencias ‘El renacer de una ciudad’, integrado en la conmemoración del V Centenario del Terremoto de Vera y organizado por la Comisión creada al efecto, se incrementó ayer con la dictada por Esther Vivancos Mulero, doctora en Lengua Española por la Universidad de Granada y profesora de la Universidad de Murcia, en el Salón de Usos Múltiples de Vera.

La cuarta ponente del ciclo de conferencias fue presentada por el Archivero Municipal de Vera, Manuel Caparrós, que efectuó un resumido adelanto de las investigaciones que la profesora Vivancos lleva publicando durante más de una década. Así, supimos que ha tratado los estudios relacionados con los nombres de las medidas agrarias antiguas en la región de Murcia, al igual que los orígenes y el desarrollo del sufijo ico-/-iquio como caracterizador dialectal del español murciano (siglo XVIII), así como el tratamiento de los orientalismos léxicos en la Tierra de Vera (ss. XVI-XVII). El título de su tesis doctoral (Granada, 2013): ‘La lengua del repoblador. Estudio histórico-lingüístico y tipología documental en el oriente del Reino de Granada. La Tierra de Vera (siglos XVI-XVII)’.

Sus participaciones, coordinaciones y colaboraciones en congresos quedan patentes en el X Congreso Internacional de la Ajihle (Universidad de Sevilla), en las Actas del XXVI Congreso Internacional de Lingüística con su estudio sobre la literatura menor del siglo XVIII: Las labradoras de Murcia, en el Coloquio Internacional del Lingüística Ibero-romana (Rouen, 2015), o en el Comité Científico del XXX Congreso Internacional de la Asociación de Jóvenes Lingüistas (Comillas, Cantabria). Colabora con la dirección del Congreso Internacional de Historia y Videojuegos.

Esther Vivancos Mulero comenzó su disertación señalando que, “aunque el término de la ‘Andalucía murciana’ está plenamente consolidado, es difícil demostrar científicamente la naturaleza del concepto, y, es que, desde siempre, se ha considerado evidente la gran diferencia entre el habla de los andaluces orientales y los occidentales, pero había que encontrar esas razones históricas. Y la Tierra de Vera era el marco ideal para comenzar el estudio por haber sido el territorio jurisdiccional más amplio de la tierra de frontera entre los reinos cristiano y musulmán y donde la corona de Castilla vendrá a desarrollar su organización administrativa desde 1488 (Zurgena, Antas, Cabrera, Bédar, Serena, Teresa, Campo de Pulpí, Campo de Huércal y Vera)”. La Tierra de Vera, y ésta es la hipótesis de sus investigaciones, aunque pertenezca geográficamente al territorio andaluz, se incluye dialectalmente en el murciano.

Los rasgos dialectales quedaron determinados por los procesos de repoblación del reino de Granada que trajeron esos pobladores que venían, en una primera y segunda repoblaciones (1482 y 1570), del reino de Murcia y de Aragón (encomiendas santiaguistas del Norte, Caravaca, Cehegín, Mula y, sobre todo, de la ciudad de Lorca). Baza, Vera y Mojácar fueron los lugares de asentamiento preferidos por los lorquinos.

Para demostrar su hipótesis la profesora Vivancos Mulero se dedica a delimitar los rasgos o caracterizadores dialectales del andaluz oriental que pueden determinar en qué elementos lingüísticos debemos centrarnos para obtener los datos empíricos que demuestren el planteamiento. Estas particularidades de la Tierra de Vera y de Murcia son la abertura vocálica en los finales plurales como consecuencia de la aspiración de la ‘s’ implosiva y la no aspiración de la ‘x’ o ‘j’, rasgos opuestos a los de la Andalucía occidental. “El problema de estos rasgos es que, en general, no se pueden estudiar en los documentos escritos de la época porque no se escribía como se hablaba”. “La solución”, indicaba Esther Mulero, “es buscar caracterizadores dialectales léxicos y morfológicos; en este caso ‘orientalismos’ (aragonesismos, murcianismos y catalanismos), insertas en las fuentes documentales de los protocolos notariales de Vera, conservados desde el libro del año 1529 (existentes en el Archivo Histórico Provincial de Almería, donde ella misma investigó). Los tipos documentales consultados de esos protocolos fueron las cartas de dote y arras, los inventarios de bienes, los testamentos, las almonedas (subastas) y las particiones de bienes”.

El resultado de ello fue la elaboración de un glosario de términos compartidos en las dos regiones y que demuestran esa hermandad lingüística; voces no recogidas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (cetra, corbilla, corbo, conqueta, escabelete, jabegón, sayco y tenaja), y voces registradas en el DRAE (barza, cegajo, entremijo, orón, tahúlla y zaragüelles). Otro grupo fue el de las voces compartidas con el resto de España, con o sin valores semánticos propios, como: albar, arambre, bancal, cambuj, garbillo, mano y rasera, en el primer tipo, y banco, tabla o tendido en el segundo.

Otras voces son las que se comparten en forma y significado con el DRAE, pero más frecuentes en la Tierra de Vera, como alcuza, azada, badil, cedazo, olivera y ubio.

Por último, se realizaron grupos de voces en función de su origen: catalanoaragonesas (arambre, banco, barza, conqueta, jabegón, olivera, tabla y zaragüelles), catalanismos (cetra, corbilla, corbillón y garbillo), aragonesismos (tenaja, rastra y sayco), o murcianismos (albar, bancal, corbo y orón).

El análisis del sufijo ‘ico’ como diminutivo utilizado en el 80% de las ocasiones camina en la dirección de demostrar, finalmente, esa influencia repobladora de los colonos murcianos en la Tierra de Vera que dejó de ser musulmana en el siglo XV.

Abierto el turno de preguntas el coloquio se prolongó durante casi media hora más, dado el interés que suscitó la exposición. José Antonio Cano González, coordinador general de la Comisión del V Centenario del Terremoto de Vera, le entregó como obsequio una jarra de cinco picos, pieza alfarera característica de Vera.
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