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Tontos, que sois unos tontos

miércoles 12 de junio de 2019, 11:45h

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Estamos viendo las declaraciones de bienes que están haciendo nuestros parlamentarios, y no dejamos de asistir sorprendidos con algunas cifras.



El viejo marino tenía junto a su café unos recortes de prensa, nos miraba esperando algún comentario, y nuestra joven profesora llegó en su ayuda:

—Veo que estás muy interesado en las declaraciones que han presentado los parlamentarios, y tienes entre tus manos las de Pablo Iglesias e Irene Montero.

Su sonrisa fue amplia, y asintiendo dijo:

—Como se nota que Pablo, en las elecciones, llevaba a los debates un libro de la Constitución como si fuese la Biblia. Debe haberse impregnado de espiritualidad y religiosidad. Ha obrado un milagro, el de la multiplicación de «los panes y los peces».

Lo miramos con extrañeza, pero sin inmutarse siguió:

—Sabemos que sus ingresos anteriores como profesor no podían ser tan magros, como para tener ahora esos depósitos bancarios y ese patrimonio inmobiliario, con lo que ha demostrado ser un prodigio de la multiplicación. Aunque este aspecto no es el que me llama la atención.

Seguíamos expectantes, había captado toda nuestra atención, y continuó:

—El paso por la política no tendría que ser eterno, pero cuando alguien se compra una casa que, según algunos expertos, supera el millón de euros, aunque declaren que la compraron por 600 mil euros, y para ello constituyen una hipoteca de 540 mil euros a veinte años —me pregunto si con el sueldo de profesor les hubieran dado esa hipoteca—, de la que han amortizado 64.412 euros en un año. Esto denota que pretenden vivir del momio, al menos los próximos veinte años, porque seguro que todo esto no lo podrían hacer con sus ingresos anteriores.

Ahí cogió el relevo nuestra joven profesora, ávida en estas lides:

—Si le sumamos el mantenimiento de la casa —jardinería, piscina, conservación y otros gastos como electricidad, agua, basura, alcantarillado y demás gabelas—, aun siendo cautos, podríamos añadir otros 24 mil eros/año. Sumado a la amortización, unos 88 mil euros al año. Si añadimos la puericultora que han contratado para atender por las noches a sus gemelos que dicen que son unos 100 euros/día, pondríamos estimar en otros 24 mil euros/año —excluyendo fines de semana, festivos y vacaciones—. Solo con esto tenemos unos gastos de más de 112 mil euros/año. ¡Un presupuesto importante para unos proletarios!

—Si nos atenemos a sus manifestaciones que nadie en su partido cobraría, como máximo, tres veces el SMI —continuó la joven profesora—, sus ingresos totales serían: 900 euros, por 14 pagas y multiplicado por tres, es decir 37.800 euros/año. Un total de 75.600 euros/euros entre ambos. Podemos añadir otros gastos necesarios para vivir: alimentación, vestuario y personal de servicio… No me cuadran las cuentas. ¡Esto sí que es ingeniería financiera y no la de los brókeres de la City!

Siguió nuestro viejo marino:

— Lo cierto es que me gustaría aprender a vivir de esa manera. Estos supuestos «ricos» que tienen que cotizar por la cuota máxima del IRPF deberían aprender, y recibir un cursillo de malabarismo económico-financiero. ¡Unos monstruos estos muchachos!

—¡Que los hagan ministros de Economía y de Hacienda! —remachó nuestra profesora—. Estos son capaces de acabar con el déficit español en una legislatura, y nos cuadran todas las cuentas públicas. Montoro o Montero son unos aprendices.

Ya nuestro marino estaba serio y comentó:

—Este es el que increpaba al ministro de comprarse un piso de 600 mil euros. No es más que un demagogo cuya dureza de su rostro no tiene límites. Aunque esta desvergüenza la han pagado en las urnas y para justificarlo han buscado una cabeza de turco, Echenique, que vive en el barrio de Salamanca, el más pijo, burgués y capitalista de la capital del Reino. ¡Son unos ricos burgueses viviendo del bote, y parasitando de la clase trabajadora!

—Posiblemente, los resultados electorales de Podemos se deban a estas cosas —comentó nuestra profesora—, también al desprecio demagógico a las donaciones de Amancio Ortega y a otras contradicciones que les han pasado factura. Ya hay mucha gente avisada a las que, seguramente, les ha costado votarles, pero con todos estos datos, ya no una sospecha, es la constancia de que estos chicos son unos farsantes, que venden humo, y que la defensa a la clase trabajadora pasa por dejar ellos de trabajar, enriquecerse y contar en los mítines cuentos chinos.

Añadió el marino:

—Con esta información, aquellos que en las próximas elecciones voten a esta formación, mientras estén esta panda de falsarios al frente, lamento decirlo tan crudamente: ¡Son tontos!

—Si, mis queridos votantes de Podemos —sentenció nuestra profesora—, o como quiera que se llamen en su aldea, podrán escuchar cantos de sirena, creerse la promesa de un mudo mejor, pero lo que parece claro que estos tramposos no luchan por sus votantes, luchan por permanecer en su sillón. Igual que aquel político que en la intimidad hablaba catalán, éstos en la intimidad, se descojonan de la risa y les hacen un corte de mangas a sus votantes.

Mi marino, con resignación nos dijo:

—Tengo que barnizar la teca de mi barco, la verdad que es caro, un presupuesto; pero he pensado en crear un partido progresista, involucionista y defensor de las causas perdidas marineras. Con las cuotas de los militantes podré hacer estos trabajos, y si todo marcha bien con la subvención que se reciba por los resultados de las próximas elecciones me cambio de barco.

No sabíamos si reír o llorar, pero no nos pareció tan descabellado, viendo como otros viven del cuento, y desde hace tantos años; además, encima presumen de ser consecuentes.

¡Son las cosas de la aldea!