www.noticiasdealmeria.com
Torrente, sin spoiler
Ampliar

Torrente, sin spoiler

Por Angel Rodríguez Fernández
domingo 05 de abril de 2026, 09:45h
Add to Flipboard Magazine. Compartir en Meneame

Escucha la noticia

Nos hemos reído una barbaridad viendo la última de Torrente, pero no es novedad: se ha reído hasta Carlos Boyero. ¿Es cosa mía o se parece cada vez más a Anton Ego, el crítico gastronómico de Ratatouille?

De vez en cuando el globo pierde presión por donde se infla, y estas gamberradas son el chiflido de un globo excesivamente inflado que amenaza con explotarnos en la cara. Hinchado por lo políticamente correcto, por el poco aguante que nos tenemos, por la prevalencia de los ofendidos sobre la libertad creativa.

No se engañen: aunque en Torrente se utiliza el cartel de la película Ciudadano Kane, travistiéndolo con la cara de Torrente, no es esta película un clásico del séptimo arte. Es una golfada, similar a las gamberradas de los hermanos Farrelly —esa escena de una bragueta truncada, un cuarto de baño, un adolescente y un barrio muy curioso, que termina enfocando donde nadie creía que pudiera enfocarse en Algo pasa con Mary (1998)—.

Pues eso hace Santiago Segura: enfocar en la España más tramposa, que la hay; más cutre, que existe bajo la moqueta; o más mentirosa. Magistral ese presidente pegado a un espejo como si fuera la malvada bruja de Blancanieves, o ese Nox tan cainita. No sé si fue antes Vox, desangrándose solitos, aunando franquismo y antifranquismo a la vez, o el Nox de Santiago, en el que el jefe ve en Torrente un peligroso adversario.

Es una película salvaje. Debajo de los mondadientes, de las flatulencias, de las entrepiernas, de los tópicos más cutres de nuestra Celtiberia (que diría Luis Carandell en su magnífico libro Celtiberia Show), está el cariño de Santiago hacia el espectador, esa figura tan olvidada por algunos adictos a las subvenciones, que le ha permitido crear sus esperpentos sin necesidad de limosnear a la administración de turno.

Por eso la administración le teme y manda a sus acólitos a hacer lo que pueden, que es poco, porque tiene ganado al público, ese imponderable al que tanto le cuesta quitarse las zapatillas e ir al cine, pero que con las películas de Santiago lo hace encantado. Será porque no aburren ni lanzan consignas. Bueno, una sí: «No os dejéis engañar, vigilad a los que nos gobiernan». Él lo hace; de otra forma no podría haberlos retratado tan bien en esta película.

No deja piedra sobre piedra del altar político patrio. Si Alfonso Guerra dejó caer un pequeño chinarro sobre Yolanda Díaz —«le habrá dado tiempo entre una peluquería y otra»—, Santiago tira con honda sobre unos y otros, tanto que en un momento dado sus personajes, brutos, cínicos y despiadados, se quedan callados, como bloqueados por la verborrea gamberra y casposa de Torrente.

Si hace unos años, en dictadura, lo vanguardista y atrevido era contar chistes sobre el dictador, así en la película Madregilda (Francisco Regueiro, 1993), Juan Echanove —creo recordar que le llamaban, o él mismo lo decía, «Echa Nueve», ya que en sus citas amorosas no se iba antes de echar nueve polvos—, que hace del dictador, cuenta un chiste sobre sí mismo. Ahora Torrente es lo más atrevido que se puede realizar, alejándose de las buenas intenciones que, decálogo tras decálogo, los moralistas gubernamentales echan sobre el suelo picoteado por gallinas sumisas, para centrarse solo en hacer reír.

Santiago Segura es un tocapelotas, como lo fue Luis García Berlanga. Este tampoco fue un director fácil para el poder. Solo tuvo un cargo, merecido, ya que fue el que impulsó la conservación y organización del tesoro audiovisual patrio: fue presidente de la Filmoteca Española. Iba poco a la oficina y no hacía buenas migas con Pilar Miró (directora general de Cinematografía). Cuenta Berlanga en sus memorias que coincidió con Javier Solana, a la sazón ministro de Cultura, en un acto, y este se le acercó y le dijo algo como: «Luis, creo que he firmado algo sobre ti». Se volvió a Pilar Miró, que le acompañaba, y le preguntó: «¿Qué era?». Y respondió Pilar: «Su cese».

Terminar con un «campeón» almeriense que lo hace maravillosamente. No diré su nombre porque me prometí no desentrañar ninguno de sus cameos; solo que pasó de «campeón imberbe» a «barbado pudimos», y ni "La vida de Brian" ni "Terminator" conseguirán arrancarme el nombre del actor almeriense que sale en esta última película de la saga.