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Un año después

lunes 02 de diciembre de 2019, 11:42h

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Ha pasado un año desde que se produjo el histórico cambio en el Gobierno de Andalucía, dejando atrás las casi cuatro décadas de poder socialista, y abriéndose paso una coalición compuesta por el Partido Popular y Ciudadanos, con el apoyo externo e imprescindible de Vox.

La primera conclusión que podemos extraer es que no se ha producido ninguna catástrofe de las vaticinadas desde la izquierda, y la segunda es que, pese a quien pese, Andalucía podía funcionar mejor, y lo puede hacer aún mejor.

Tengo que reconocer que me gustó mucho que la primera visita institucional del presidente Juanma Moreno fuera a Manuel Clavero Arévalo, elemento clave en la autonomía andaluza, clave en nuestro reconocimiento como nacionalidad histórica y como realidad nacional. Era un modo de dejar claro el compromiso con el autonomismo, cuando su socio, Ciudadanos, siempre había sido partidario –hasta que ha tocado poder, claro- de recortar competencias, y su apoyo externo –Vox- de una total recentralización.

Uno de los aspectos por los que los cambios de gobierno son sanos –más allá de quién los protagonice- es por llevar vinculado el levantamiento de alfombras, un gesto que no solo tienen por qué dejar al aire la corrupción, puede, sencillamente, mostrarnos la existencia de una pésima gestión continuada en el tiempo.

Pero si algo nos descubre los cambios de gobierno, es la amnesia que sufren inmediatamente quienes pasan a la oposición, y cómo transforman en urgencias aquello que ellos demoraron lustros y hasta décadas, cómo de una Andalucía a toda máquina en la que no había problemas graves, se pasa en cuestión de días, a otra en la que nada funciona y todo es caótico.

La actitud del PSOE es comprensible, porque siente que le han quitado no solo algo que tenían en propiedad, sino que se lo han birlado a pesar de ganar las elecciones, justo como le pasó al PP cuando ganó con Javier Arenas, y acabó gobernando el corrupto José Antonio Griñán con Izquierda Unida. Ese shock seguro que les ha afectado a la corteza prefrontal del cerebro.

Ahora bien, Moreno está sabiendo bandear con relativa soltura sus compromisos con la ultraderecha, y por ejemplo, no está dando ni un paso atrás en la lucha contra la violencia de género, y aunque en Memoria Democrática (ni me gusta el término ni cómo se formula la ley, pero defiendo recuperar el recuerdo y homenaje a las víctimas de la dictadura, al menos como compensación a que las víctimas de las izquierdas fueron homenajeadas más de cuatro décadas) se queda corto, al menos no se para.

Más allá de estas cuestiones, la gestión en Andalucía ha mejorado sensiblemente, y hablamos solo de eso, de la mera gestión, porque aún es pronto para valorar los cambios en las políticas claves para nuestro desarrollo, como son las económicas, incluidas las fiscales. También es pronto para valorar las mejoras en sanidad, pero sí podemos ver reducciones en listas de espera tras descubrirse el tocomocho socialista, o en la dependencia, donde había personas ocultas desde hace casi una década…

Un año frente a cuarenta, no es nada, y menos si hay que sentar las bases del futuro al tiempo que se desmontan los entramados alimentados con los dineros de los ERE, de los fondos de Formación, de la FAFFE… No, no es fácil.