Me llama la atención observar cómo la maquinaria política que conforma la oposición al PP en Andalucía, se pone en marcha para vendernos un adelanto electoral que tiene tanto de épica como de siesta veraniega. El presidente Juanma Moreno, ha convocado a las urnas para el próximo 17 de mayo. Algunos analistas, con una imaginación digna de premio literario, se empeñan en calificar esto como un "adelanto", cuando la realidad objetiva es que, como muy tarde, tendríamos que estar depositando el voto en junio. Adelantar un mes las elecciones cuando se goza de una mayoría absoluta y unos presupuestos aprobados no es un movimiento estratégico de ajedrez; es, sencillamente normal... pero hace tanto que no estamos acostumbrados a la normalidad que sí, sorprende.
No había motivos de inestabilidad. La Junta de Andalucía es hoy un remanso de paz parlamentaria donde el Partido Popular goza de mayoría absoluta y una oposición desdibujada en sí misma.
Pero, al mirar el calendario y las listas, uno no puede evitar parafrasear la canción: ¡cómo hemos cambiado! Hace apenas cuatro años, la infantería popular en Almería la lideraba Carmen Crespo, que por aquel entonces ejercía de todopoderosa consejera de Agricultura, y venía de ser delegada del Gobierno en Andalucía. Hoy, Crespo observa la realidad almeriense desde la confortable distancia de su escaño como europarlamentaria en Bruselas, dejando el relevo local a otros rostros que también han sabido mutar con el tiempo.
El caso de Ramón Fernández-Pachecoa, aquel joven alcalde que juraba y perjuraba que su compromiso con la ciudad de Almería era inquebrantable, y que no iría en las listas al Parlamento andaluz. Y cumplió, pero al sonar el teléfono de San Telmo cambió el bastón de mando por la cartera de consejero. Primero en Sostenibilidad y ahora heredando el negociado de Agricultura, Ramón Fernández-Pacheco apunta a encabezar la lista provincial del PP con la naturalidad de quien siempre supo que su destino no terminaba en la Plaza Vieja, sino que comenzaba en ella. Y es que por si fuera poco, ahora además es el presidente provincial del PP.
En la acera de enfrente, el panorama en el PSOE de Almería es, cuanto menos, melancólico. Hace cuatro años, Juan Antonio Lorenzo mandaba en el partido y en la lista. Hoy, tras un proceso de desmantelamiento interno que dejaría a cualquier gestora sin aliento, Lorenzo ya no está en el Parlamento, sino en el Congreso de los Diputados, dejando la secretaría general y el protagonismo autonómico. Todo apunta a que el elegido para intentar salvar los muebles podría ser José María Martín, actual subdelegado del Gobierno del Estado en la provincia, y no porque nadie ande filtrando nombres, es porque sería lo razonable y el la línea de Lorenzo. En este caso, un perfil sanchista de manual, alineado con esa María Jesús Montero que aspira a presidir la Junta de Andalucía, pero que en Almería tiene la difícil papeleta de frenar una sangría de votos que parece inevitable.
Las encuestas son crueles, pero los datos son tozudos. El Partido Popular ostenta actualmente seis parlamentarios por Almería y las previsiones más conservadoras le otorgan el mantenimiento de ese bloque, con una tendencia clarísima a capturar el séptimo escaño. El drama se sitúa en las filas socialistas: sus tres parlamentarios actuales están en serio riesgo de quedar reducidos a dos. De confirmarse este desplome, el PSOE podría verse superado por Vox, una humillación estadística que redefiniría el mapa político de la provincia.
En la formación ultra, la incógnita baila entre Rodrigo Alonso y Juan José Bosquet, actual presidente de Vox en Almería. Bosquet, que no comenzó la legislatura como parlamentario y es otros del "cómo hemos cambiado", ha ido ganando peso en la estructura provincial y podría disputar el liderazgo de una lista que, según los sondeos, aspira a consolidar sus tres escaños y con ello incluso a convertirse en la segunda fuerza de la provincia.
Así llegaremos al 17 de mayo.