El plató de Televisión Española se convirtió anoche en una suerte de frontón donde cuatro raquetas intentaban, sin demasiado éxito, quebrar la muñeca de un Juanma Moreno que parece haberle cogido el gusto a eso de jugar a la defensiva con un escudo de PowerPoints. El primer debate a cinco de cara a las elecciones de la Comunidad Autónoma del próximo 17 de mayo fue, en esencia, un ejercicio de amnesia selectiva frente a una sobredosis de aritmética oficial.
En un rincón, el aspirante del PP y actual presidente de la Junta de Andalucía; en el otro, un bloque tan heterogéneo como antinatural formado por el PSOE, Por Andalucía, Adelante Andalucía y Vox, unidos por la curiosa estrategia de disparar al unísono con eslóganes sobre la degradación de lo público mientras el búnker del popular resistía a base de una "vía andaluza" que, de tan moderada, a veces parece de diseño.
Resulta llamativo observar cómo María Jesús Montero intentó despojarse del pesado abrigo del Gobierno del Estado para centrarse en la gestión regional, como si su paso por el gabinete de Pedro Sánchez fuera una anécdota de currículum y no el lastre que terminó hundiendo sus argumentos. Juanma Moreno, impasible y con esa sonrisa que parece ensayada frente a un espejo de autoayuda, no desaprovechó la oportunidad de recordarle que el problema de la vivienda, ahora primera preocupación de los ciudadanos, era el decimotercero cuando el PSOE aterrizó en la Moncloa.
Pero el golpe de gracia llegó con el aroma a asfalto de la provincia de Almería. Ver a la candidata socialista salir escaldada ante la mención de la Autovía del Almanzora —ese eterno proyecto que en Almería se ha heredado de padres a hijos como una reliquia familiar hasta que la Junta decidió desempolvarlo— fue el resumen perfecto de una noche donde el pasado de la exconsejera de Salud la perseguía por el plató como un fantasma mal alimentado.
En el bloque de sanidad, el debate alcanzó sus cuotas más altas de surrealismo. Antonio Maíllo, de Por Andalucía, y José Ignacio García, de Adelante Andalucía, compitieron por ver quién gritaba más alto sobre el "colapso" y el "negocio" de los servicios públicos, mientras Juanma Moreno les lanzaba a la cara el dato de los 7.700 profesionales que la propia María Jesús Montero mandó al paro en su etapa como consejera, recortando de paso 1.500 millones de euros del presupuesto sanitario. Para los que observan desde la provincia de Almería cómo se gestionan las listas de espera, escuchar a la exvicepresidenta hablar de privatizaciones mientras en su época los conciertos sanitarios crecían a ritmo de festival de verano, requiere un estómago bien entrenado en la ironía política.
El capítulo de la financiación fue el recordatorio de que, para algunos, el Estado se gestiona a golpe de cesión. Manuel Gavira, representante de Vox, estuvo especialmente incisivo al señalar el "chantaje" de los pactos con los independentistas catalanes que dejan a la Comunidad Autónoma en el furgón de cola de los recursos. Juanma Moreno no tuvo que esforzarse mucho para preguntar a la candidata socialista si realmente cree que el modelo pactado beneficia a los andaluces o si es simplemente el precio del alquiler de Pedro Sánchez en el complejo de la Moncloa.
Ante esto, María Jesús Montero solo pudo interrumpir, demostrando que cuando el dato es incontestable, el ruido es la única salida. Entre reproches por el desastroso estado del transporte ferroviario y la falta de infraestructuras que padece la provincia, el debate se fue apagando en una sucesión de mensajes grabados. Al final, el "cuatro contra uno" dejó a un Juanma Moreno ileso, no tanto por brillantez oratoria, sino porque sus oponentes prefirieron pelearse con la realidad antes que ofrecer una alternativa que no pareciera un guion de 2018.