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25N y la isla de los cormoranes

Por Moises Palmero Aranda
domingo 20 de noviembre de 2022, 12:59h

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Cuando la política, la justicia, los medios de comunicación, la economía, pisotean, caricaturizan y someten a quien defiende el sentido común, las evidencias y el clamor popular, pienso que no tenemos solución, que la estupidez es inherente al ser humano. Beneficiar a violadores, maltratadores, que han abusado en algunos casos de niñas, por posicionarse electoralmente atacando a la ministra de Igualdad, me parece ruin, mezquino y deplorable. Hay temas con los que no se debería jugar, y la violencia hacia las mujeres es uno de ellos.

Que la interpretación de algunos jueces para aplicar la nueva Ley, es una maniobra política, algo que debería avergonzarnos y que por desgracia ya no nos sorprende, lo evidencia que el escándalo ha saltado la semana en que se celebra el 25N, con el objetivo de hacer arder las calles, de enfrentarnos a unos contra otros, de boicotear las mareas moradas, de simplificar las eternas y justas reivindicaciones. Este año no hablaremos de patriarcado, de techos de cristal, de diferencias salariales, de discriminación social, de falta de equidad, de igualdad y libertad para elegir tu futuro, para vivir con dignidad, para defender los derechos humanos.

En esta ocasión nos escandalizaremos, pediremos el boicot a las artistas en el mundial de fútbol, por la situación, entre otras cosas, de sometimiento que viven las mujeres en Catar, mientras dejamos indefensas y humilladas a las víctimas de violencia de género por rascar unas décimas en las encuestas electorales. A la vez que lapidamos a Irene Montero por defender una ley que protege a las mujeres, y que solo la malintencionada e interesada interpretación de algunos jueces, le ha intentado quitar el valor que tiene. O también nos dedicaremos a desvirtuar y ningunear los argumentos que enarbolan las mujeres.

No, no nos podemos comparar con Catar, aquí la ley defiende a la mujer, tiene los mismos derechos, deberes y oportunidades que los hombres, aunque solo sea sobre el papel, aunque las mujeres se sientan igual de indefensas y humilladas en la realidad, aunque algunos hombres sigan arrancándole las plumas de sus alas al nacer para impedirles volar, como sucedió en la isla de los cormoranes.

Perdonen que utilice una leyenda sin ningún rigor científico para explicar lo que creo que está pasando, pero viendo el nivel de nuestros políticos, pienso que hay que ponérselo fácil. Quizás más que leyes, deberíamos contarles cuentos.

Cuentan que los cormoranes, machos y hembras, volaban y pescaban juntos. Disfrutaban tanto que olvidaban proteger sus nidos, y muchos pollos morían de hambre. Ante esta situación, comenzaron a discutir cómo solucionarlo. Ellas querían repartir el trabajo, ellos, presumiendo de su fuerza y velocidad, defendían que habían nacido para pescar, no para cuidar los nidos.

Como no se ponían de acuerdo, una noche decidieron arrancarles una pequeña plumita de sus alas, y con ese sencillo gesto consiguieron acortarlas e impedir que pudiesen competir con ellos. Gesto que repetían con todas las hembras que nacían, con lo que con el paso de las generaciones, se convirtió en costumbre, en rutina, y arraigó la idea de que era una cuestión de leyes naturales.

Pero ocurrió, que una joven cormorán quiso imitar a sus hermanos, y ante la frustración por no poder seguirlos, encontró la manera de igualarlos. Se dio cuenta de que la longitud de sus alas, le permitía bucear a más profundidad, ya que podían moverlas a mayor velocidad bajo el agua. A la vez, de pasar tantas horas al sol, la cera que impermeabilizaba sus plumas fue desapareciendo, por lo que al sumergirse se mojaban, pesaban más y podían llegar donde antes no llegaban. El único inconveniente era que como sus plumas se empapaban, tenían que secarlas al sol abriendo sus alas. Gesto que hacían con orgullo y que a los machos molestaba.

Quiso el tiempo, que aquella estrategia de adaptación, se impusiese a los largos vuelos, por eso los cormoranes son grandes buceadores, secan sus alas al sol y cuidan machos y hembras de los nidos.

Una leyenda para contar a las niñas junto a la chimenea ahora que llega el frío, como las fábulas de Perrault, como los cuentos de Quiroga, como las parábolas de Jesús. Quizás tengan la debilidad, como las leyes, de que para algunos pocos son interpretables, pero estoy seguro de que la sencillez del mensaje, como la ley del “sí es sí” para la mayoría, la hace comprensible. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

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Moises Palmero Aranda

Natural de El Ejido, Almería. Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Almería. Desarrolla su trabajo en el mundo de la Educación Ambiental desde la Asociación El árbol de las piruletas, donde ha utilizado la literatura como una herramienta más de sensibilización. Es autor y narrador de cuentos infantiles, entre los que destaca El árbol de las Piruletas y Un delfín entre las estrellas (próxima publicación) Secretos en el Sendero, nueve relatos de misterio donde se mezcla literatura, senderismo y geocaching, es su primera publicación en solitario. 32 motivos para no dormir; Pasos en la oscuridad; Taller de cuentos; 12 caricias; 13 muertes sin piedad; Ángel de nieve; Ulises en la isla de Wight; Crímenes callejeros; El oasis de los miedos; Letras para el camino, El mar, la mar, Relatos Velezanos V son algunas antologías donde aparecen sus relatos. Colabora en Candil Radio con los programas “La mirada del delfín viajero” y “Letras de Esparto”. En radio UAL dirige y presenta el programa de entrevistas Radio Ecocampus. También ha hecho sus pinitos en el mundo del cortometraje con El hombre y la flor. Otra oportunidad y su guión “Residuos” fue el ganador del I Concurso de guiones para cortometrajes “Carboneras Literaria”. Socio fundador de la Asociación Literaria y Cultural Letras de Esparto.

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