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Al parecer hay elecciones

jueves 07 de noviembre de 2019, 19:35h

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Estamos en la recta final de la campaña, por si no se habían enterado.



Nuestro marino con tono de enfado dijo:

—¡Que decepción de debate! Una vez más nos han hurtado unas cuantas cosas importantes y muchos de los temas que nos interesan. Se ha llegado a adelantar la fecha para que no se conociesen las cifras del paro. Los indicadores económicos están apuntando a una recesión, que podría acabar en crisis importante, pero mientras Sánchez se empeña, bastante molesto, en llamarle «enfriamiento» ante el periodista que osa preguntarle. Es cierto que no se debe tener una visión catastrofista, pero tampoco se puede caer en la época de los «brotes verdes» de Zapatero, o el debate de Pizarro y Solbes¸ en el que se nos ocultó la verdad y lo que se venía encima. Seguimos con los mismos tópicos e intentos de hurtarnos la realidad. Por mucho que se disimule, todas las señales indican que debemos coger el paraguas porque amenaza con lluvia.

Asentimos, pero nuestra joven profesora añadió:

—Eso que comentas es cierto, pero muy difícil de transmitir, porque la anticipación, los datos macroeconómicos solo interesan a los expertos y a los estudiosos del tema, pero la ciudadanía empieza a pensar que eso puede ser posible cuando ven a sus vecinos en el paro, pero sobre todo se lo creen cuando el que está en paro es el mismo o alguien de su familia.

El marino terció:

—Además en esta campaña asistimos a la culminación de una serie de despropósitos y a la peor forma de hacer política, y no solo porque ahora haya un escenario a cinco partidos. Seguimos con la infecta manía de los bloques de rojos y azules, cuando en la vida existe una tonalidad de colores y matices muy importante. Todo se mete dentro del mismo saco y las descalificaciones son permanentes. Aunque tenemos experiencia de promesas electorales no cumplidas, hemos rebasado lo permisible. Las mentiras se han convertido en un hábito, sin que tengan ninguna repercusión, ni rechazo social. Mentir sale gratis y este es un termómetro de nuestra endeblez moral y social. Además, estamos viendo burdas manipulaciones descaradas. Siempre las campañas han sido «territorio comanche», pero los tiempos que corren precisarían de mayor seriedad y rigor. Necesitamos más hombres de Estado y menos políticos de segunda fila.

Nuestra profesora metió baza:

—La actitud del presidente en funciones en la entrevista a RNE, tal como has comentado, es una muestra de ello. No se puede ser más autosuficiente, presuntuoso y mostrar mayor desprecio al entrevistador, y descaro para dejar claro que los poderes del Estado están a tu servicio. Nunca ningún presidente había hecho gala de tanta arrogancia pública. Lo importante de la entrevista es que pone de manifiesto, algo que también se vio con claridad en el debate, que es el grado de desprecio a sus adversarios y del mal uso de las herramientas del Estado. Parece que todo está a su servicio, como el Falcon.

Hay otras cosas por las que esta campaña resulta especial, a parte de que llevamos demasiadas elecciones, que tenemos unos presupuestos prorrogados, que se lleva demasiado tiempo sin tomar medidas que contribuyan a la normalidad, y encima las que se han tomado van en la dirección equivocada; además de la certeza que los resultados van a ser similares, por lo que la inutilidad del gasto y deterioro político hacen a estas elecciones más que indeseables.

De nuevo nuestro marino comentó:

—Además, en ese inestable y expectante resultado está la clave catalana. Muy preocupante y en la que parece no quererse tomar medidas, por la necesidad de los votos de los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos para conformar una mayoría «frankestein». Lo del diálogo parece una excusa y una mamarrachada para no acometer las medidas profundas que, después de ver los resultados, engaños y falta de lealtad institucional demostrada se deberían haber tomado. Se sigue mintiendo y enmascarando la realidad. Todo lo que hemos visto de los CDR, «tsunami democratic» y otras yerbas, con la complicidad de dirigentes políticos e institucionales catalanes nos permiten ver que hay una estructura desafiante al orden constitucional hasta llegar al terrorismo.

—Querido marino —replicó nuestra joven profesora—, estas siendo muy alarmista y un tanto extremista. Hoy estás viendo la botella medio vacía, pero te estás olvidando que está medio llena.

Nuestro marino la miró con dulzura y dijo:

—Eso es lo mismo que me decían hace veinte años cuando señalaba el problema, y siempre me argumentaban que los catalanes no eran como los vascos. Que eran pragmáticos, y mira ahora la visión tan equivocada, distorsionada y alejada de la realidad. Me decían que «para los catalanes la pela es la pela», pero los resultados son los que estamos viendo.

Apuramos el café, hoy nos seguía sabiendo amargo y pensamos que en la aldea somos privilegiados porque tenemos el mar enfrente y pensamos que, al final, nuestra vida seguirá siendo la misma.