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Alegría por la posible beatificación del Padre Manjón

lunes 03 de mayo de 2021, 17:41h

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La Congregación para las Causas de los Santos, con la aprobación del Papa Francisco, promulgó el lunes 23 de noviembre de 2020 un decreto que reconoce las virtudes heroicas de Andrés Manjón y Manjón (Sargentes de la Lora-Burgos, 1846-Granada, 1923) sacerdote y pedagogo español, fundador de las Escuelas del Ave María. El reconocimiento de un milagro abriría la puerta a su beatificación.

Proveniente de una familia modesta. Formado en el seminario de Burgos, continuó estudios de Filosofía y Derecho, con magníficos resultados. Tras enseñar en varias Universidades y ampliar estudios, accede a la Universidad de Granada, donde en 1880 enseñó Disciplina Eclesiástica. El 19 de junio de 1885 fue ordenado sacerdote y nombrado canónigo de la abadía del Sacromonte. Un día, a finales de 1888, “Cuando de camino a sus clases en el Sacromonte escuchó a las alumnas de Francisca Montiel entonar desde una cueva el Ave María, el Señor tocó su corazón y no dudo en cambiar su rumbo y dedicarles a los niños de las periferias de Granada todas sus capacidades, como docente, como jurista y con su corazón de sacerdote” (Aurora Mª López Medina, UNER). Para 1918, las Escuelas del Ave María existían en 36 provincias españolas -llegaron a Almería en 1906, con eficaz apoyo de los liberales-. Durante su vida, se abrieron unas 400 escuelas en varios países. También fundó el Seminario de Maestros (1905) para formar a los futuros profesores de la institución. Es autor de algunas obras de derecho canónico, y varias de carácter pedagógico. En 1900 fue nombrado Hijo Predilecto de Granada, y en 1909, lo honraron como Hijo Predilecto de la Provincia de Burgos.

Juan de Dios Ramírez Heredia escibía (21-IV-2021) reconoce: “No se puede negar que en el aspecto educacional Manjón fue un adelantado al poner en práctica métodos educativos que hoy son considerados la vanguardia de las más modernas técnicas de enseñanza. Manjón cautivó a los jóvenes granadinos haciendo compatibles el juego y el contacto con la naturaleza con el aprendizaje de la lectura y la escritura.

Sólo por eso, además de su entrega y dedicación a la causa de luchar contra el analfabetismo, y situándonos en la época en que desarrolló su trabajo en Granada, merece nuestro reconocimiento.” Lo considera “alguien que se esforzó en conseguir que los niños gitanos fueran a la escuela, lo que está muy bien.” Pero se muestra opuesto a la posibilidad de beatificación, por unas críticas vertidas contra los gitanos en una obra de 1921, siguiendo al profesor de la UAL D. Manuel Martínez Martínez. Ahí se basan para tachar de ‘antigitanismo’ al P. Manjón.

Debe tenerse en cuenta que se beatifica una vida virtuosa, no las ideas temporales de un individuo. “No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona” (FRANCISCO, Gaudete et Exsultate (19-III-2018) n. 22. Vid. San JUAN PABLO II, Homilía 3-IX-2000)

El Decreto que abre la posibilidad de la beatificación no es una ocurrencia de ‘unos iluminados’ (Ramírez Heredia). La decisión sigue al estudio profundo y riguroso de la vida y obra de la persona en proceso de canonización. Es obligatorio comprobar que dicho bautizado haya vivido en grado heroico las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las cuatro cardinales (prudencia, justicia, templanza y fortaleza).

Por otra parte, la crítica no implica de suyo actitud de rechazo, ni aversión. La crítica a una persona o a un colectivo se responde con argumentos, no rechazando o impidiendo su libre ejercicio. Debe razonarse la falta de fundamento de la crítica, en vez de insultar al denunciante. El P. Manjón escribió censurando algunos comportamientos de personas de raza gitana. Pero se empeñó en la promoción de los gitanos, roturando un camino que viene dando buen fruto.

Andrés Manjón desarrolló un método de renovación pedagógica, desde la clara identidad católica. Hizo posible la promoción de los gitanos, un sistema de ayuda sin caer en el clientelismo. Algunos no aprecian una obra tan valiosa lograda con escasos medios porque no incluyó el laicismo. Solo valoran lo que sintoniza con sus propias ideas. Reitero, no se beatifica el pensamiento de un bautizado, sino las obras. D. Andrés Manjón es una figura luminosa, un referente, un precursor. Vamos a rezarle, para que un milagro permita reconocerlo también como modelo de vida cristiana e intercesor.

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