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Burocracia y vivienda, frenos a lo rural
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Burocracia y vivienda, frenos a lo rural

Por Manuel Campo Vidal
miércoles 29 de abril de 2026, 09:45h
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Sin papeleos excesivos y con más viviendas, sobre todo de alquiler, este país cambiaría en pocos años su cara. El insostenible desequilibrio territorial que provoca la concentración del 85 por ciento de la población en solo el 16% del territorio, comenzaría a mitigarse. La España rural trabaja intensamente por su recuperación. Pero hará falta un Pacto de Estado para afrontar ese desafío con acción combinada de todas las Administraciones; y la política española es incapaz, ahora mismo, de pactar nada. Habrá que pedir responsabilidades por esa inacción.

España es el país más extenso de la Unión Europea después de Francia; y el de mayor altitud media después de Suiza, de ahí que se hayan podido construir más de mil embalses para regadío y generación de electricidad. Pero no es el más poblado: Alemania, Francia e Italia, además del Reino Unido, tienen más habitantes. La relación entre superficie y población, da una densidad más baja que la de Italia, por ejemplo. Pero agravando los problemas, se ha permitido el crecimiento desmesurado de algunas áreas metropolitanas -Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga sobre todo- quedando zonas semidesérticas en varias provincias, especialmente en torno al Sistema Ibérico, con densidades de población similares a las de Laponia.

El estudio “Percepción de los Avances en la España Rural”, que anualmente realiza Next Educación con la Fundación AXA, habla claro: la burocracia es un freno que ahoga cualquier recuperación. Se quejan agricultores y ganaderos; emprendedores y grupos de desarrollo rural; jóvenes y jubilados. Y lo más llamativo: hasta ayuntamientos y diputaciones.

Numerosos municipios se han quedado sin Fondos Europeos de Recuperación y otras ayudas porque no tienen personal para solicitarlos, ni dinero para contratar ayuda técnica. Lejos estamos de aquella máxima que lanzó y publicó en el boletín oficial de Extremadura el gran Guillermo Fernández Vara, recientemente desaparecido: “en el mundo rural, todo lo que no esté expresamente prohibido debería de estar permitido”. Construir una casa lleva más tiempo en papeles que en obras; y abrir una empresa, con frecuencia también. La selva burocrática es cada vez más espesa porque legislan sin parar, ignorando al mundo rural, los parlamentos de Europa, de España y de sus Comunidades Autónomas.

El otro gran freno, una vez garantizada la conectividad por el internet desde el satélite y el despliegue de fibra, es, sin duda, la vivienda. Si en las ciudades es dramático, en el mundo rural la oferta es casi inexistente. Hay exceso de casas, pero vacías y cerradas. Los propietarios temen alquilarlas por si quedan ocupadas sin pago o devueltas en mal estado. En estos años se ha legislado para proteger al usuario pero no al propietario. Y un parque de viviendas que podría aliviar en parte las angustias de las ciudades por la extensión del teletrabajo, permanece sin uso, cada vez más envejecido y con amenaza de ruina. El Parlamento de Galicia y las diputaciones de Burgos y Huesca, entre otras, han comenzado tímidamente a afrontar el problema. Pero vamos contra reloj porque la mejoría en el rural -que el Estudio de la Cátedra Estrella Galicia Desarrollo Rural reconoce- va mucho más lenta que la agravación de los problemas. En el último año, en los municipios de menos de cinco mil habitantes se ha recuperado algo la población y además con mayor porcentaje de mujeres, que son las que fijan población en el territorio. Pero la mejoría es demasiado frágil para un problema que dura más de un siglo.

Manuel Campo Vidal

Periodista, sociólogo y presidente de Next Educación