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Clases de árabe e islamofobia
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Clases de árabe e islamofobia

Por José Francisco Cano de la Vega
jueves 09 de julio de 2026, 12:18h
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La decisión de la Junta de Andalucía de eliminar el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí de los centros educativos andaluces no es una medida educativa, sino una decisión política. Y, lo que es más preocupante, es una decisión que solo puede entenderse a la luz del pacto de gobierno entre el Partido Popular y Vox, un acuerdo que ha incorporado a la acción del Ejecutivo andaluz buena parte del discurso de la extrema derecha sobre inmigración e identidad nacional y que pone de manifiesto la falsedad de la imagen “centrista” de Juanma Moreno.

No estamos hablando únicamente de la supresión de unas clases optativas dirigidas a alumnado de origen marroquí. Estamos hablando del mensaje que transmite una administración pública cuando señala una lengua y una cultura como prescindibles, incómodas o incompatibles con la convivencia. Ese mensaje tiene un nombre: islamofobia institucional.

Almería debería ser precisamente la última provincia donde se impulsaran decisiones de este tipo. Nuestra historia reciente demuestra todo lo contrario. Somos una tierra construida sobre la convivencia y sobre el esfuerzo compartido de miles de personas llegadas de otros países que hoy forman parte inseparable de nuestra realidad social y económica.

Los datos son elocuentes. Almería es la provincia andaluza con mayor peso relativo de población nacida en el extranjero: más de 203.000 personas, lo que representa alrededor del 26 % de la población provincial.

Dentro de esa realidad, la comunidad marroquí constituye el principal colectivo extranjero de la provincia. Decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas de origen marroquí viven, trabajan, pagan impuestos, emprenden negocios, escolarizan a sus hijos y participan activamente en la vida de nuestros municipios.

Basta recorrer El Ejido, Níjar, Roquetas de Mar, Vícar, La Mojonera, Pulpí o la propia capital para comprobar que la integración no es un eslogan: es una realidad cotidiana. Sin la aportación de esta comunidad sería sencillamente imposible entender el modelo económico almeriense.

La agricultura intensiva, motor económico de la provincia y responsable de una parte muy importante de las exportaciones agroalimentarias españolas, depende desde hace décadas del trabajo de miles de personas inmigrantes, muchas de ellas de origen marroquí. También ocurre en sectores como la construcción, la hostelería, la logística, el comercio o los cuidados.

Quienes hoy recogen nuestros tomates, pepinos, pimientos o calabacines son, en muchos casos, los padres y madres de niños que estudian en los colegios públicos andaluces. ¿De verdad alguien cree que favorecer la integración consiste en impedir que esos alumnos conozcan también la lengua y la cultura de sus familias?

La experiencia educativa internacional demuestra exactamente lo contrario. Mantener el vínculo con la lengua materna favorece el aprendizaje, mejora el rendimiento escolar, fortalece la autoestima y facilita una integración mucho más sólida en la sociedad de acogida.

Por eso resulta especialmente grave que el Gobierno andaluz utilice la educación como campo de batalla ideológico. Y no es casualidad que esta medida aparezca recogida expresamente en el acuerdo de gobierno firmado entre PP y Vox, junto a otras iniciativas dirigidas a endurecer las políticas migratorias, introducir el principio de "prioridad nacional" en las ayudas públicas o reforzar un relato que identifica inmigración con “problema social”.

Cuando una administración empieza a seleccionar qué culturas merecen reconocimiento y cuáles deben desaparecer del espacio público, deja de gobernar para todos. Y, cuando eso sucede, perdemos todos.

La diversidad cultural nunca ha sido una amenaza para Almería. Al contrario, ha sido uno de los factores que explican su crecimiento demográfico, económico, cultural y social durante las últimas décadas.

Lo verdaderamente peligroso es alimentar el miedo al diferente para obtener rédito político. Porque hoy se eliminan unas clases de árabe y mañana se cuestionará cualquier otra manifestación de diversidad cultural. Y pasado mañana habrá quien pretenda convencernos de que el problema no son las desigualdades sociales, la precariedad laboral o la falta de vivienda, sino quienes tienen un nombre distinto o rezan de otra manera.

Desde Movimiento Sumar Almería defendemos una provincia abierta, plural e inclusiva. Una Almería que no olvida que miles de familias marroquíes forman ya parte de nuestra comunidad y de nuestro futuro.

La convivencia no se construye borrando culturas. Se construye con más educación, más igualdad y más respeto. Y, precisamente por eso, eliminar el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí supone un paso atrás que no hace una Andalucía más fuerte, sino una Andalucía más dividida.

José Francisco Cano de la Vega

Coordinador provincial de Movimiento Sumar Almería