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#COVID19 día 58
Otro lío evitable

lunes 11 de mayo de 2020, 17:58h

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Si algo están demostrando Pedro Sánchez y su gobierno en la gestión de esta pandemia es una capacidad innata para generar nuevos problemas allá donde pretende resolver los ya existentes, y su capacidad para convertir en un conflicto decisiones fruto de la descoordinación y el oscurantismo.

A Sánchez le basta con la supervivencia del día a día, y por eso ha sido siempre capaz de decir una cosa y hacer la contraria, sin despeinarse, porque su objetivo vital no es ser un buen presidente del Gobierno, solo ser presidente del Gobierno, como no lo era ser el secretario general que recuperara la hegemonía electoral que el PSOE tuvo con Felipe González, o incluso con José Luis Rodríguez Zapatero. A Sánchez le bastaba con ser el secretario general, y si con ello trituraba al Partido, pues triturado queda, y si para eso tenía que tambalearse el poder socialista en Andalucía, pues que se tambalee hasta caer.

Sánchez consiguió convertir la buena noticia del desconfinamiento –a medias- de los niños, que era un clamor social y político, en un lío en su propio partido, entre los socios de gobierno, y en una rectificación sobre la rectificación rectificada.

Y ahora, lo ha vuelto a hacer con el cambio de fases en esto que llaman desescalada, que es una palabra que no existe en el idioma castellano, lo que también refleja el nivel de quienes nos gobiernan y de quienes les asesoran en la toma de decisiones.

La falta de criterios concretos, claros y transparentes, utilizados para autorizar el cambio de fase ha enfadado a muchos dirigentes políticos, entre ellos socialistas, es decir, de los suyos, que sin entrar a hablar de agravios, o de castigo, sí que expresan su absoluta sorpresa porque no lo entienden, porque con datos a todas luces iguales o peores a los suyos, otros territorios han dado el paso.

En Andalucía, con un gobierno de PP y Ciudadanos, su presidente, Juanma Moreno afirmaba que “Los ciudadanos de las provincia de Granada y Málaga han sido condenados a la asimetría por una decisión que no ha sido objetiva, sino que más bien parece que ha sido discrecional”, y es que la Junta solicitaba que en ellas se aceptara el cambio atendiendo a los distritos sanitarios, pasando una parte de ellas y otras no.

Esa petición negada a Andalucía, ha sido admitida en otros territorios, pero no ha sido algo solo motivo de queja aquí, en la Comunidad Valenciana, su presidente, el socialista Ximo Puig, está igualmente indignado porque no lo entiende, y el socialista de Castilla-La Mancha, Guillermo García Page, está en las mismas.

Al final todo se resume en que el responsable de coordinación, el doctor Fernando Simón, admite que los cambios se han autorizado tras “discusiones intensas”, y eso solo se produce cuando no hay criterios objetivos u objetivables, porque en ese caso estaría tasado, sería matemático.

El problema es que los criterios solo se han expuesto ante la opinión pública al final de la semana en que las comunidades debían hacer llegar su propuesta propia, pero sin una guía ajustada a lo que los expertos iban a requerir, y luego está eso, que los expertos siguen siendo desconocidos oficialmente.

Añadan a esto las filtraciones de lo que iba a pasar con Madrid, anticipado por la portavoz socialista Adriana Lasta, y por el vicepresidente de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

Es decir, algo que podría haber sido una noticia positiva para muchas provincias y comunidades que daban el paso, algo que debería haberse empleado para animar a las demás a que siguieran en el empeño viendo que avanzar en el desconfinamiento es posible, algo que podría haber servido al Gobierno para reivindicarse como buen gestor de la crisis, ha acabado volviéndose contra él.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".