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Descansa en paz, Fausto

jueves 08 de agosto de 2019, 15:37h

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Con la muerte de Fausto Romero Miura Giménez se pierde un polemista de primera, porque en lo poco que le conocí llegué a la conclusión de que a él lo que le gustaba era eso, la polémica. Es decir, que más allá de haber afianzado unas ideas o principios, y defenderlos desde el convencimiento, lo que le apasionaba era la mera discusión, el enfrentamiento dialéctico, el divertimento intelectual que ello supone.

La última vez que compartí plató con él fue en Interalmería TV, en La Tertulia de Antonio Felipe Rubio, y como consecuencia de haber abordado la situación de Almería y la gestión de la Junta de Andalucía en manos del PSOE, le recordé unas palabras suyas pronunciadas el 27 de julio de 1979 en el pleno del Ayuntamiento de la capital del que era concejal con la UCD. Y es que después de haber participado en algún acto convocado por una asociación cuyo objetivo es arrancar Almería del resto de Andalucía, con un discurso similar al de los secesionistas catalanes respecto a España (victimismo y supremacismo adobado con falsedades en volumen suficiente que aburre ya desmentirlas), éstos le cogieron casi como musa, pero claro, obviando qué había dicho en los momentos claves sobre este asunto.

“La frontera de Andalucía, y lo he dicho muchas veces, no está en Adra o en Chirivel, sino en Puerto Lumbreras, en Murcia. Que Almería no es una provincia arrumbada en una esquina del mapa de España y junto al mar, como a punto de caerse al mismo y convertirse en una isla fantasma a la deriva. Que Almería no es una provincia que acampane a las márgenes de Andalucía. Almería pertenece a Andalucía en cuerpo y alma porque, entre otras razones menos fundamentales, Almería dio el ser a Andalucía hace cinco milenios. Almería es Andalucía. Sin Almería, Andalucía no sería Andalucía”.

Con esas palabras, Fausto defendía en el pleno del Ayuntamiento de Almería la autonomía andaluza por el vía del Artículo 151 de la Constitución de 1978, el artículo de las nacionalidades históricas, el de la autonomía plena e inmediata, es decir, la postura contraria a la oficializada por la UCD, que desde el Gobierno puso todas las trabas que pudo -y alguna más- para bloquear las ansias del pueblo andaluz expresadas inequívocamente el 4D de 1977. Defendía en aquella sesión en la que hubo unanimidad en la petición de autonomía plena para nuestra tierra, la andalucidad esencial de Almería, aunque admitía la no existencia de conciencia nacionalista en esta provincia... si bien eso era un hecho generalizado en Andalucía.

Lo cierto es que cuando le mencioné sus propias y acertadas palabras, Fausto, me miró con ese punto de arrogancia dandi que le gustaba marcar luciendo pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, y me respondió “¿eso dije? Puede ser. Suena muy bien. Yo es que en aquellos tiempos fui muy andalucista...” A mi no me cabía la menor duda que era parte de sus discurso, no ya por haberlo visto recogido en el acta correspondiente, es por el uso de las palabras, por ese tono tan suyo, de frases largas y expresivas, redondas en el concepto, destiladas para que acaben con retrogusto poético. Solo Fausto podía unir en un párrafo, en una frase, política, geografía, poesía, historia, y filosfía vital

A diferencia de lo que en ocasiones sucede, aquí -en ese sentido se explicaba Fausto tras aquel programa- fueron los políticos quienes se vieron arrastrados por la ciudadanía. Y es que no sé si él creía o no en lo que estaba diciendo entonces, pero aquellos que cuestionan aquel proceso autonómico en el que hubo diez veces más almerienses que votaron sí que no al galimatías tramposo del 28F, tenían en Fausto un fiel reflejo del momento... si creía en la autonomía plena porque era uno más de aquellos millones que lo hicieron, y si no creía pero se dejó llevar, pues lo mismo, fue un político arrastrado por el pueblo hasta el extremo de firmar ese alegato que figura en las actas municipales.

Sinceramente, no soy nadie para opinar qué representó Fausto en política activa porque yo no estaba por estos lares, asi que he querido recordarle en estos momentos con algo que sin lugar a dudas representa ese afán polemista que le caracterizó en vida.

Descansa en paz.