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La culpa fue de la Chacha
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(Foto: Cibeles AI)

La culpa fue de la Chacha

Por Angel Rodríguez Fernández
sábado 14 de febrero de 2026, 09:32h
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Cantaba Millán parodiando la melodía popular de Gabinete Caligari: «La culpa fue del cha-cha-cha». (Cómo es que, después de los años, le ponemos la cara de Millán en lugar de la del real Jaime Urrutia). ¿Qué dice el buen mandao de Óscar? El Puente no, que este está haciendo ruedas de prensa; el otro, que la culpa de la derrota apabullante del PSOE en Aragón fue del difunto señor Lambán.

Siguiendo con la retórica de muerte y muertos, podría añadir que las derrotas en Galicia y Extremadura se deben a Pablo Iglesias (el lanzador de micrófonos no, el otro) y a Julián Besteiro.

Aún recuerdo la entrevista televisiva de Susanna Griso en la que Lambán defendía posiciones éticas y socialdemócratas que, dos pestañeos antes de Sánchez, eran las posiciones propias del PSOE, mientras le caía por su nariz un goterón de sangre. Susanna se horrorizaba y Lambán le quitaba importancia, intentando dársela a sus reflexiones, como un último servicio a su país y a su partido.

Un miserable, queriendo agradar al «Puto Amo» y, como dice Felipe González, ejerciendo de «buen esclavo», trataba de culpabilizar a Lambán de la derrota socialista. Ahora me pregunto si sería por algo que dijo en esa entrevista. Es una larga retahíla de autocríticas que siempre caen en la cabeza de otros; extrañas autocríticas esas que se basan en explicar los malos resultados en errores ajenos. Muy propio de una izquierda beata y mojigata que se empeña en culpabilizar a electores y disidentes de la debacle, por otra parte anunciada hace largo tiempo.

Por si acaso pudiera serles de utilidad, como votante siempre fiel a partidos de izquierdas (y lo seguiré siendo; aún me queda «Izquierda Española»), le ofrezco a esa izquierda —que de momento no votaré— una serie de lo que llamamos en los centros escolares propuestas de mejora:

—La primera, pedir disculpas por varias razones:

La amnistía a delincuentes chantajistas; el reparto presupuestario primando a las comunidades ricas sobre las pobres; la corrupción y el nepotismo, tildados primero de bulos y, cuando han llegado a los tribunales, de lawfare; el control de los medios públicos, olvidando el mandato que le dimos como administradores y no como dueños; gobernando, a estas alturas, para un cuarto de todos los españoles.

—Pedidas las disculpas y, en el lenguaje que entenderán perfectamente vista su visión mística de la política, tendrán que hacer propósito de enmienda. Es esencial, entonces, que Sánchez dé paso a un compañero o compañera creíble (por favor, absténganse Óscars y Monteros). Lo tiene difícil: las purgas y los desafectos han dejado sin luz la maquinaria en Ferraz. Tal vez, y por su perfil bajo, valdría el ministro de Economía, Carlos Cuerpo.

Una labor en la que devuelva RTVE y el CIS a los españoles; que rompa con el chantaje de la extrema derecha catalana; que deconstruya el muro: más Pink Floyd y menos trumpismo. Eso sí, cuando termine su labor humanizadora, que convoque elecciones, sin miedo a dar la palabra a los españoles.

Esas todos sabemos que están perdidas, e incluso la labor de oposición será complicada de defender cuando tantos principios se han saltado en beneficio del sillón presidencial. Pero tal vez, cuanto antes se vuelva a la socialdemocracia, la empatía y el gobierno de todos, antes será posible que los electores olviden las fechorías realizadas. Cada día que pase sin esta decidida denuncia de errores propios y vuelta a los valores por los que muchos los votamos, significará años de travesía desértica, de un erial resultado de la mentira y el mal gobierno.

Por último, recuerdo cuando repartía las notas a mi alumnado. Entre los suspensos diferenciaba dos tipos de reacciones: aquellos que buscaban excusas ajenas —el tradicional perro que se comía los deberes o los profesores que los querían mal— y los que encontraban en ellos mismos errores que subsanar. Por lo general, los primeros no salían del suspenso; de estos últimos, aquellos que mantenían su propósito de enmienda terminaban por resolver positivamente sus suspensos. A los profesores difícilmente nos podían cambiar; al perro devorador de deberes, tampoco. Solo en ellos mismos estaba su superación.

El que quiera entender, que entienda. Y, por favor, dejad a los muertos en paz.

Angel Rodríguez Fernández

Profesor de Matemáticas en el IES Fuente Nueva de El Ejido