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Dignidad, decencia, ética

Por Juan Torrijos Arribas
viernes 6 de noviembre de 2026, 06:00h
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Entiendo que nos estamos olvidando de las cuestiones que se viven en nuestras ciudades, la provincia, e incluso Ceuta parece alejada de los comentarios diarios. La actualidad, por aquello de las elecciones que se van a celebrar este mes, se traslada a todo lo que se cuece en la Moncloa y en las sedes centrales de los grandes partidos. El cese de Puente como ministro, que se ha querido presentar desde su partido como una demostración de la dignidad, la decencia y la ética política, suena a tomadura de pelo. Que lo diga Pachi López no nos sorprende. Lo que nos parece de una caradura tremenda es que esas razones las pronuncie el presidente del gobierno, Pedro Sánchez.

Habla de dignidad un hombre que huye ante las desgracias de los españoles, que no le acompaña en los duelos, que se va de vacaciones mientras se toma una parte del territorio nacional. Hablar de la dignidad de un partido, cuando su jefe, un tal Pedro Sánchez, pacta con asesinos de más de ochocientos ciudadanos, es querer hacernos ver el mundo de colores. La dignidad de un partido la representa su líder, y cuando este está siendo puesto en cuestión por miembros de su propio partido, que han anunciado públicamente que no votaran a este partido mientras esté Pedro Sánchez al frente, dice, muy a las claras, donde tiene la dignidad el jefe de la banda y la banda que ha creado en su entorno. Pero se atreve, con una desvergüenza increíble, a hablarnos de dignidad en la dimisión de un ministro con ciento quince muertos en su haber, cuando no lo hizo en el primero de los dramas, y ha tardado una semana en hacerlo, todo apunta que obligado tras el segundo. 

A veces los políticos, son tan atrevidos, que se ponen en los labios palabras que les debían retorcer en el estómago.

Mencionar la decencia en el Partido Socialista, si esta la ubicamos de cintura para abajo, es de cachondeo sexual por parte del puto amo. Y si la ubicamos en los huecos de la nariz, no deja de ser un juego contra la mediana inteligencia de unos ciudadanos que los conocen, que les gritan, y que están esperando que el 29 de este mes se vayan a freír espárragos, y durante muchas campañas.

¿De qué ética nos hablaba el presidente por parte de Puente, cuando cinco minutos antes de pronunciar su decisión de dimitir nos decía que su responsabilidad era la de conocer lo que de verdad había ocurrido, intentando buscar cortafuegos con los que salvar su responsabilidad? A lo largo de las cuatro horas que estuvo en el congreso en ningún momento se hizo patente en sus palabras el nombre de las víctimas. En ninguno. Claro que, a veces es mejor no estar en la boca de algunos de estos inútiles políticos que nos ha ido entregando Sánchez a lo largo de estos ocho años. Lo mejor es olvidar su existencia, esperar tener suerte y lograr unos dirigentes que nos traigan una España mejor en el futuro.