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La ¿última? función de Óscar Puente

La ¿última? función de Óscar Puente
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Por Rafael M. Martos
viernes 6 de noviembre de 2026, 05:00h
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Quienes conocen la trayectoria de Óscar Puente recuerdan que, antes de ocupar la alcaldía de Valladolid y de instalarse en la moqueta del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, sintió la vocación de las tablas dramáticas. Se le nota el talento escénico, y lo presenciamos en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, que no fue una asunción transparente de responsabilidades, sino una función calculada al milímetro para bajar el telón a conveniencia.

Que Óscar Puente debía dimitir se había convertido en una evidencia inapelable incluso para Felix Tezanos. La responsabilidad política en la función pública no es un ornamento; se exige cuando el sistema colapsa por una serie de decisiones política erróneas. Dos siniestros de una gravedad devastadora en menos de diez meses —el trágico descarrilamiento de Adamuz en Andalucía y el reciente accidente de Urda— se han cobrado un balance trágico de 115 vidas humanas. A ese dolor irreparable se suma el deterioro diario de la red de Cercanías, los retrasos generalizados en la alta velocidad y la quiebra paulatina de la credibilidad del sistema ferroviario de todo el Estado.

Sin embargo, el meollo de la cuestión no radica únicamente en la necesidad de su salida, sino en la teatralidad elegida para ejecutarla. Durante más de cuatro horas de comparecencia, prácticamente la totalidad de los grupos parlamentarios exigieron su cese. Solo el PSOE y EH Bildu evitaron sumarse a la petición de dimisión. Mientras llovían los reproches desde la tribuna, el ministro mantuvo el aplomo del actor veterano que aguarda al monólogo final. No replicó sobre su continuidad durante el debate, y eso debió mosquear a algunas de sus señorías porque Puente no es de los que callan. Esperó al último turno de cierre, cuando el reglamento de la cámara ya no concedía turno de réplica a la oposición, sacó un folio y leyó los motivos de su renuncia.

El movimiento resulta dramático desde el punto de vista técnico. Analizar la crisis, desgranar un paquete de reformas para Adif o Renfe y, renglón seguido, marcharse, deja al siguiente titular del Ministerio de Transportes,  Carlos Cuerpo, en una posición grotesca puesto que en ese momento no se sabía quién le iba a sustituir, ni en qué condiciones. ¿Asumirá el nuevo ministro ese diagnóstico y esas soluciones improvisadas a última hora, o aplicará su propia receta? ¿Y qué pasará si entra a gobernar el Partido Popular, qué valor tienen las iniciativas de quien ya se sabía si mismo exministro? 

El guión se vuelve casi de telenovela cuando la versión oficial sugiere que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se enteró de la dimisión en directo por televisión mientras se desarrollaba la sesión en el Congreso de los Diputados. Si a Óscar Puente le pedía el cuerpo dimitir desde el primer minuto tras las tragedias para asumir la responsabilidad política, ¿por qué aguantó la erosión hasta que la presión fue insostenible? Pero aceptemos que aguantó en el puesto por petición del presidente, o porque entendía que su responsabilidad era iniciar por lo menos las pesquisas de investigación antes de irse... vale, nos lo creemos, pero ¿si no veía ni ve responsabilidad política alguna en el accidente y en el deterioro del sistema ferroviario, qué sentido tiene su dimisión? Quienes pensamos que debía dimitir, obviamente creemos que tiene responsabilidad política, pero él la negaba, incluso el presidente, que dijo que ese accidente era "inasumible", pero no actuó, como cuando reconoció el ataque a la integridad territorial en Ceuta, pero tampoco actuó en consecuencia. Palabras, solo palabras.

Y si por otra parte sostenía —como declaró públicamente días atrás— que la dimisión de un ministro no aportaba consuelo ni reparación a quien ha perdido a un familiar o una pierna, ¿en qué punto exacto el dolor de las víctimas ha pasado a ser el argumento de "empatía" para justificar su marcha? 

Para completar la función está el enredo electoral que se ha desatado, porque el nombre de Óscar Puente figura en la papeleta como cabeza de lista del Partido Socialista por la circunscripción de Valladolid ante los comicios del 29-N. Aunque afirme que no será candidato, lo cierto es que sí lo es, por lo que habrá que ver si recogerá el acta. No sería raro que, tras la resaca electoral, la audiencia contemple un bis de última hora: la salida de nuevo al escenario para tomar posesión del escaño alegando, como popularizó su jefe de filas Pedro Sánchez, que no se ha mentido a los electores, sino que simplemente se ha «cambiado de opinión».

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"