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El Guadalquivir (también) es nuestro
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El Guadalquivir (también) es nuestro

Por Rafael Sanmartín
lunes 28 de septiembre de 2026, 18:39h
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Para la izquierda, o una parte de ella, o la pseudo izquierda, no estamos muy seguros, parece que todo cuando no sean manifiestos de varias páginas, en lenguaje plenamente aprobado por la sociología izquierdosa de los tiempos de la dictadura, es blandengue, lacrimógeno, o reaccionario. Pues a quienes así piensan conviene recordarles que si se hiciera más casos a los poetas, a la filosofía, a los pensadores, estaríamos mucho más cerca de alcanzar un sistema político-económico-sociológico infinitamente más justo y humano que todos los sistemas conocidos y muy especialmente más que los actuales.

El Guadalquivir es música, pero no todo el mundo sabe escuchar la música, esa que sin estridencia entra por el cerebro y activa la sensibilidad. Y el Guadalquivir es sensibilidad. Pero hay que tenerla para sentirla. Lo mejor que se ha escrito sobre nuestro río ha sido el Manifiesto del Guadalquivir, del cordobés Sebastián Cuevas, buen poeta y mejor amigo. El “Manifiesto…” es reivindicación viva y valiente, protesta razonada, descripción acertada y final evidente. “Andaluces, todos, poned nuestra firma junto a la mía, al pie de este dolor de nuestro río”. Porque el Guadalquivir es un dolor, por culpa de nuestras autoridades, que lejos de cuidarlo como es su deber, se dedican a envenenarlo para beneficio de quien ni siquiera impuestos dejará en Andalucía. Pero sí ruina. Mucha. 

Publicado en El Correo de Andalucía en 1976, es un recorrido por la historia y la economía de Andalucía, una denuncia de la depredación sufrida en los últimos cinco siglos y un aviso a localistas: porque es el rio de toda Andalucía. Es el mejor vertebrador de Andalucía. Es el que la une toda, gracias a sus afluentes, verdaderos vasos comunicantes al mayor nivel. El Guadalquivir es de todos los Andaluces. La práctica totalidad de las comarcas andaluzas. Todas, por tanto, al verter en él sus aguas, disfrutan de su benéfica acción refrescante, alimenticia, sedante, porque todo eso es el agua y sufren al mismo tiempo todos los vertidos inadecuados a lo largo de todo el recorrido del tronco y sus afluentes. Y también, más a corto plazo en unos lugares, más a largo plazo em otros, a todos llega el resultado de los vertidos venenosos, asesinos, que la Junta de Andalucía, no por desconocimiento, será por algún otro sentimiento menos confesable, ha permitido que una empresa extranjera, otra, vierta directamente miles de millones de metales pesados, todos altamente tóxicos, peligrosos. Veneno puro.

“Nosotros, andaluces, que hemos malgastado milenios de bravura con milenios de mansedumbre, milenios de desesperación y milenios de feracidad con milenios de hambre, nos asomamos y levantamos ahora por esta larga y generosa herida de nuestro río y exigimos a quien tanto hemos dado, y nos exigimos a nosotros mismos, la inmediata acción para la defensa de lo que nos une, identifica, significa y nombra.”

El vaciado al Guadalquivir de toda esa mierda, de todo ese veneno, es un atentado gravísimo a la integridad de Andalucía. A la salud de los andaluces. En primer término corren peligro ambas orillas desde Sevilla a Bonanza y continúa por la costa como mínimo hasta Rota y Matalascañas. Pero al decir “orillas”, no se piense sólo en las paredes que baña el rio. El agua se filtra y eso no lo ignora ninguna persona con un grado de formación ínfimo. Eso afectará a los cultivos de ambos lados, al Parque Nacional y al Natural de Doñana, lo que significa afectar a la vida de miles de especies y a la pureza del aire. Corre peligro el arroz, el tomate, la fresa, los tubérculos, las flores, para que seguir. Se verá perdida toda la siembra cercana al río y a la costa Atlántica, en una superficie superior a cincuenta kilómetros hacia el interior. Y sigue. La contaminación sigue subiendo aunque el agua baje

Ya está bien, Moreno. Hay que ser canalla para hacer algo así. Ya está bien de perjudicar a los andaluces, ya está bien de engañar, hablando de “regadío” para toda Andalucía ¿con qué agua? y al mismo tiempo dedicarse a envenenar el agua (escasa) de que disfruta Andalucía. Es necesario descubrir los verdaderos intereses de los políticos y responder en consecuencia, antes de que ellos, con sonrisa cínica, acaben con todos nosotros.

Rafael Sanmartín

Estudió Filosofía y Marketing y es especialista en Historia. Ha trabajado en prensa, radio y TV. Obtuvo el premio 'Temas' de relato corto por El Puente (1988), así como el '28-F' (2001), por La serie La Andalucía de la Transición, emitida por Canal Sur Televisión. De su producción literaria cabe destacar: El País que Nunca Existió (1977), El Color del Cristal, novela (2001), La Importancia de un Hombre Normal, que narra la biografía de Blas Infante, (2003), Historia de Andalucía Para Jóvenes (2005), Grandes Infamias (2006) y De Aquellos Polvos... La Autonomía y sus orígenes históricos (2011) Para el autor "la Historia es el espejo donde podemos vernos y conocernos, aunque, como está escrita por los vencedores, debe analizarse con espíritu crítico para poder interpretarla".