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El ladrillo sigue su avance en el Cabo de Gata
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El ladrillo sigue su avance en el Cabo de Gata

Por José Francisco Cano de la Vega
martes 22 de septiembre de 2026, 16:29h
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El inicio de las obras de Cabo de Gata Sunset, con 43 nuevas viviendas, vuelve a poner sobre la mesa un modelo de crecimiento urbanístico que amenaza con transformar progresivamente la identidad de los pequeños núcleos del litoral almeriense. El problema no es cada promoción por separado, sino la acumulación de proyectos, la presión turística y residencial y la falta de una estrategia global para preservar un territorio cuya principal riqueza es precisamente su paisaje y su fragilidad.

Ya han comenzado las obras de Cabo de Gata Sunset en el núcleo de Cabo de Gata que incorpora zonas verdes, piscinas y un parque público de 5.900 metros cuadrados y que se presenta bajo criterios de sostenibilidad e integración paisajística.

Pero la cuestión de fondo no es únicamente si una promoción concreta cumple las condiciones urbanísticas. La pregunta es otra: ¿cuánto crecimiento puede soportar Cabo de Gata sin dejar de ser Cabo de Gata?

El problema es la acumulación

Una promoción de 43 viviendas puede parecer asumible de forma aislada. El problema aparece al contemplar el conjunto de desarrollos proyectados o ejecutados en distintos núcleos del Parque Natural y su entorno.

Un análisis publicado por el diario EL PAÍS señalaba que diferentes promociones preveían alrededor de 500 viviendas en localidades situadas dentro del territorio protegido. En el propio núcleo de Cabo de Gata, además de las 43 viviendas de Sunset, se han señalado otros desarrollos de 27 viviendas y un ámbito que contempla hasta 323 viviendas unifamiliares.

Mientras se habla de sostenibilidad e integración paisajística, se siguen incorporando nuevos volúmenes residenciales en un territorio cuya singularidad depende precisamente de una escala urbana limitada y de su relación con el litoral, las salinas, los humedales y el paisaje.

El impacto no se mide solo en metros cuadrados construidos: también implica más tráfico, consumo de agua, residuos, necesidades de saneamiento, demanda energética, contaminación lumínica y presión sobre playas y espacios naturales.

El propio PORN del Parque Natural establece criterios como el control de la proliferación de construcciones, la minimización de sus impactos y la prioridad de la rehabilitación frente a nuevas edificaciones.

Por eso, el debate no debería limitarse a comprobar si cada proyecto tiene autorización, sino a analizar si el conjunto de decisiones urbanísticas mantiene vivo el espíritu de protección que justifica la existencia del Parque Natural.

¿Vivienda para que y para quién y qué modelo turístico?

Los enclaves más atractivos de Cabo de Gata se han convertido en productos residenciales de alto valor. La mayoría -sino todas- las promociones están orientadas a segundas residencias o inversión y no a resolver las necesidades de vivienda de la población local.

Construir más no significa necesariamente facilitar el acceso a la vivienda. Si las nuevas promociones se destinan fundamentalmente a segundas residencias o al mercado turístico, pueden contribuir a elevar el precio del suelo y de la vivienda sin resolver las necesidades de quienes viven y trabajan en la zona.

Además, cada nuevo desarrollo genera nuevas necesidades de movilidad, servicios y recursos. Durante los meses de mayor afluencia, el tráfico y el estacionamiento ya constituyen problemas en distintos puntos del Parque. Incorporar cientos de nuevas viviendas sin abordar simultáneamente el transporte público, el agua, los residuos y los servicios públicos supone trasladar los costes del crecimiento al conjunto del territorio.

El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar no puede entenderse como un espacio disponible para completar progresivamente unidades urbanísticas. Es uno de los territorios naturales más singulares del Mediterráneo español y un patrimonio ambiental, paisajístico y cultural de primer orden.

Por eso resulta insuficiente utilizar la sostenibilidad como argumento de cada nuevo proyecto, sino que también debe significar preguntarse cuándo no es necesario construir más.

El director conservador del Parque Natural ha reconocido que la coincidencia temporal de diferentes promociones genera críticas, aunque se trate de proyectos autorizados desde hace años, y ha señalado la necesidad de revisar y actualizar los proyectos para mejorar su sostenibilidad.

Si fueron concebidos en otro contexto territorial y turístico, también debería analizarse su impacto acumulado antes de continuar incrementando la presión urbanística.

Cabo de Gata necesita planificación, no una carrera contra el calendario urbanístico. Necesita priorizar la rehabilitación, garantizar vivienda para la población residente, mejorar los servicios públicos, reforzar el transporte colectivo y proteger los humedales y espacios más frágiles.

El riesgo no es necesariamente una gran urbanización de miles de viviendas u otro monstruoso hotel como El Algarrobico. Puede ser mucho más silencioso: decenas de promociones aparentemente asumibles que, una tras otra, terminen modificando para siempre la escala, el paisaje y la identidad de los pueblos del Parque Natural.

El verdadero progreso de Cabo de Gata no debería medirse por el número de viviendas que consigue vender el mercado inmobiliario, sino por su capacidad para mantener el equilibrio entre naturaleza, paisaje, actividad económica y población residente.

Porque cuando aquello que hace único a Cabo de Gata es también lo que alimenta su mercado inmobiliario, la pregunta es inevitable: ¿qué ocurrirá cuando hayamos construido tanto que aquello que queríamos proteger ya no exista?

José Francisco Cano de la Vega

Coordinador provincial de Movimiento Sumar Almería