El campo de Almería vuelve a consolidarse como el gran huerto de Europa gracias al éxito de la iniciativa "No cortes en verde". Los últimos datos de la Junta de Andalucía confirman que el esfuerzo conjunto de agricultores y comercializadoras garantiza frutas recolectadas en el momento idóneo de maduración, potenciando el liderazgo agroalimentario de la provincia durante la temporada de primavera.
Los inspectores autonómicos examinaron un volumen superior a los 1,4 millones de kilos de producto mediante casi un centenar de auditorías en firmas comercializadoras. La mayor parte de estas revisiones se concentró en la sandía, con más de 1,2 millones de kilos testados que arrojaron una dulzura media superior a los diez grados Brix. El melón, por su parte, superó los once grados Brix en los test de calidad. En ambos alimentos, las partidas que mostraron deficiencias mínimas resultaron residuales, situándose en torno al cuatro por ciento, por lo que se procedió a apartarlas de inmediato para proteger los estándares de comercialización.
Antonio Mena, delegado territorial de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural en la provincia, subrayó el enorme compromiso de los productores con la seguridad y el sabor diferencial. El responsable público explicó que estos cultivos representan una rentabilidad clave y una planificación estratégica que responde con precisión a la demanda internacional, asegurando que detrás de cada envío hay un control riguroso que distingue el origen almeriense frente a sus competidores.
El rendimiento agrícola de este periodo experimentó una notable expansión en suelo almeriense. Las plantaciones de sandía crecieron cerca de un once por ciento hasta superar las 12.200 hectáreas, traduciéndose en una cosecha final de 664.000 toneladas. De igual modo, la superficie destinada al melón subió un cuatro por ciento, alcanzando las 2.818 hectáreas y aportando unas 120.000 toneladas al mercado.
Paralelamente, el uso de insectos beneficiosos para combatir plagas sigue ganando terreno como pilar de sostenibilidad. La sandía ya cuenta con 1.500 hectáreas bajo técnicas de control biológico, mientras que el melón abarca 540 hectáreas gestionadas con este método natural. Según apuntó Mena, esta estrategia de prevención biológica resulta vital para frenar amenazas como el Thrips parvispinus, transformando el cuidado del suelo en un valor añadido de sostenibilidad y seguridad alimentaria para el consumidor final.