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El momento clave para resistir

martes 07 de abril de 2020, 12:19h

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El tiempo empieza a pesar sobre nuestras cabezas. Ya no hay tantos memes, videos y bulos circulando por los móviles, que los primeros días echaban humo. Los aplausos en los balcones, aunque tan emotivos como al principio, ya no resuenan tanto. No hay tantas ofertas de clases de zumba en directo, de libros, conciertos y recitas de cocina gratuitos para descargar. Ha pasado la novedad, hemos perdido las fuerzas acumuladas, la tensión de alerta, estamos instalándonos en una nueva rutina. ¿Aburrimiento, depresión, agobio, desmotivación, desesperación, relajación? No lo sé, no soy psicólogo, pero comienza el tramo complicado.

Cuando los políticos decían que la semana pasada era la difícil se referían a la curva de contagios, al famoso pico de las graficas que tantas veces nos han enseñado, pero poco se hablaba de que esta semana que empieza es la de la verdad para la mayoría de nosotros, donde la fina línea que nos separa de la locura puede romperse.

El aviso, aunque esperado, de que al menos estaremos quince días más, ya empieza a verse inalcanzable. Las familias con niños empiezan a pedir poder sacarlos unos minutos a pasear, los autónomos a desesperarse porque ante las promesas del gobierno las facturas siguen llegando a casa, los ertes se multiplican y los trabajadores, que no deberían temer su despido, empiezan a dudar de los nuevos decretos. Los profesores de secundaria que confiaban en las oposiciones, los estudiantes de selectividad, de la Universidad, los maestros de primaria, esperan impacientes que se tomen las decisiones que determinarán su futuro inmediato, y quizás el de largo plazo. Muchas ya se han tomado, pero ante la cambiante e impredecible realidad, todos desconfiamos.

Los psicólogos sabían que esto iba a ocurrir, porque, además de la experiencia de China e Italia, ya están estudiados los estragos que hacen en nuestra mente la falta de libertad, el miedo, la incertidumbre, la soledad, la falta de sol, de compañía, la tensión acumulada durante días. Tienen infinitas teorías para explicar lo que nos ocurre, lo que ocurrirá, pero nadie hace nada, salvo confiar en las redes sociales, en los programas de entretenimiento que se saltan las normas de seguridad que todos debemos cumplir y en el instinto de supervivencia de cada de uno de nosotros.

Una vez superado el temor a la enfermedad, debemos seguir haciendo un esfuerzo para mantenernos en tensión, para una vez salvado el cuerpo, podamos salvar la mente. Hay que permanecer alerta para no venirnos abajo, para ayudar a los demás a sobrellevar el último tramo del camino. Ahora es cuando necesitamos las redes de ayuda, la creatividad de la gente, la energía de los que la mantienen intacta, el ánimo, el agua y el bordón para no caer desfallecidos. No podemos dejarnos llevar pensando que lo peor ha pasado, que por ver la luz al final del túnel ya estamos salvados.

Y los primeros que deben dar ejemplo son los políticos, que una vez comenzado el descenso en la curva, superado el miedo al colapso de los hospitales, ya empiezan, de forma ruin, a posicionarse para las próximas elecciones. Algunos no han abandonado la postura de ataque frontal al gobierno, otros ya han empezado a poner fechas para dejar de apoyar y amenazan con exigir soluciones si no se les escucha. Esa confrontación, esa falta de tacto, de no remar todos a una, ha dejado en el ambiente popular una sensación de que lo malo ha pasado, y no es así.

Es importante pensar en el futuro, plantearnos cómo nos vamos a organizar, a reinventar para salir adelante, pero no podemos llegar a esa nueva crisis económica desmoralizados, vencidos, desesperados, porque entonces volverán a manejarnos. Necesitamos estar frescos, pensar con claridad, más fuertes que nunca. Y para eso tenemos que cuidar la mente, el ánimo, la esperanza, la ilusión. Si tienes algo que aportar hazlo ahora, porque es cuando más necesitamos las ideas, la creatividad, el arte, el autoconocimiento, el cariño, la confianza, el apoyo, la palabra, el silencio, la compañía, el humor, el amor.

En las historias los héroes tienen un momento donde dudan, donde caen de rodillas pensando si valió la pena tanto esfuerzo y sufrimiento. Y siempre aparece una voz interior, o la magia de los dioses, o la broma de los secundarios, para hacerle comprender que deben completar su hazaña. Ahora es el momento donde tenemos que ayudar al héroe que llevamos dentro.

Moises Palmero Aranda

Natural de El Ejido, Almería. Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Almería. Desarrolla su trabajo en el mundo de la Educación Ambiental desde la Asociación El árbol de las piruletas, donde ha utilizado la literatura como una herramienta más de sensibilización. Es autor y narrador de cuentos infantiles, entre los que destaca El árbol de las Piruletas y Un delfín entre las estrellas (próxima publicación) Secretos en el Sendero, nueve relatos de misterio donde se mezcla literatura, senderismo y geocaching, es su primera publicación en solitario. 32 motivos para no dormir; Pasos en la oscuridad; Taller de cuentos; 12 caricias; 13 muertes sin piedad; Ángel de nieve; Ulises en la isla de Wight; Crímenes callejeros; El oasis de los miedos; Letras para el camino, El mar, la mar, Relatos Velezanos V son algunas antologías donde aparecen sus relatos. Colabora en Candil Radio con los programas “La mirada del delfín viajero” y “Letras de Esparto”. En radio UAL dirige y presenta el programa de entrevistas Radio Ecocampus. También ha hecho sus pinitos en el mundo del cortometraje con El hombre y la flor. Otra oportunidad y su guión “Residuos” fue el ganador del I Concurso de guiones para cortometrajes “Carboneras Literaria”. Socio fundador de la Asociación Literaria y Cultural Letras de Esparto.