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El viaje de la calabaza

El viaje de la calabaza
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Por Rafael M. Martos
sábado 31 de octubre de 2026, 06:00h
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Cada año por estas fechas se repite en tertulias y púlpitos la misma historia. Surge una corriente de católicos de rasgado de vestiduras que contempla la celebración de Halloween como si fuera una invasión satánica perpetrada por las productoras de Hollywood para erradicar las esencias tradicionales. Asistir a estas pataletas anuales resulta curioso si uno se detiene a repasar la historia con un mínimo de rigor y memoria.

Lo que algunos sectores ultraconservadores denuncian con histeria inquisitorial como un «atropello cultural anglosajón» no es más que un bumerán antropológico. Todo el esquema festivo que hoy llena de ambiente las calles en la provincia de Almería, con niños pidiendo golosinas y disfraces de esqueleto, no ha hecho otra cosa que realizar el viaje de vuelta.

La víspera de Todos los Santos —origen etimológico directo del All Hallows' Eve— viajó al nuevo continente en los barcos de los colonos y emigrantes europeos que salieron de Europa (España incluida como territorio conquistador) y de otros rincones del continente. Aquella conmemoración católica de recuerdo a los difuntos, entrelazada con antiquísimos ritos agrícolas de paso del otoño que ya se celebraban en el sur de Europa, echó raíces al otro lado del Atlántico. Los conquistadores primero, y los emigrantes después, se llevaron consigo la costumbre de honrar a las ánimas, encender candiles y pedir comida por las casas a cambio de rezar por los fallecidos.

En Estados Unidos, la maquinaria mercantil hizo lo que mejor sabe hacer: pulir el luto, añadir kilos de plástico, cambiar los tradicionales nabos por calabazas e iluminar una vigilia religiosa hasta convertirla en una mascarada comercial. Ahora, siglos después, ese mismo producto de consumo regresa a Andalucía envuelto en celofán multicolor.
 
Es decir, que aquellos mismos que sacan pecho por la conquista de America, por la cristianización de aquel contentinente, al que España aportó el idioma y la religión... porque al parecer hasta entonces no se comunicaban entre ellos ni tenían dioses... se sienten ofendidos porque aquello que llevaron, ahora venga de vuelta. Sí, con sus cambios, con sus variantes, con sus colores... fruto todo ello de esa propia mezcla que ellos mismos dicen que caracterizó a los españoles frente a lo que hicieron los ingleses. Ay... esos ofendiditos de piel sensible.

Sostener que ponerse una careta de bruja el 31 de octubre constituye un acto de profanación equivale a no entender el funcionamiento de la cultura popular. Halloween no es una conspiración destinada a erradicar la visita a los cementerios el 1 de noviembre; es, sencillamente, una variante otoñal del carnaval. Una excusa festiva para disfrazarse, reírse de los temores atávicos y dinamizar el comercio local en municipios almerienses desde Roquetas de Mar hasta Huércal-Overa, pasando por la Noche en Negro de la capital o El Ejido.

Resulta ilustrativo ver a ciertos puristas escandalizarse porque la chiquillería se ponga máscaras o se disfracen de zombis, mientras ignoran que la propia Iglesia católica en el Vaticano, bajo los pontificados de Gregorio III y Gregorio IV, fue la que fijó la solemnidad de los difuntos en el 1 de noviembre para asimilar las celebraciones populares previas. La jerarquía eclesiástica cristianizó el rito en el siglo IX, los europeos lo llevaron a América en la época colonial, y el mercado mercantil nos lo ha devuelto transformado en el siglo XXI.

Nadie va a dejar de llevar un centro de flores al cementerio de San José en la capital almeriense por haber comido unas chuches disfrazado de fantasma la noche anterior. Tratar como un sacrilegio lo que no pasa de ser un carnaval otoñal demuestra poca perspectiva histórica. La calabaza solo ha regresado a casa tras un largo viaje de ida y vuelta.
 

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"