Se me antoja muy preocupante la facilidad con la que solemos sucumbir ante la espectacularidad de ciertas noticias que vienen servidas con gran dosis de marketing y suponen grandes hitos históricos, tecnológicos y de heroicidad para el género humano. Tal ha ocurrido con la Misión Artemis II: llegar a la Luna y ver “por primera vez” la cara oculta de nuestro satélite natural. Y esta aseveración difundida por la NASA, el Gobierno de los EE. UU. y un sinfín de medios de comunicación de todo el mundo… es rotundamente falsa. No se trata del típico negacionismo o las fabulaciones sobre si la Tierra es plana o que el hombre jamás pisó la Luna. No, el avistamiento de la cara oculta de la Luna no ha tenido lugar “por primera vez” con esta misión astronáutica. La cara oculta de la Luna es conocida, incluso, con anterioridad al fantástico álbum de Pink Floyd The Dark Side of the Moon (1973).
En octubre de 1959. insisto, mil novecientos cincuenta y nueve -hace 67 años-, la sonda soviética Luna 3 fotografió la cara oculta de la Luna. Bien es cierto que la nave no estaba tripulada y sólo podía enviar fotografías y de escasa resolución, pero fue suficiente para detectar “mares” a los que la Unión Soviética puso nombres, destacando el Mare Moscoviense (Mar de Moscú), así como multitud de cráteres que fueron denominados con los nombres de personalidades de la Unión Soviética: Yuri Gagarin, Korolev, Gavrilov.
Para el caso que nos ocupa descartaremos el periplo de la sonda rusa Lunik 3, pues no iba tripulada como lo han hecho los tres integrantes de la Artemis II, pero qué me dicen del Apolo VIII.
A bordo de la Apolo 8 viajaban Anders, Borman y Lowell. La nave describió 10 orbitas lunares; es decir, los astronautas vieron la cara oculta de la Luna nada menos que diez veces seguidas. Y esto ocurrió hace 58 años. Además, lograron la icónica fotografía de la Tierra “amaneciendo” desde un primer plano de la cara oculta de la Luna. Bien es cierto que desde el Apolo 8 no se podía abarcar la totalidad de la esfera lunar, al describir las órbitas a una distancia relativamente cercana a la superficie, pero sí que pudieron ver la cara oculta directamente y con excepcional detalle. Al contrario, la Artemis II ha circundado la Luna para obtener asistencia gravitatoria que, con un preciso impulso de sus motores, le colocase en rumbo de vuelta hacia la Tierra. Esta operación le permitió ver el disco lunar desde mayor distancia y, consecuentemente, ver la cara oculta completa.
En junio de 1969, los inolvidables astronautas Armstrong, Aldrin y Collins llegaron a la Luna. Tras varias órbitas, evidentemente también por la cara oculta, Armstrong y Aldrin bajaron y pisaron por primera vez la Luna. Collins se quedó a bordo del modulo de mando describiendo 30 órbitas. En definitiva, hace 57 años que Collins vio treinta veces seguidas la cara oculta de la Luna.
Valga lo anterior para significar que todas las noticias relativas a este llamado hito histórico no es más que una descomunal maniobra para desviar la atención de lo realmente relevante. Ahora, después de 57 años de inactividad selenita, llegan las prisas. La rivalidad con China, así como los intereses en una presunta colonización de la Luna, estableciendo una base que posibilite la escala hacia Marte, es uno de los argumentos que escondería lo verdaderamente mollar de las futuras misiones.
La presencia en el regolito (suelo lunar) del preciado helio-3 es -como pasa en la Tierra con el petróleo- una de las máximas ambiciones de las superpotencias. El helio-3 es fundamental para la fusión nuclear; o sea, una energía limpia y casi ilimitada. Además, el helio-3 es escasísimo en la Tierra y abundante en la Luna, y cotiza unos 20 millones de dólares el kilo. Así las cosas, lo de un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad ha quedado en los anales de las epopeyas literarias y la leyenda cósmica. Una vez más, conquistar, colonizar, poseer, y extraer es lo que eternamente ambiciona el verdadero y bastardo gran salto para la humanidad.