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Maillo amenaza

Maillo amenaza
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Por Rafael M. Martos
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lunes 08 de junio de 2026, 06:00h
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Parece que Pedro Sánchez anda asustado, temeroso, pasando noches en vela en el Palacio de la Moncloa. Cualquiera pensaría, al ver el rictus serio y la mirada de acero que gasta últimamente Antonio Maíllo, que el presidente del Gobierno no concilia el sueño ante la demoledora amenaza del líder de Izquierda Unida a nivel estatal. El político, que en encabezara las listas en la Comunidad Autónoma con la marca Por Andalucía —ese tinto de verano ideológico donde confluyen las fuerzas que hoy integran Sumar—, se ha descolgado con unas declaraciones de esas que pretenden hacer temblar los cimientos de la gobernabilidad.

Dice Antonio Maíllo que el presidente del Gobierno, ante lo que se está conociendo del caso Leire, "tiene que espabilar o lo espabilamos". Qué contundencia. Qué pulso firme. Escuchar semejante tono de severidad provoca un indisimulable sonrojo, sobre todo si uno mira el retrovisor y analiza el peso real de quien lanza el órdago.

Para "espabilar" a alguien en política no hace falta diseñar una estrategia de alta ingeniería institucional. La receta es de una sencillez parlamentaria aplastante: basta con que Izquierda Unida y sus socios de coalición dejen de aplaudir en el Consejo de Ministros; basta con exigirle a Pedro Sánchez que se someta a una moción de confianza; basta con anunciar que, de presentarse dicha moción, los diputados de su espectro votarían en contra porque la confianza se ha agotado.

Pero no. No se alarmen en las filas socialistas. Nadie está hablando aquí de activar una moción de censura. Eso implicaría el riesgo de tener que abandonar los ministerios y esa temperatura tan agradable y "calentita" que se respira en las moquetas del poder. Es mucho más cómodo gesticular de cara a la galería mientras se mantiene el respirador automático al socio mayoritario. Pura pose.

El argumento defensivo de la formación de Antonio Maíllo para justificar este equilibrismo es el clásico espantapájaros: si hay elecciones, ganaría la derecha. Miren ustedes, si el tablero político vira hacia posiciones conservadoras, tal vez convendría que en la izquierda alternativa empezara a plantearse si ese auge no se debe, precisamente, a su estrategia de taparse las vergüenzas los unos a los otros. En lugar de obligar al Partido Socialista a asumir unas responsabilidades políticas que resultan evidentes, prefieren el seguidismo táctico. Esta hiperbólica puesta en escena, por cierto, recuerda de manera inevitable a los mejores días de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y jefa de filas de Sumar, experta en el noble arte de fruncir el ceño el martes y firmar el decreto el miércoles por la mañana.

Debería entender la dirección de Izquierda Unida que los pésimos resultados obtenidos en la Comunidad Autónoma andaluza no son el fruto de una mala campaña o de que la labor de oposición en el Parlamento andaluz frente a Juan Manuel Moreno Bonilla haya sido defectuosa. La diferencia real entre el estancamiento de Por Andalucía —que a duras penas logró mantener cinco escaños perdiendo una sangría de votos por el camino— y otras opciones estriba en la autonomía política. Mientras formaciones como Adelante Andalucía decidieron desmarcarse nítidamente del rumbo fijado por el Gobierno central, la franquicia andaluza de Sumar optó por la mimetización absoluta. Si el PSOE andaluz sufre un traspié histórico en las urnas autonómicas debido al desgaste de su marca estatal, Por Andalucía experimenta idéntico destino por actuar como su sombra fiel. Un hundimiento que se deja sentir con especial crudeza en provincias como Almería, donde el electorado suele penalizar con severidad los discursos tibios y la falta de proyectos nítidos para el territorio.

Cuanto más insistan Antonio Maíllo y los suyos en sostener de forma acrítica el andamiaje de Pedro Sánchez, peor les irá en las próximas citas electorales. Es una regla de tres tan básica que asombra que un veterano de la política no la haya computado todavía. Si el verdadero objetivo es evitar que las opciones conservadoras se hagan con la hegemonía, el camino no es la sumisión disfrazada de advertencia. El camino pasa por actuar con la honestidad, la seriedad y el rigor que los votantes reclaman. Actuando así, tal vez en lugar de arrastrarse por el Parlamento de Andalucía con cinco actas de diputado, habrían alcanzado diez; y tal vez, en lugar de ser una presencia secundaria dentro del conglomerado de Sumar, Izquierda Unida tendría una voz con peso específico propio.

Pero claro, para exigir responsabilidades primero hay que estar dispuesto a arriesgar el puesto, y la temperatura actual en los despachos es demasiado confortable como para salir a la intemperie.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"