En estos días lo venimos viendo en las caras de y los gestos de los gobernantes y regidores del país y del estado la sensación que les produce, no un accidente (el accidente es algo que no se puede evitar), más bien hay que hablar, con cierta caridad cristina, de la imprudencia o negligencia de alguien, por no llegar a la corrupción que se vive en el mundo de las adjudicaciones de los gobiernos. Y ante esa negligencia o imprudencia que ha costado cuarenta y cinco (45) vidas, no vemos que se asuma responsabilidad por parte de los que nos gobiernan, ni siquiera en sus rostros o en sus gestos de cara a la opinión pública. No vemos que tengan conciencia.
Qué piensan, que sienten estos malvados gobernantes ante las muertes de 45 ciudadanos que confiaron en que el ferrocarril los llevaría a su casa, y qué, como ha repetido con obscena obsesión a lo largo de los últimos años el ministro, Puente, estaba viviendo la mejor época de su historia.
Entiendo que estas letras no van a llegar a la altura del gobierno que desde Moncloa nos lleva a la ruina, y a la muerte de 45 paisanos. Pero es de imaginar que las escaleras de la calle Arapiles si pueden subirlas.
¿Qué siente, sueña o piensa el señor Martín, don José María, portavoz del gobierno en Almería, defensor de las palabras del presidente del gobierno, mantenedor de las obras que Adif está realizando en el Ave en nuestra provincia, ante la muerte de los cuarenta y cinco españoles?
¿No sueña con ellos? ¿No se le aparecen en las noches, no tiene pesadillas? ¿No le persiguen los vagones de esos trenes enfrentados, rompiendo familias, llenado sepulturas por culpa de la imprudencia e ineficacia de ese gobierno al que tiene que defender por cataplines? Si nos atenemos a las declaraciones efectuadas, no hemos visto ni remordimientos por parte de ellos en las mismas.
Si don José María puede dormir tranquilo, si pueden hacerlo sus jefes políticos, si los de arriba no dimiten, y los de abajo los defienden a capa y sueldo mensual, tendremos que acabar pensando que en un sector de la política de esta España nuestra se ha perdido hasta la conciencia. Y ahí los tienen, durmiendo a ¡la pata suelta, como decía mi abuela”, sabiendo que cada vez que hacen una adjudicación y se llevan la consabida mordida, están poniendo en peligro la vida de una persona. Y a ellos, perdida la conciencia, qué les importa la vida de los demás. Si les preocupara lo más mínimo, hoy Puente estaría cesado, y José María Martín, vocero y jefe del Psoe provincial, llorando ante lo que pueden ser las obras que Adif está haciendo en la provincia de Almería.
¿Cuánto dinero de las mismas no se habrá perdido en bolsillos de sus compañeros y empresas amigas?
¿Nos podemos fiar de que las obras no acaben al cabo de unos años como las de Adamuz?
¿Está seguro de que no debemos tener miedo cuando dentro de no sé cuántos años nos subamos al Ave de Almería?
¿Usted nos asevera que las obras se están llevando a cabo con todas las garantías?
¿Qué sería capaz de apostarse?
Es triste, pero tras la tragedia que se podía haber evitado, seguimos contactando que han perdido ustedes la conciencia. Sigan durmiendo felices, y si no lo hacen, si les queda algún sentimiento humano, sean capaces de reconocer la verdad, y esa empieza dimitiendo, señor Puente. Dimitiendo.