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La culpa es de quien le ha proponido ministro

lunes 22 de febrero de 2021, 15:11h

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El problema de Garzón no es que sea un analfabeto funcional incapaz de hablar correctamente, y un mendrugo capaz poner duda la trascendencia de la industria turística para España, rebajar los valores nutricionales del jamón y el aceite de oliva o demostrar a diario que el ministerio a medida que le han hecho le viene más grande que el abrigo de Fofó de Illa. Que los españoles estemos pagando cartera y coche oficial a semejante ectoplasma es culpa del que ha conjugado semejante caterva de incapaces para hacerse aplaudir en el Consejo de Ministros y mantener un inestable sistema de equilibrios y contrapesos que le garantice el máximo tiempo posible a bordo del Falcon. No hay más.
Y no hay que mirar al hermano del ocurrente economista que propuso imprimir más billetes para resolver los problemas económicos de España; no. Los Garzón son a la política española lo que los Hermanos Calatrava a la historia de la ópera. Por eso, al que hay que pedir explicaciones es al sujeto que, conocedor del nivel, de la capacidad y de las aspiraciones de sus elegidos, los sigue manteniendo en sus cargos, indiferente a la catástrofe que por acción u omisión se barrunta ya en el horizonte del medio plazo. La culpa no es de este indocumentado con ínfulas del ministro de vaya usted a saber qué Consumo: la culpa es de quien lo ha proponido como ministro y no se ha oponido o puesto de manifestación su malestar cada una de las veces que este idiota ha exponido sus majaderías.
Quizás Iván Redondo, el gurú estambulí del presidente, le haya decido entre flequillazo y flequillazo que mantener a esta purria en el candelero es el mejor modo de absorber el voto más radical y favorecer así al PSOE, que es en realidad lo único que interesa y preocupa a esta gente. Renunciar al imperio de la ley en Cataluña, trasladar una pésima imagen de nuestro país y estar orgullosamente al frente del peor gobierno de la Historia de España (y eso que el palmarés está muy disputado) forman parte del capítulo de preocupaciones menores de Sánchez.
Es sí: quiero aprovechar para denunciar a la Brigada de Memoria Políticamente Correcta que el sofgüer de mi ordenador ha debido ser jaqueado por un comando franquista: cada vez que tecleo un participio siguiendo la norma del ministro me lo corrige automáticamente y lo escribe del modo que me enseñaron a hacerlo hace muchos años los curas en La Salle. Es intolerable.
¡Ya está bien de gramática fascista e imponida!

Jose Fernández

Periodista.Asesor de Prensa
en el Ayuntamiento de Almería.