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La reconversión agraria

jueves 06 de febrero de 2020, 20:13h

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Un año más la provincia de Almería está haciendo valer sus méritos agrícolas en la Fruitlogística de Berlín, donde las empresas locales acuden para afianzar y ampliar mercados, y los políticos… bueno, los políticos no se sabe muy bien a qué van.

El hecho es que mientras eso ocurre allí, los que se meten en el invernadero, o los que se juegan su porvenir en el olivar, no abandonan las protestas en las calles porque cada vez ganan menos y trabajan más. Se endeudan para tener más hectáreas, para producir más, pero eso no evita que cuando echan cuentas, quien gane sea el banco.

Almería vivió una auténtica revolución cuando los plásticos comenzaron a cubrir los campos, cuando llegó la tecnificación, y después lo harían las nuevas tecnologías, la innovación en las semillas, la investigación en los cultivos, y así se ha llegado a una situación de colapso como el actual, que recuerda mucho a los inicios del capitalismo en la vieja Inglaterra, cuando los obreros decidieron quemar las máquinas porque consideraban que éstas les quitaban en el trabajo, sin darse cuenta de que lo que hacían era facilitárselo, al tiempo que se generaban nuevos empleos construyéndolas.

Holanda está produciendo por metro cuadrado de invernadero casi un 400% más que Almería, de tal modo que en ese país, y según la FAO, se producen 50’7 kilos de tomate por metro cuadrado, y en Almería, según datos de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, el rendimiento medio en la campaña 2015/2016 fue de 10’2 kilos por metro cuadrado.

Esa es la cruda realidad, porque esa proporción se mantiene a día de hoy, y por tanto, el problema no es que en la Unión Europea se cuele de contrabando más producto extranjero del asignado como cupo, porque eso, con ser un problema, no es el problema principal ni mucho menos.

Es más, si en Almería se menciona el tema salarial como una desventaja respecto a Marruecos, por ejemplo, o se aborda la cuestión fitosanitaria, lo cierto es que si comparamos esos dos mismos aspectos entre Almería y Holanda, parece obvio que como mínimo, habríamos de considerarlos parejos.

El hecho es que las organizaciones agrarias reconocen que el llamado “modelo Almería” no da más de sí, también lo ha reconocido el ministro de Agricultura, Luis Planas, y la consejera Carmen Crespo, pero todos ellos desvían la pelota hacia los márgenes de las grandes superficies, a los intermediarios, o a “terceros países”. A partir de ahí las soluciones que se proponen son limitar precios, limitar beneficios, dar ayudas, subvenciones… en definitiva, las mismas ideas de siempre.

Nada de eso hará que el campo almeriense alcance al holandés, y tampoco permitirá tomar una posición de ventaja respecto a Marruecos.

Almería, y por extensión Andalucía, deben reconfigurar su sector agrícola, como también tendrán que hacer los castellanos, valencianos, extremeños… y quizá deban tomarse decisiones tan drásticas como las que en su momento se adoptaron en la reconversión industrial en el País Vasco.

Lo que desde luego no tiene sentido, es seguir haciendo lo mismo de siempre en la idea de que el resultado será diferente.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".