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Martínez Almécija: «La Universidad de Almería ha cambiado para siempre la provincia»

Martínez Almécija: «La Universidad de Almería ha cambiado para siempre la provincia»
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El histórico exrector analiza la evolución del campus desde sus inicios como colegio universitario, valora positivamente el nuevo modelo de mandato único y augura un futuro prometedor a los estudios de Medicina equiparable al éxito de la Ingeniería Agrónoma

Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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La historia reciente de la provincia de Almería no podría entenderse sin el papel transformador de su institución académica superior. Alfredo Martínez Almécija, figura clave en la consolidación de esta entidad y quien ostentó el cargo de rector durante una década, ha realizado, en EL DEBATE de 7TV Almería, un exhaustivo repaso a la trayectoria de la Universidad de Almería (UAL), analizando tanto los retos de su gestión pasada como los desafíos actuales, con especial atención a la implantación de la Facultad de Medicina y el impacto socioeconómico del campus en el territorio almeriense.

Martínez Almécija, cuya gestión se extendió durante un periodo excepcionalmente largo debido a los procesos de estandarización estatutaria de la época, valora con perspectiva los cambios legislativos recientes en el Estado español que limitan los mandatos rectorales a un único periodo de seis años, eliminando la posibilidad de reelección. Lejos de criticar esta medida, el exrector considera que puede ser beneficiosa para la gestión institucional. "No me parece mal que sea una de seis años", afirma, argumentando que la reelección obliga a "compatibilizar muchos derechos y ceder en muchas cuestiones" debido a la presión de los distintos estamentos universitarios —alumnos, personal de administración y servicios, y profesorado—, algo que no ocurre cuando no existe la perspectiva de una nueva campaña electoral. Esto permite, a su juicio, que se tomen decisiones necesarias que de otro modo podrían verse condicionadas.

Al echar la vista atrás sobre su propia gestión, Martínez Almécija identifica su segundo mandato como el más fructífero en términos de desarrollo para Almería. Fue en esa etapa donde se lograron hitos fundamentales como la ampliación del catálogo de titulaciones y la adquisición de terrenos para la expansión de un campus que ya se encontraba colapsado. Destaca especialmente la mejora en las infraestructuras de conexión, como el acceso desde el barrio de La Cañada hasta la costa, una obra que alivió el tráfico de una carretera estrecha y facilitó la integración de la universidad con su entorno. La orografía del campus, condicionada por su cercanía al mar y al aeropuerto, obligó a un crecimiento horizontal paralelo a la playa, otorgándole una singularidad urbanística que el exrector califica de "escándalo de lo bonito que va quedando".

INICIOS DE LA UNIVERSIDAD

Los inicios, sin embargo, fueron complejos. Martínez Almécija rememora su retorno a Almería en 1977 desde Granada para poner en marcha el área de estadística, en un momento en que la institución funcionaba como un Colegio Universitario adscrito. La precariedad de recursos económicos, de infraestructura y bibliografía era la norma, pero existía una visión de futuro compartida. "Si no íbamos los profesores universitarios que estábamos en función de nuestro propio interés, pues lógicamente aquí nunca habría universidad", sentencia. La creación oficial de la UAL en 1993 fue posible gracias a un consenso político y social "generalizado" en la provincia, donde instituciones como la Diputación y el Ayuntamiento, junto a la propia Universidad de Granada, empujaron en la misma dirección, superando las diferencias partidistas en favor del interés general de Almería.

Uno de los temas de mayor actualidad abordados es la implantación de la Facultad de Medicina. Martínez Almécija reconoce las carencias iniciales en infraestructuras, como despachos y laboratorios específicos, pero se muestra optimista y pragmático. Defiende la necesidad de estos estudios para evitar que las familias almerienses tengan que realizar un sobreesfuerzo económico enviando a sus hijos fuera. Comparando la situación con la de la Ingeniería Agrónoma, que hoy es un referente de excelencia sin nada que envidiar a otras escuelas politécnicas de España, asegura que la Medicina en Almería seguirá el mismo camino. "La universidad y la facultad se curan con el tiempo", explica, señalando que las nuevas promociones regenerarán el tejido docente e investigador. Para el exrector, es preferible asumir ciertas carencias iniciales a mantener unos "números clausus" que impedían formar a los médicos que el sistema sanitario necesita.

En cuanto a la calidad académica, Martínez Almécija es tajante al combatir el complejo de inferioridad que a veces lleva a los estudiantes a marchar a otras provincias. Basándose en su experiencia y en los rankings actuales, afirma que la Universidad de Almería se encuentra "en la parte de arriba" y que titulaciones como Matemáticas o Ingeniería Química han alcanzado niveles de excelencia notables. "La Universidad de Almería no tiene que envidiarle nada a ninguna", asevera, desmintiendo la idea de que estudiar fuera garantice una mejor preparación.

IMPACTO EN LA PROVINCIA

El impacto de la universidad en la provincia es, según su análisis, incuestionable. La institución ha logrado retener una media de 14.000 a 15.000 estudiantes anuales, jóvenes que generan actividad económica y vida en la ciudad. Martínez Almécija califica la creación de la universidad como "uno de los mayores aciertos de la clase política" almeriense. Actualmente, aunque mantiene una distancia profesional y solo acude al campus por motivos familiares, asegura que sigue sintiendo los éxitos de la institución como propios. "La Universidad de Almería siempre la voy a llevar en el corazón", concluye, reafirmando su compromiso vital con el progreso educativo de la provincia.

La consolidación de la Universidad de Almería (UAL) no fue solo una cuestión académica, sino una maniobra estratégica de integración territorial y económica. Alfredo Martínez Almécija, quien dirigió los destinos de la institución durante una década, ha desvelado en la segunda parte de su entrevista los entresijos de una gestión que buscó, ante todo, coser la provincia y alinear la oferta educativa con las necesidades reales del tejido productivo almeriense. Lejos de la torre de marfil, su rectorado se caracterizó por pisar el terreno, desde los despachos de los grandes empresarios hasta los pueblos del norte de la provincia.

Uno de los hitos menos conocidos, pero más trascendentales de su mandato, fue la colaboración directa con la clase empresarial para definir el mapa de titulaciones. Martínez Almécija recuerda con claridad el papel de Francisco Martínez-Cosentino, entonces presidente de la Cámara de Comercio. Ante la duda de qué especialidades de ingeniería implantar, el empresario de Macael fue tajante: «Apuesta por mecánica, que mecánica tiene mucho futuro». El exrector rememora cómo Cosentino le aseguró que, al menos durante diez promociones, los egresados saldrían con trabajo garantizado. «Me pusieron muchas pegas, pero como yo tenía una carta firmada por los empresarios de que apostaban por esa titulación, fui a Sevilla y conseguimos que esa titulación viniera», explica Almécija, subrayando que esta simbiosis entre universidad y empresa fue clave para el despegue de las ingenierías en Almería.

CONOCER LA PROVINCIA

Esta visión vertebradora también se aplicó geográficamente. Martínez Almécija identificó un problema estructural: la fuga de cerebros hacia la vecina Murcia. Los estudiantes del Levante almeriense y la zona norte, por tradición y cercanía, tendían a matricularse en universidades murcianas o en Granada. Para revertir esta tendencia, el rectorado desplegó una intensa campaña de presencia en la provincia, utilizando los cursos de verano como punta de lanza. «Yo he viajado mucho más que algunos presidentes de la Diputación», afirma con ironía. Llevando cursos de gastronomía y otras temáticas a localidades como Cuevas del Almanzora o Vélez-Rubio, la UAL logró que las familias de esas comarcas comenzaran a ver a la universidad almeriense como su referente natural, recuperando así una cuota de alumnado vital para el crecimiento del campus.

Más allá de la gestión, la entrevista ha servido para profundizar en la visión educativa de Martínez Almécija, quien se muestra crítico con la llamada «titulitis» y la devaluación social que ha sufrido la Formación Profesional en el Estado español. «Se ha despreciado mucho, desde mi punto de vista, la formación profesional. Eso ha sido para los que no estudiaban, para los mediocres. Y eso hay que hacer una revisión», asevera. El exrector pone el dedo en la llaga sobre la paradoja actual del mercado laboral, donde la escasez de profesionales de oficios ha disparado sus cotizaciones por encima de muchos grados universitarios. «Si se rompe una tubería no puedes llamar a un licenciado, tienes que llamar, obviamente, a un fontanero. Y si no hay, los pocos que hay se cotizan», ilustra, aunque defiende que la formación universitaria, independientemente del puesto laboral final, otorga una estructura mental y una cultura que «no te la va a quitar nunca nadie».

Su paso por la política activa, tras dejar el rectorado, fue breve y le sirvió para confirmar su vocación académica. Aunque guarda un excelente recuerdo y amistad con el alcalde de Roquetas de Mar, Gabriel Amat, con quien colaboró estrechamente, Martínez Almécija reconoce que la dinámica de los partidos no casaba con su forma de trabajar. «Cuando tú estás acostumbrado a ser autónomo en tus decisiones [...] y te ves la cantidad de intereses que hay en tus propios amigos de partido, dices: bueno, yo ya con la edad que tengo...», confiesa. Esta incomodidad, sumada a la necesidad imperiosa de reciclarse en su materia, la Estadística, tras diez años de gestión, le llevó a abandonar la arena política y regresar a las aulas, empezando humildemente por asignaturas de primer curso en Empresariales para recuperar el nivel antes de volver a Matemáticas.

En el plano más íntimo, Martínez Almécija ha compartido el origen de su popular apodo, 'Chipi', una seña de identidad que le ha acompañado toda la vida en Almería. Nacido en la calle Séneca, junto a la Plaza de la Virgen del Mar, donde su padre regentaba una carpintería, el apodo surgió de una tía que lo llamaba «Chipilín» al nacer, nombre que el vecindario acortó cariñosamente. Su historia personal es el reflejo del ascenso social a través de la educación que vivieron muchas familias almerienses. Su padre, carpintero de profesión, renunció a que su hijo aportara un sueldo inmediato como profesor de instituto en el IES Celia Viñas para que pudiera doctorarse en Granada, cobrando mucho menos pero con mayores miras de futuro. «Licenciado hay muchos, pero doctores apenas hay», le dijo su padre, una visión preclara que permitió a Almería contar años después con una de las figuras clave en la historia de su universidad.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"

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