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Escudo social o respeto al idioma
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(Foto: Cibeles AI)

Escudo social o respeto al idioma

miércoles 04 de febrero de 2026, 13:03h
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Los políticos, algunos más, siguen jugando con imposibles juegos malabares para inventar nombres con que ocultar sus (malas) intenciones. Un “escudo social”, por objetivo de la palabra escudo, sería algo capaz de defender y rechazar ataques a lo social. Sería algo para proteger el derecho de los grupos socialmente más dañados por vulnerables. Ahora lo han aplicado a impedir que los propietarios de viviendas en alquiler puedan percibir un céntimo menos de lo que están ganando a costa de dejar a miles de personas sin vivienda. Veamos: tener una vivienda en alquiler fue hasta hace algunos años y debería seguir siéndolo, una ayuda, un complemento al salario o pensión percibido. Dos viviendas duplica esa ayuda y más de tres pasa de ayuda a lucro. No quiere decir, todavía, que el lucro sea amoral. En este caso dependería de la cifra del lucro. Más de diez ya es negocio, tampoco tiene por qué ser negativo, volviendo a lo mismo: depende de la cifra. Cuando para una gran empresa con costos, inversiones y proveedores, el beneficio a final de campaña no supera el 5%, calcúlese el beneficio de familias como los Aznar, con cuatro mil quinientas viviendas en alquiler.

A esas es a quienes quiere beneficiar especialmente la oposición, cuando se opone a la prohibición de desahucios en según qué casos, cuando esgrime la excusa de la “okupación” y cuando reclama bajada de impuestos. Porque una bajada del 20%, por decir una cifra, a un trabajador le podría suponer algunos euros, y no siempre. A una gran fortuna, o a un tenedor de viviendas en alquiler como la familia Aznar, le ahorra un dineral. Un ahorro que, en este caso no es desahogo, es beneficio brutal. Claro, el capitalismo disfrazado de fenecido liberalismo —PP, Vox, Junts y bastantes indebidamente autocalificados de izquierda—, no puede reconocer su verdadera intención, y entonces utiliza a la “la pobre ancianita que tiene una vivienda para ayudar a su pensión y si no cobra el alquiler le crean un problema”. Pero ¿de cuanto es la ayuda? ¿Es ayuda para otra ancianita obligada a pagar cantidades que con frecuencia llegan a superar el salario mínimo y que de forma generalizada está por encima de los ¾ de ese salario o incluso del cien por cien de la pensión? En estos casos lo ideal sería actuar a la sueca: olvidarse de los alquileres, construir para los necesitados y subir pensiones. El problema sería la cantidad de aspirinas para aliviar el dolor de cabeza de esos capitalistas que dicen ser liberales.

El problema sería resuelto con la construcción de viviendas por el gobierno en número suficiente y a precios asumibles para las familias necesitadas. Pero eso tampoco es admitido por esos partidos: temen la “competencia” que pudieran hacer a los altos precios a los que ha llegado la vivienda movidos por la ambición. La cuestión en cuanto a ambición, no es tener en alquiler una vivienda o cinco mil. A cinco mil, por supuesto, el beneficio es linealmente mayor, pero el deseo de ganar es el mismo y la envidia a quien ha “colado” un precio elevado mueve a subir a todos por igual.

Sin embargo, el decreto del gobierno incluía ciertas medidas para tenedores de diez o más viviendas, exclusivamente. La prohibición de desahucios no incluye a posibles “okupas” pese al “daño” infligido a fondos buitre y otros grandes tenedores; se refiere a familias o personas especialmente vulnerables. Pero los partidos de derecha siguen jugando con el cuento de “la pobre pensionista que alquila un piso para ayudarse”. Cobrar por un alquiler el equivalente a un salario o, como mínimo, más del 70%, no es “una ayudita”. Es vivir a costa de otra u otro más necesitado/a, por tanto más vulnerable. Y no conculca el derecho a la propiedad, pues ni la propiedad se toca ni siquiera afecta a pequeños propietarios, como ya se ha destacado.

La derecha, como único “remedio” reclama pagar a la propiedad la renta o la parte necesaria de ella. Falsa solución, que en vez de rebajar aumenta precios, pues lleva a una mayor subida de las rentas ya que la propiedad y la inmobiliaria maquillan el precio al ofertarlo con una parte de la subvención ya aplicada, para que parezca menor. Y entre tanto, PP y Vox ya están quitando el impuesto a grandes fortunas. Si se bajan impuestos estarán más contentos los ricos, quienes más lo disfrutarán con diferencia, como también ha quedado demostrado más atrás. Pero quedan otras preguntas: entonces ¿de dónde sacarán para satisfacer la ambición de los arrendadores? ¿O es un truco para luego tener motivo para criticar al gobierno por no sufragar esos gastos? ¿Esperarán coger el gobierno por ese método? Y si lo cogieran ¿atenderían esas subvenciones, sin dinero, o estarán dispuestos a monopolizar el poder para impedir reclamaciones?

Rafael Sanmartín

Estudió Filosofía y Marketing y es especialista en Historia. Ha trabajado en prensa, radio y TV. Obtuvo el premio 'Temas' de relato corto por El Puente (1988), así como el '28-F' (2001), por La serie La Andalucía de la Transición, emitida por Canal Sur Televisión. De su producción literaria cabe destacar: El País que Nunca Existió (1977), El Color del Cristal, novela (2001), La Importancia de un Hombre Normal, que narra la biografía de Blas Infante, (2003), Historia de Andalucía Para Jóvenes (2005), Grandes Infamias (2006) y De Aquellos Polvos... La Autonomía y sus orígenes históricos (2011) Para el autor "la Historia es el espejo donde podemos vernos y conocernos, aunque, como está escrita por los vencedores, debe analizarse con espíritu crítico para poder interpretarla".