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Todo es mentira

Todo es mentira
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Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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viernes 30 de enero de 2026, 06:46h
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Resulta que vivimos en el paraíso y no nos habíamos enterado. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), el Gobierno de Pedro Sánchez es una máquina de crear puestos de trabajo: 605.400 empleos nuevos en 2025 y el paro cayendo en 118.400 personas. Unas cifras que te hacen sentir ganas de descorchar un cava, hasta que te acuerdas de que tienes que pagar el alquiler o la hipoteca, o llenar el depósito de combustible.

Es fascinante observar cómo la macroeconomía se ha convertido en una especie de religión que nos pide fe ciega en los datos mientras la realidad nos da bofetadas en la cara. Los portavoces gubernamentales se llenan la boca con la subida histórica del Salario Mínimo Interprofesional, que ya acaricia cifras que hace una década parecerían de ciencia ficción, y sin embargo, la sensación de asfixia es más real que nunca. Tenemos más gente trabajando que nunca, cobrando teóricamente más que nunca, pero por alguna extraña razón que nadie en el Gobierno se molesta en aclarar, cada vez necesitamos que papá Administración nos lleve de la mano para no hundirnos.

La pregunta es tan sencilla que asusta: si el empleo es un éxito sin precedentes y el SMI es digno, ¿por qué hemos tenido que normalizar que un trabajador con jornada completa necesite el Bono Social Eléctrico para no cenar a la luz de las velas? Es un sarcasmo cruel que, mientras las estadísticas se celebran récords de ocupación, el número de familias que dependen del Ingreso Mínimo Vital siga al alza, como una confesión silenciosa de que tener un contrato ya no te saca de la pobreza. Hemos inventado el trabajador pobre, ese nuevo espécimen social que tiene nómina pero que, sin el Bono Alquiler Joven o las subvenciones al transporte público, no podría ni salir de su portal, y eso en el hipotético caso de que se pueda permitir el "portal".

Es el gran milagro de la precarización camuflada. Nos dicen que el empleo va "como una moto", pero es una moto que solo camina si le inyectamos ayudas constantes porque el sueldo ya no da ni para los mínimos. Mantener el bono transporte no es una medalla de movilidad sostenible, es el reconocimiento implícito de que la gente no tiene dinero para pagarse el viaje al trabajo. Lo mismo ocurre con el despliegue de las cestas de alimentos básicos o las ayudas de emergencia social que los ayuntamientos de la provincia tienen que multiplicar año tras año. Si el mercado laboral fuera tan robusto y los salarios tan justos, estas muletas públicas (que pagamos quienes pagamos todo, lo nuestro y lo de los demás) deberían ser la excepción para casos extremos, no el sustento cotidiano de la clase media trabajadora.

La realidad es que estamos dopando la estadística. Se crea empleo, sí, pero es un empleo de tan pésima calidad o tan devorado por la inflación que no permite cumplir con los estándares mínimos de una vida occidental normal. Al final, lo que nos queda es una falsa realidad de "pleno empleo" donde la gente sigue pasando el mismo frío que cuando se hablaba de la pobreza energética, solo que ahora lo hace con un contrato indefinido en el bolsillo. O los datos están maquillados con más capas de pintura que... sí, ese y esa que ustedes han pensado cuando les ven en la tele o en el Congreso, o el sistema se ha roto por algún sitio que ningún ministro se atreve a señalar. Que alguien me lo explique, porque desde la cola del súper, los números del Gobierno no parecen más que literatura fantástica para consumo de despacho.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"