Se miente, se suele mentir para intentar demostrar una razón ausente. Una razón inexistente. Los políticos, además y dentro de ese mismo grupo, mienten para confundir. Conscientes de que, por lo general, quien gobierna carga con todas las culpas, propias y ajenas, cuando están en la oposición buscan argumentos incluso los más falsos posible, para desprestigiar al gobierno, pues su tendencia natural es ocupar su puesto ¿o hay que devolverles el balón y llamarlo “okupar” como dicen ellos? Con este “modus operandi” esos políticos ensucian la política, dónde escupen, con el cinismo reflejado en su epidermis, la sospecha sobre la intención, la limpieza en definitiva, sobre el interés despertado en ellos por la mayoría, por la ciudadanía, por el pueblo. Interés muy por debajo del demostrado por las grandes promotoras y constructoras, por las grandes empresas de comunicación o de distribución, por los grandes tenedores de viviendas en alquiler, la familia Aznar uno de los primeros. Por el IBEX 35, aunque alguno de vez en cuando amenace con abandonar el Estado español para pagar sus impuestos en otros lugares, y alguno, muy favorecido por el sistema, se vayan sorpresivamente y sin pensarlo. Ahora aprovechan un paquete de medidas sociales para rechazarlas todas, porque ven negativas “algunas”, teóricamente. Veamos para quien:
Primera mentira: “Pensiones, sí; okupación, no”. ¿Todavía son capaces de engañar con esa patraña? Si con anterioridad no hubieran votado reiteradamente contra las subidas de salarios y pensiones, quizá podrían conservar un mínimo de credibilidad. Pero ya van muchas; muchas veces votando contra cualquier mejora y en cambio pidiendo beneficios para las grandes fortunas y los grandes tenedores de vivienda.
Otra: la okupación sólo es consecuencia de la escasez de viviendas asequibles. Los datos aclaran que no se producen a propietarios individuales y nunca a viviendas ocupadas por sus propietarios, aunque PP, Vox y ahora también Junts, lo utilicen como pantalla para cubrir sus mentiras. Y lo peor: que haya quienes lo crean sin datos demostrativos.
Otra más: la prohibición de desahucios solamente afecta a tenedores de más de diez viviendas. Por debajo de ese número no se tocan; pero los creadores de bulos callan el dato, para hacer creer que pueden dejar sin ingreso a una pobre señora cuya vida depende de la vivienda alquilada. Es difícil hallar esa señora, pero además es falso decir que quedaría sin ingresos, porque el decreto no le afecta.
Y otra más: regularización no es nacionalización. Por el contrario es permitir que esas personas puedan trabajar y tengan acceso a pagar una vivienda con el producto de su trabajo. No deberían seguir mintiendo al hacernos creer que los emigrantes “le quitan el trabajo a los nuestros”. Al contrario: en su inmensa mayoría hacen los trabajos rechazados por los nativos. ¿Quién si no recoge la fresa y, quizá en menor medida, los cultivos bajo plástico?
Y otra más: el ingreso mínimo vital no es “para los extranjeros que no han trabajado en su vida”, porque para recibirlo hay que estar nacionalizados. Y está dirigido a familias en riesgo grave. Está encaminado a erradicar la miseria. Pues si ciertos grandes empresarios y banqueros no buscaran el crecimiento sin tener que molestarse en ser competitivos, porque en su lugar eliminan la competencia, habría muchos más puestos de trabajo. Si, pese a ello, el empleo ha aumentado de forma considerable, muy por encima de épocas anteriores, sin esa eliminación de la competencia como única forma de crecer, estaríamos en uno de los nivele de paro más bajos de Europa.
¿Seguimos? Vale: ¿también consideran “negativo” el bono social, o el descuento en el transporte público? ¿Deducir impuestos a quien instale alguna mejora energética? ¿Las ayudas a los afectados por la Dana? Cualquier otra queja puede verse en su lugar y momento. Ahora mismo hablamos del “Decreto Omnibus”, que, por cierto, nada molestó al PP, ni a Junts, ni a Vox, cuando lo instauró Rajoy.
Creemos que hay suficiente para preguntarse ¿a dónde van? La oposición debe ser oposición, pero con lealtad al pueblo al que aspira a gobernar. Cada cual es libre de defender su propia ideología, no tanto de defender a un partido cuando ese partido labora contra la mayoría. Porque lo verdaderamente necesario y conveniente no es perder personalidad para seguir a “uno” o a “otro”. Es fijarse bien, analizar, valorar los hechos. Lo que nos importa o debe importarnos, no es “quien” dice aquello. Sino qué hace. El qué, no el quien, es lo que debe movernos, porque no debemos olvidarlo, el poder está en manos del pueblo. Nuestro deber es ejercerlo.