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El lado mas necio y cobarde la historia.
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El lado mas necio y cobarde la historia.

Por Antonio Felipe Rubio
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afelipeafelipecom/7/7/15
miércoles 18 de marzo de 2026, 18:51h
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Pedro Sánchez pide que no le distraigan mientras está en cosas tan importantes como preparar las medidas para paliar la crisis derivada de la guerra en el golfo Pérsico y aledaños. En su comparecencia, anuncia que será en unos días cuando se harán públicas las esperadas medidas, que en otros países afectados de nuestro entorno occidental se pusieron en práctica sin dilación.

Ninguna crisis parece haber generado la necesaria pedagogía y los urgentes paliativos para evitar los daños colaterales. Existe una especial reticencia a aceptar la realidad desde una ideología de izquierdas que, por extrañas circunstancias, elude implicarse en una defensa rápida, conjunta y eficaz ante las evidentes amenazas que ponen en riesgo nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra estabilidad.

Desde 2008, cuando la crisis financiera, Zapatero esquivó el hecho indiscutible de una debacle mundial. Es más, demoró un año el reconocimiento de algo parecido a una crisis financiera con las acostumbradas y estúpidas nomenclaturas: “desaceleración acelerada, burbuja inmobiliaria, subprime de la banca, imprudencia de Wall Street e invento de la derecha pesimista”. Zapatero instó a sus ministros a criticar a la derecha como “malafollá y cenizos”. El ministro Bermejo, en pleno derribo de los gigantes financieros, invitaba a “ver la vida en colores, ¡coño! Igualmente, la llegada de los “hombres de negro” era un maléfico deseo de una derecha pesimista, frente a un desmedido optimismo zapateril que nos condujo al desastre.

Mas tarde, llegó la crisis del covid-19. Por supuesto, también llegamos tarde, y con daño. Iban a ser, como mucho, dos o tres casos. Primaron los intereses sectarios de extrema izquierda con el infestódromo del 8-M; se demoraron todas las medidas de contención; se ignoraron las medidas sanitarias, económicas y el resto de las contingencias necesarias para evitar el contagio masivo y sus horribles consecuencias. Por el contrario, se urdió la infame trama de las mascarillas que, como estamos comprobando, contaminó criminosamente a sectores muy sensibles del gobierno.

Ahora, con la guerra del golfo Pérsico y aledaños, nada de lo anterior ha supuesto pedagogía alguna para afrontar los daños colaterales o para prevenir las consecuencias que se pueden dar por sabidas ante estas circunstancias, algunas ya experimentadas en otras contiendas como la de Irak.

Cualquier democracia avanzada, incluso pequeñas poblaciones, se precian de tener a punto planes de emergencias ante situaciones catastróficas: incendios, terremotos, tsunamis, fenómenos atmosféricos adversos… y contiendas bélicas. Sin embargo, recuerden el fracaso en el terremoto de Lorca y el volcán de La Palma. El gobierno del sanchismo necesita tiempo, concentración y nada que le distraiga para evaluar, discernir y preparar una serie de medidas que palien los efectos colaterales del bloqueo en el estrecho de Ormuz. De nada sirve constatar los efectos devastadores en el transporte, la agricultura y el comercio en general. De nada sirve las alarmas lanzadas desde colectivos, operadores y sectores implicados en una crisis a la que no se anticipó ninguna medida, salvo plegarse a los intereses de los países generadores del odio, el asesinato, la opresión y el terrorismo. En defensa de los intereses generales de España, el pánfilo sanchismo y sus acólitos, entonan el ¡No a la guerra!, así como la desconexión de la OTAN, ¡bases fuera! Y el indisimulado y sobreactuado desafecto hacia Donald Trump, asunto del que nos arrepentiremos por muy woke y progresista que parezca desalinearse con la primera potencia mundial; la más afín a nuestros valores democráticos.

Es lamentable que tengamos que padecer el llamado “cambio de paradigma” recibiendo adhesiones y felicitaciones de Palestina, China, Korea, (del Norte, claro), Venezuela… y, al mismo tiempo, sacando pecho porque rehusamos la petición de Donald Trump para ayudar en el desbloqueo de Ormuz. Y es que no nos enteramos. Trump no pide ayuda, pide que nos involucremos y seamos solidarios en una operación conjunta y necesaria para luchar contra el terrorismo y las teocracias radicales. Trump no necesita ayuda, pide que no veamos concernidos en lo que a todos nos afecta y, mientras no sepamos verlo, volveremos a ser los parias de la pancarta, la chapa y el lado más necio y cobarde de la historia.

Antonio Felipe Rubio

Periodista