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Dios te lo pague, María Jesús

Dios te lo pague, María Jesús
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Por Rafael M. Martos
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jueves 26 de marzo de 2026, 06:00h
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Hay una ley no escrita, una especie de gravedad invertida que empuja a los prohombres y promujeres que llegan en su carrera política hasta Madrid, que les manda hacia el sur solo cuando el deber —o el dedo de su líder— les obliga a "descender" a la arena en unas elecciones autonómicas.

Para un almeriense, que vive en esa periferia de la periferia, observar los movimientos en los despachos de Madrid tiene siempre algo de comedia de enredo. Ahora, con las elecciones al Parlamento de Andalucía fijadas para el próximo 17 de mayo, el guion se repite, aunque con un envoltorio de épica y sacrificio que clama al cielo.

La actual Vicepresidenta Primera del Gobierno y Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha comparecido ante los medios para reconocer que se ofrece en "sacrificio". Tras años de manejar el erario público y de ser la mano derecha de Pedro Sánchez en el Gobierno central, nos anuncia que deja la moqueta ministerial para intentar presidir la Junta de Andalucía, aunque el escaño en la calle San Jerónimo lo mantiene hasta el después de los comicios, por si acaso. Pero lo hace con un tono que invita más a la genuflexión que al voto. Según se desprende de su reciente comparecencia, parece que los andaluces debemos estarle profundamente agradecidos por el hecho de que la mujer con más poder de la era democrática se digne a bajar al barro y volver al otro lado de Despeñeperros. Como si presidir esta tierra no fuera el mayor de los honores, sino una suerte de destierro que acepta no por Andalucía, sino por Pedro Sánchez.

Este mesianismo de despacho recuerda, inevitablemente, a los tiempos de Manuel Chaves. Los más veteranos recordarán que Manuel Chaves no llegó a la presidencia de la Junta de Andalucía por una vocación repentina de servicio autonómico. En 1990, era el Ministro de Trabajo y Seguridad Social de Felipe González, y su gestión no era precisamente para tirar cohetes: España lidiaba con cifras de desempleo que hoy nos darían escalofríos y Andalucía, como suele ocurrir, se llevaba la peor parte. Tras la histórica huelga general de 1988 y en mitad de una crisis interna entre guerristas y renovadores, Felipe González lo mandó al sur. Se le conoció como el "candidato a palos" porque intentó, por todos los medios, quedarse en Madrid. El poder central, Madrid, tiene un magnetismo que, por lo visto, hace que Andalucía parezca un premio de consolación, incluso gobernándola.

Manuel Chaves acabó quedándose 19 años, desde 1990 hasta 2009. Los andaluces, en esa generosidad a veces malentendida, le perdonaron que viniera forzado. Pero lo de María Jesús Montero tiene un matiz distinto. Si Manuel Chaves se resistía incluso a sabiendas de que gobernaría, María Jesús Montero se presenta como quien renuncia al Olimpo para nada. Es curiosa esa concepción del servicio público: considerar un sacrificio presentarse a las elecciones para liderar la tierra que te vio nacer. Quizás es que, tras pisar las alfombras de la Castellana, el Hospital de las Cinco Llagas parece un ambulatorio de segunda.

Nos pide gratitud. En una provincia como Almería, donde la conexión ferroviaria parece más un mito que una infraestructura del siglo XXI, que una ministra se presente como mártir por "dejarlo todo" para gobernarnos es, cuanto menos, pintoresco. No se trata de si María Jesús Montero tiene capacidad técnica —que su paso por la Consejería de Hacienda y la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía antes de saltar a Madrid ya dejó un rastro que el PP todavía no ha podido limpiar del todo—, sino de esa condescendencia política que sitúa a Andalucía como el lugar al que se viene a "cumplir" cuando las piezas del ajedrez nacional se mueven.

Ser candidato a la presidencia de Andalucía debería ser la máxima aspiración de cualquier político de esta tierra, no un acto de caridad, de "perdona vidas" hacia los administrados. Estar en la oposición, vigilando la gestión del gobierno de turno, es un cargo de una dignidad absoluta, no un castigo para quien ha probado las mieles de la vicepresidencia estatal. Pero claro, en el ecosistema del PSOE, parece que Madrid es el fin y Andalucía el medio (o el refugio).

Quedan semanas para el 17 de mayo. Veremos si los electores compran este relato del sacrificio o si, por el contrario, prefieren a alguien que considere que servir a esta Comunidad es un privilegio y no una rebaja de estatus político. De momento, solo podemos decir: gracias por el detalle, señora Montero, pero no hacía falta que se molestara tanto.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"