El XXIII Ciclo de Música Sacra de Almería, organizado por el Área de Cultura, Tradiciones y Educación del Ayuntamiento de Almería en colaboración con la Diócesis, cerró anoche, jueves, otra espectacular edición, en la que ha agotado todos y cada uno de los aforos disponibles, superando así los 2.500 espectadores.
El broche lo puso la tradicional ‘Exaltación de la Saeta’, que contó con la participación al cante de la malagueña Antonia Contreras, de Antonio Porcuna ‘El Veneno’, cordobés de Adamuz, el pueblo que fue premiado por la Junta por su humanidad y solidaridad en el trágico accidente ferroviario, y la joven cantaora almeriense Celia Ortega, que sigue mostrando su rápida evolución desde que formaba parte de los jóvenes flamencos de El Morato.
El acto, presentado por Alfredo Casas, contó además con la intervención de la Banda Municipal de Almería, dirigida por José Solá Palmer, cuya aportación musical reforzó el carácter solemne del evento. Sus interpretaciones, de marcado carácter procesional, sirvieron de hilo conductor entre las distintas intervenciones, aportando profundidad y solemnidad al conjunto.
El concejal delegado del área, Diego Cruz, ha celebrado el éxito artístico y de público de una actividad “que es una de las más longevas de España y que también da espacio a una decena de formaciones clásicas y corales almerienses, convirtiéndose en una cita cultural por derecho propio, tanto por la calidad de los intérpretes como por la belleza de sus repertorios”.
En cuanto a los recitales, Antonio Contreras, con una trayectoria consolidada en el flamenco más ortodoxo, desplegó una saeta de corte clásico, sobria y profundamente sentida, en la que primó la pureza melódica y el respeto a la tradición. Su interpretación conectó con las raíces más antiguas de este cante, en la línea de lo recogido por estudiosos del flamenco que sitúan la saeta como una derivación de los cantes litúrgicos y populares del siglo XIX.
Por su parte, Antonio Porcuna ‘El Veneno’ aportó una visión más desgarrada y visceral, con un uso expresivo del ‘quejío’ que acentuó el dramatismo inherente a la saeta. Su estilo, más libre en lo rítmico, evocó las formas evolucionadas del cante, donde la emoción se impone a la estructura.
Celia Ortega, representante de una generación más joven, ofreció una interpretación equilibrada entre tradición y sensibilidad contemporánea. Su voz, limpia y afinada, destacó por la delicadeza en los matices y una capacidad notable para transmitir recogimiento, evidenciando la vigencia de la saeta como forma de expresión viva dentro del flamenco actual.
El público, que llenó completamente el templo, respondió con un respetuoso silencio durante las interpretaciones y cálidos aplausos al término de cada una de ellas, en una noche donde la emoción se palpó en cada rincón.
Un cierre de altura a la tercera semana de un ciclo que arrancó el pasado 12 de marzo y que tuvo el pasado lunes a la Banda de la Agrupación Musical San Indalecio en la Parroquia San Antonio de Padua, el martes al Coro de la Universidad de Almería en la Catedral de la Encarnación y el miércoles a la Banda del Real Conservatorio Profesional Julián Arcas de Almería en la Parroquia de San José, dirigida por Javier Tapias.
En este caso con un programa de ‘Marchas para la Semana Santa de Almería’, como ‘Dolores, soledad de Almería’ de Christian Artero Lledó, ‘Rosario del Mar por la Alcazaba’ de Ángel Villegas, ‘En tu cruz’ de Álvaro Ceregido, ‘Fe, Esperanza y Caridad’ de Cristóbal López Gándara, ‘Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli’ de Rafael Barco Molina y el estreno de ‘Pastora, Emperatriz de Almedina’ de Juan Vicente García.