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Fenicia Vs Tartessos
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Fenicia Vs Tartessos

viernes 19 de junio de 2026, 20:46h
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Lo peor de la arqueología y en especial en el caso de Tartessos, ha sido centrarse en la búsqueda de la capital. Según lo avanzado en su estudio, lo más probable es que empezara siendo una ciudad al estilo de las “polis” mediterráneas. Pero no el caso de Troya, más el de Atenas, Esparta, Tebas o Tiro y otras, cuyo perímetro no se limitaba a la ciudad, pues abarcaba un área mayor que solía incluir otras poblaciones menores. Por su condición marinera, podría ser cualquier ciudad mediterránea o de interior dónde hubiera un golfo o lago de dimensiones adecuadas, tipo Lago Ligustinus. Y por su cercanía al atlántico es más posible que se hallara al oeste, entre la orilla marítima de la actual Portugal y el comienzo de las sierras Subbéticas, aunque todo está por ver. Ante la falta de datos al respecto, lo mejor es no aventurar, porque incluso alguna posible ubicación podría despertar el fantasma del centralismo, cainismo andaluz importado, porque nunca antes de la primera mitad siglo XX se había vivido ese visceral rechazo a una ciudad por haber irradiado fuera su cultura, que entonces no debió darse, porque una evidencia es su extensión hasta alcanzar una superficie superior a la actual Andalucía, en concreto muy similar a la línea de la “H” aspirada.

Es mucho más importante conocer sus costumbres, sus leyes, su economía, pero el cainismo está impidiendo una investigación seria, sin prejuicios ni supuestos previos, para no constreñir a la Comunidad, privada de parte de su territorio natural como tierra conquistada. Y dejar de lado la manía obsesiva de algunos arqueólogos, con la idea preconcebida antes de empezar el estudio de un yacimiento, para adjudicarlo absolutamente todo a los fenicios.

«Bonita» costumbre, obsesión política apoyada en la falacia de un «Ejido sin población» negar la existencia de Andalucía, no vaya a ser que sepamos quienes somos y así hacer a los andaluces dependientes de Tiro, la ciudad que quiso colonizar el Mediterráneo, y pese a la osadía de suponerla madre de la bíblica Tarchichis, fue incapaz de doblar el Cabo de San Vicente, con lo que les hubiera gustado llegar a las islas Casitérides para arañar el estaño con que fabricar el bronce obligados a comprarlo a sus supuestos hijos tartesios. Desmadre familiar resultado de confundir el deseo personal y particular con el resultado de unos datos afirmación de lo contrario. Defender que los fenicios, enemigos de alejarse de las costas —si podía ser una isla, mejor— llegaran a Carmona, desvarío lanzado hasta Las Cabezas, Osuna ó Écija y lo peor: que fueran fundadores de todas estas ciudades sólo tiene la justificación política de no reconocer Tartessos, para no reconocer la antigüedad de Andalucía.

Persiste el error de atribuir procedencias por cierta semejanza en algunos nombres Herakles – Melkart— ó —Astarté – Ihstar, por ejemplo, Como si Ihstar no fuera también equivalente a Venus ó Afrodita y otras diosas orientales. O por algunas piezas de orfebrería, como si en aquel tiempo los pueblos estuvieran impedidos para aprender unos de otros o para copiar sus artes. O para comprarlas. Demasiado estancos ve el profesor a nuestros antepasados; a ver si puede aclarar cuando, en qué momento de la historia empezaron a comunicarse y a comparar sus divinidades. Baal es una divinidad oriental adorada desde Cartago, el actual Túnez, hasta Babilonia, más allá de los límites del actual Irak. Resuelta la confusión existente hasta mediados del siglo XX, entre Herakles —el divinizado hijo de Zeus— y el comerciante Melkart, quedó claro que se trata de dos seres distintos. Distintos y dispares. Melkart es el comerciante, verdadera expresión fenicia, que viene de Tiro. Herakles es griego y sólo viene al Jardín de la Hespérides de visita, para cumplir algunas de las pruebas probatorias de su ascenso al Olimpo.

La dependencia tartessa de Tiro queda desmentida por la batalla naval entre las escuadras de Spalis y Gadir, entre el Santuario del Lucero (Sanlúcar de Barrameda) y Puerto Menesteo (El Puerto de Santa María). Los fenicios, conocidos como «buhoneros» del Mediterráneo porque comerciaban entre ambos extremos, excepto en las factorías griegas o egipcias, siempre enfrentados a ellos, explica la posible aparición de cerámica oriental, importada de Siria, en el sur de la Península. Igual que los tartesios transportaban a las costas sirias el bronce de su fabricación y el hierro de sus minas. Y aceite; y el mármol de sus canteras, entre otros productos. Pero nadie ha sufrido la fiebre de decir que «el Templo de Salomón se hizo con mármol procedente de las minas de Macael, por lo que “es obra de los tartesios y, como consecuencia, son los que fundaron la ciudad de Jerusalén”»

Respecto a la terminología está probado que «Spal», transformado posteriormente por deformación fonética en «Híspal», significa literalmente «lugar del agua». Lástima que no se haya podido descifrar todavía la escritura tartesia, lo cual añadiría mucha luz a esta oscuridad en la que algunos se empeñan en encerrarnos. Lástima de hijos de Baal que aún «no existían», pero porque no tiene equivalente en Andalucía y Melkart quedó circunscrito a las colonias de influencia fenicia; Abdera (Adra), Gadir (Cádiz), Malaka (Málaga) y Sexi (Almuñécar) mientras en el resto de la posible Federación Tartesia, desde Olissipo (Lisboa), hasta Akra Leuke (Alicante), el personaje, aunque no el dios, era Herakles. Evidencias hay gracias a los autores griegos. Sostener que los fenicios, apegados a sus adoradas costas, se adentraron más de doscientos kilómetros, hasta Mérida es pura y lamentable invención que haría reír a Baal y a Melkart juntos. Imaginación necesaria para defender unas tesis a las que el arqueólogo se aferra con la fuerza de su compromiso político en vez de usar la fuerza en el descubrimiento de la verdad, aunque el resultado no llegara a gustarles; pero ni la opinión ni el deseo pueden suplir a la evidencia.

Rafael Sanmartín

Estudió Filosofía y Marketing y es especialista en Historia. Ha trabajado en prensa, radio y TV. Obtuvo el premio 'Temas' de relato corto por El Puente (1988), así como el '28-F' (2001), por La serie La Andalucía de la Transición, emitida por Canal Sur Televisión. De su producción literaria cabe destacar: El País que Nunca Existió (1977), El Color del Cristal, novela (2001), La Importancia de un Hombre Normal, que narra la biografía de Blas Infante, (2003), Historia de Andalucía Para Jóvenes (2005), Grandes Infamias (2006) y De Aquellos Polvos... La Autonomía y sus orígenes históricos (2011) Para el autor "la Historia es el espejo donde podemos vernos y conocernos, aunque, como está escrita por los vencedores, debe analizarse con espíritu crítico para poder interpretarla".