Mientras el fuego devasta el levante de la provincia de Almería, consumiendo ya casi 4.000 hectáreas desde que se originara en Los Gallardos, el panorama político ofrece un espectáculo de un histrionismo insufrible. Hablamos de una tragedia humana de proporciones descomunales que ya se ha cobrado al menos 12 vidas humanas y mantiene a tres personas desaparecidas. Un escenario dantesco ante el que cualquier ciudadano esperaría altura institucional, rigor y, como mínimo, un gramo de empatía por parte de quienes ocupan los despachos del Gobierno.
Pero la realidad política siempre supera a la ficción más ácida. Cuando la cifra de víctimas mortales apenas empezaba a confirmarse y ya se conocía la muerte de media docena de personas, el primer impulso del Ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, no fue coordinar medios ni mostrar un ápice de solidaridad con los afectados de esta zona de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Su prioridad absoluta en la red social X fue lanzar un dardo despectivo contra el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, mofándose de si pretendía llegar al Gobierno "bajo palio", emulando al dictador. Una pirueta humorística de un gusto exquisito mientras los equipos de extinción y salvamento se dejaban la piel entre las llamas durante toda la noche.
La gestión material de esta catástrofe desvela las costuras de un relato oficial que se cae a pedazos. El Ejecutivo central prometió en su día una flota de 14 aviones apagafuegos para todo el Estado. La cruda realidad estadística es que solo se dispone de 7 aparatos, de los cuales, para mayor inri, únicamente 6 están operativos. Ante esta clamorosa falta de previsión en la campaña contra incendios, el portavoz parlamentario del Partido Popular, Miguel Tellado, osó sugerir una verdad innegable: que hace falta un Gobierno que esté más en la gestión y menos en la propaganda. La réplica de Óscar Puente no se hizo esperar, recurriendo a su habitual elegancia tabernaria para llamarle "pedazo de sinvergüenza" por, supuestamente, politizar la tragedia. El cinismo alcanza cotas insuperables si se observa que, en todo el timeline del ministro, no aparecía ni una sola línea de apoyo a las víctimas del incendio de Los Gallardos ni a los trabajadores.
Es más, ha sido la portavoz socialista y el coro tuitero, quienes han politizado la decisión de los técnicos de no enviar el es-Alert porque por sus características podría haber generado confusión. Fue una decision técnica, explicada por el consejero de la Presidencia, Antonio Sanz, y por el propio presidente Juanma Moreno, pero nada, hasta eso había que politizarlo para buscar rédito carroñero.
Nadie en su sano juicio acusa al Gobierno central de haber prendido la mecha en la provincia de Almería. Pero resulta inevitable hacer un ejercicio de política ficción: si este drama aconteciera bajo un Gobierno del Partido Popular cercado por la corrupción, la agresividad y la demagogia del Partido Socialista habrían alcanzado niveles sísmicos.
Asumir responsabilidades no entra en los planes de Óscar Puente. Ya demostró esa misma capacidad de evasión cuando se desentendió de la seguridad y el mantenimiento en incidentes graves de la red de infraestructuras ferroviarias en Adamuz, o frente al caos y los retrasos permanentes que sufren diariamente las líneas de tren. Nada es nunca de su responsabilidad, salvo el insulto grueso al adversario. La degradación institucional ha llegado a un punto en el que un ministro puede llamar "pedazo de sinvergüenza" al número dos de la oposición sin pestañear, evidenciando una alarmante falta de educación y decoro. Cabe preguntarse, con legítima indignación, de qué nivel de degradación política ha salido semejante personaje mientras una provincia entera contempla sus cenizas.