La reciente ola de incendios forestales que ha golpeado con dureza a la provincia de Almería, cebándose especialmente con la comarca del levante, ha desatado una contundente reacción del tejido ambiental. El Grupo Ecologista Mediterráneo ha denunciado públicamente la falta de previsión institucional y ha reclamado una reforma estructural inmediata en la planificación del suelo para evitar futuras desgracias humanas y materiales en los entornos rurales del país.
Las llamas, que mantuvieron en jaque a gran parte del territorio nacional con cerca de cuarenta focos simultáneos, tuvieron uno de sus episodios más dramáticos en el municipio de Los Gallardos. El fuego se propagó con rapidez debido a las temperaturas extremas, la falta de humedad y las fuertes rachas de viento, extendiéndose hacia varias localidades vecinas. Ante este escenario, el colectivo conservacionista ha trasladado su pésame a las familias de los fallecidos y ha recordado que ya en junio alertaron sobre el riesgo inminente de sufrir incendios de sexta generación, cuya virulencia desborda por completo la capacidad de los servicios de extinción.
La comunidad científica sitúa de forma reiterada a la provincia de Almería como la zona cero del cambio climático en la península ibérica. Los expertos explican que, paradójicamente, las intensas lluvias registradas a finales del invierno y durante la primavera empeoraron el escenario actual al generar un crecimiento abundante de maleza. Con la llegada de las olas de calor estivales, toda esa vegetación se secó por completo, transformando los montes en un polvorín combustible que prende ante el menor brote de fuego.
El colectivo lamenta que las advertencias de ingenieros forestales e investigadores no encuentren el eco necesario en las administraciones públicas, que tienen la obligación legal y moral de proteger estos entornos. En este sentido, critican que se confunda la gestión del suelo con la simple aprobación de complejos residenciales, mientras se sigue permitiendo la proliferación de viviendas e instalaciones irregulares en áreas con un alto peligro de sufrir fuegos forestales o inundaciones periódicas.
Frente a los discursos políticos que atribuyen lo sucedido en Los Gallardos a una inevitable tormenta perfecta provocada por la fatalidad meteorológica, los ecologistas sostienen que el escenario era totalmente previsible debido a los informes acumulados sobre el calentamiento global. Por ello, concluyen señalando que, tras el luto y las labores de reconstrucción, las instituciones no pueden postergar más la delimitación clara de los espacios habitables y productivos seguros. Retrasar la implantación de estas medidas de control territorial solo provocará que las futuras consecuencias sean cada vez más trágicas, graves e irreversibles.