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Todos con el cambio climático
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Todos con el cambio climático

Por Antonio Felipe Rubio
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afelipeafelipecom/7/7/15
martes 14 de julio de 2026, 18:05h
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Cuando se extinguen las llamas, el incendio prosigue. De la colaboración solidaria entre las distintas instituciones se pasa a la observancia de protocolos y la elusión de responsabilidades. Entretanto se dilucida el origen del incendio en la provincia de Almería, se prodigan las dudas sobre la información adecuada que hubiese evitado la tragedia. En el primer minuto de la catástrofe, la incendiaria TVE con el ruin Ruiz (Javier) lanzaba la primera sospecha contra la Junta de Andalucía: “¡Señores, la Junta de Andalucía no lanzó el Es-Alert!”. Y más miserable aún, excretaba invectivas el primate Óscar Puente.

Evidentemente, no se lanzó una alerta porque, dadas las circunstancias, se hubiesen necesitado varias alertas en función de qué viviendas; con que vías de escape; si estaban a sotavento o a barlovento del incendio; si estaban expeditas o abrazadas por la vegetación; si la evacuación contaba con una vía segura de extracción; si los moradores de las viviendas tenían o no capacidad de movilidad; si tenían cobertura tras la caída de tres células de telefonía… en definitiva, que se trata de un diseminado con viviendas de diferentes tipologías y dispares ubicaciones. Por tanto, la Es-Alert era válida para una vivienda determinada, y supondría una trampa mortal para los vecinos al otro lado del barranco.

Una Es-Alert es útil para recomendar acciones genéricas ante un evento concreto. En unas inundaciones se recomienda no bajar nunca a sótanos y acceder a las plantas superiores de los edificios. En un huracán, evitar el exterior, sellar puertas y ventanas y cobijarse en lugar seguro. Por el contrario, un incendio de tercera generación evoluciona de forma impredecible en función de agentes externos y de la singular meteorología que puede generar el propio incendio. Hasta experimentados profesionales se han visto sorprendidos por la caótica evolución de un incendio forestal.

Tras la puntual y eficaz presencia del presidente de la Junta de Andalucía, consejero de Presidencia y Emergencias, así como todo el operativo de Guardia Civil, Protección Civil, Cruz Roja, UME y el incesante trabajo de forestales en tierra y aire… llega al lugar el presidente del Gobierno para, en primer lugar, enfatizar sobre “el papel de los medios comunicación para luchar contra la desinformación”. Cabe preguntarse a qué se quería referir Pedro Sánchez con que los medios de comunicación luchen contra la desinformación. ¿De dónde provenía esa desinformación contra la que habría que luchar?, ¿qué tipo de daños ha infligido esa “desinformación” ?, ¿estaría sugiriendo atender a ciertos medios que sí informan frente a otros que desinforman? En fin.

Y por fin llega el omnipresente argumento: “la emergencia climática mata”. O sea, para el presidente del Gobierno el cambio climático, la Agenda 2030 y el calentamiento global son los causantes de estas desgracias. Nada que decir sobre la gestión del monte. Nada que decir sobre las limitaciones impuestas a la agricultura y ganadería tradicional. Nada que decir sobre la sobreprotección de entornos que se han convertido en la mecha para el incendio forestal. Nada que decir sobre la ruina de explotaciones agobiadas por tantas limitaciones y reglamentaciones. Nada que decir sobre el vaciamiento de las poblaciones que se quedan sin recursos y sin emprendimiento por asfixia administrativa y desquiciantes directivas locales, provinciales, autonómicas, estatales, comunitarias… Nada que decir.

Hay coincidencias inesperadas. Juanma Moreno ha parafraseado a Pedro Sánchez en el sesquipedalismo insufrible del cambio climático. También Juanma cree que la emergencia climática mata. Pues… ¡bienvenido al club! Y, como era de esperar por aquello de la lealtad institucional, María Jesús Montero comienza a salivar: Juanma ya cree en la emergencia climática. A ver ahora cómo se lo explica a VOX. ¡Ahí la tienes, báilala!

No. No mata el cambio climático. El cambio climático es consustancial con el planeta. Desde que se configura la Tierra con atmósfera, océanos, mares y actividad geológica hay cambios climáticos cíclicos y reiterados. Otra cosa es la meteorología adversa que incide con desatada violencia sobre poblaciones ubicadas en cursos pluviales y otras desaconsejables instalaciones que, aun con lamentables precedentes, se empecinan en mantenerse e incrementarse retando y tentando la tragedia.

En ciertas geografías hace frio en invierno y calor en verano. Actualmente, una de las primeras noticias con las que abren los telediarios es el frio de este crudo invierno o el calor de este infernal verano. El problema es que hemos alterado nuestra ecualización frente a los cambios de temperatura. Y en esto influye la universal adecuación climática artificial en viviendas, cines, grandes almacenes, automóviles y otras dependencias donde te cueces o te congelas.

Seguramente habrán observado que las primeras noticias sobre un devastador incendio, riadas, terremotos, etc. son imágenes algo borrosas y en formato vertical muy estrecho. Los teléfonos móviles están repartidos por los confines del planeta. Así, cualquier incidencia meteorológica, geológica, gravísimo accidente o pavoroso incendio comienzan por documentarse a través de los móviles y, enseguida, pasan a las redes y a los medios de comunicación generalistas.

Antes, si el pastor quedaba aislado por una descomunal nevada -como era habitual- sabía a qué atenerse y se precavía de lo necesario para él y su cabaña. Ahora, con el móvil, está poco menos que pidiendo auxilio y documentando una debacle que para sus mayores era de lo más normal y acostumbrado. Las facilidades de comunicación modernas evidencian estas “nuevas” emergencias climáticas, que antes se administraban con calma, conocimiento, experiencia y sufrimiento; pero como no eran noticia, simplemente no existían.

Lo que sí existe ahora es una pésima política de gestión forestal. El incendio de Los Gallardos ni es el primero ni será el último. La abundante y creciente biomasa adaptada al terreno se distingue por matorral de porte alto y con alto nivel de aceites esenciales (alcoholes). Esta peculiaridad faculta incendios incontrolables por su alta inflamabilidad, impredecible expansión y endiablada velocidad. Junto al viento, un incendio de esta naturaleza hace imposible la extinción. No hay retardante aéreo ni efectivos terrestres que lo detengan. Sólo se puede actuar cuando el fuego se queda sin combustible.

Hay que recordar que, entre otras “iniciativas” forestales, la Junta del PSOE prohibía y multaba a los pastores que llevaban las cabras a ramonear en los cortafuegos. Esto sólo es un indicio de las políticas llevadas a cabo para mantener los montes en grave riesgo de incendio, dejando sin capacidad de maniobra a los propietarios de fincas, ganaderos y agricultores que desde siempre han sabido y podido hacer las cosas con eficacia y sentido común.

Pedro Sánchez invita, involucra, concierne y convence a Juanma Moreno para suscribir un pacto de Estado contra la emergencia climática. Una entelequia que, como es habitual en Sánchez, meterá en un lío a los incautos colaboradores de sus manejos. Como decimos por aquí: al enemigo, ni agua. Y si es en el desierto, polvorones.

Antonio Felipe Rubio

Periodista