Por Almería ha pasado de largo, quizá por tener un gobierno del Partido Popular, o quizá sencillamente por despiste que no debió producirse, pero ni un solo gesto cuando se cumplen noventa años de aquel fatídico agosto de 1936 en el que fue asesinado uno de los más grandes poetas que vieron la luz.
Resulta ilustrativo observar a ciertos sectores de la política actual rasgarse las vestiduras o intentar apropiarse de la figura de Federico García Lorca al conmemorar el 90 aniversario de su asesinato. Hablamos del mismo hombre al que los herederos ideológicos del mugriento «¡Viva la muerte!» fusilaron en una cuneta entre Víznar y Alfacar. Quienes hoy ocupan escaños en el Parlamento de Andalucía, condicionando la agenda del gobierno autonómico que preside Juan Manuel Moreno Bonilla, sostienen los cimientos de esa misma visión excluyente del Estado que decidió silenciar a la intelectualidad a balazos.
Para la provincia de Almería, el vínculo con el poeta no es una nota folclórica al pie de página, porque es donde según el mismo reconoce, anotó sus primeros versos. El crimen machista consumado en 1928 en el Cortijo del Fraile, en Níjar, sirvió de mecha para que el autor diera forma a Bodas de Sangre, elevando un suceso de la crónica negra provincial a la categoría de tragedia griega universal. Federico García Lorca jamás se conformó con el andalucismo de pandereta que tanto fascina a la demagogia política. Supo engarzar la raíz popular con la vanguardia atroz de Poeta en Nueva York, desde donde lanzó una enmienda a la totalidad contra la deshumanización del sistema.
La barbarie desencadenada en el territorio de Andalucía no fue un error de cálculo, sino un plan sistemático aireado desde las ondas por un fascista con galones que animaba a violar mujeres y mutilar homosexuales. A Blas Infante lo fusilaron en la carretera de Sevilla a Carmona pocos días antes que al poeta granadino. A otros nombres indispensables como Rafael Alberti, Luis Cernuda, María Zambrano, Manuel de Falla o Emilio Prados les reservaron la muerte en vida del exilio, una fosa común de la que pudieron regresar algunos de ellos. Si aquellos verdugos levantaran la cabeza en este noventa aniversario, no cabe duda de en qué bancada parlamentaria pedirían la palabra hoy.
Por eso, tras nueve décadas, la manera rigurosa de rendirle tributo no consiste en patrimonializar su legado. El tufo a manipulación resulta igual de rancio cuando la derecha busca anestesiar su asesinato que cuando ciertas facciones de la izquierda pretenden convertirlo en un souvenir con carné de partido. A Federico García Lorca se le honra manteniéndolo a salvo de las siglas: en el territorio libre de quienes leen su obra sin intermediarios, reconociendo el valor universal de un hombre excepcionalmente humano.