¿Cuándo se celebrarán las próximas elecciones generales en España? Es el secreto mejor guardado del gobierno, una incógnita tan opaca que ni el mismísimo Mohamed VI logró descifrar cuando la inteligencia marroquí paseó el programa espía Pegasus por el teléfono móvil de Pedro Sánchez. Hay que conceder cierta indulgencia a los servicios de espionaje extranjeros: dada la acreditada costumbre del líder del PSOE de tomar decisiones estratégicas en el último minuto de la prórroga, resulta sumamente probable que ni su propia memoria RAM albergase la fecha exacta en el instante de la infección tecnológica.
Sin embargo, sostener que el calendario electoral responde a la estabilidad parlamentaria sería pecar de ingenuidad. En la trastienda de la Moncloa, la fecha ya está marcada, a pesar de que la geopolítica reciente le haya torcido ligeramente la dramaturgia. Al laboratorio de estrategia socialista le habría venido de perlas que el ultraderechista Jimmie Åkesson y sus Demócratas de Suecia arrasaran en Estocolmo para afianzar el relato del miedo. No obstante, la movilización ciudadana en el país nórdico contuvo esa victoria, desdibujándole a Pedro Sánchez el cuadro perfecto de una Europa entregada en masa a la extrema derecha.
Aun así, la marea de fondo no escatima argumentos. El afianzamiento de Alternativa por Alemania (AfD) en estados germanos como Baja Sajonia, sumado al impetuoso ascenso de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella en Francia, compone la escenografía soñada por el aparato mediático del gobierno. Para la economía de la provincia de Almería, cuyo tejido agroalimentario y exportador depende vitalmente de la apertura del mercado comunitario, la victoria de formaciones con sesgo proteccionista representa un riesgo tangible... y sus amigos españoles lo aplauden, y es que hay gente pa tó. Para la alta política en el Estado, sin embargo, la economía real siempre es un daño colateral supeditado a la urgencia del relato.
El movimiento de Pedro Sánchez se adivina milimétrico: en cuanto Marine Le Pen certifique su triunfo en las urnas galas, el presidente apretará el botón del adelanto electoral para rentabilizar la sacudida emocional antes de que se enfríe el impacto. La apuesta fija la cita con las urnas antes de Semana Santa. Con ello busca arrinconar al Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo, encadenándolo a la foto de sus pactos con el Vox de Santiago Abascal en distintas comunidades como Andalucía. De paso, la apocalíptica apelación al voto útil devorará sin piedad el espacio electoral de Yolanda Díaz, Sumar y Podemos, erigiendo a Pedro Sánchez como el único dique de contención progresista. Las urnas dirán la última palabra justo antes de las procesiones. Y que cada cual, cargue con su cruz.