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Una irresponsabilidad que infunde pavor

Por Antonio Felipe Rubio
viernes 30 de octubre de 2026, 11:40h
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Han pasado muchos años, pero aún recuerdo con nitidez aquellos fastos en la Sevilla de la Expo-92. Quizá lo más espectacular fue conocer aquel AVE que enlazaba Sevilla con Madrid. Era como si nos hubiésemos trasladado a Japón. Algunos políticos del enorme séquito, entusiasmados, decían que era muy superior en prestaciones al TGV francés, y que iba a suponer un avance que situaría a España en primera línea y vanguardia de las altas tecnologías.

Efectivamente, el AVE funcionaba con seguridad, puntualidad y éxito. La primera vez que pude disfrutar de la Alta Velocidad me asaltó la pregunta ¿y esto, para cuándo en Almería? Pobre de mí. Recordé que aún luchábamos por la A-92, el único tramo de autovía de Andalucía, que en Almería no podríamos disfrutar hasta diez años más tarde. El presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, decía que la A-92 “Junta Voluntades”, pero estaba claro que la voluntad política no jugaba a favor de esta isla anclada en el extrarradio andaluz.

Abandoné toda esperanza. Si un centenar de kilómetros de autovía costó casi once años de retraso, ¿qué no habríamos de esperar para que llegase el AVE a Almería?

Hicimos todo lo posible. Desde Antena3 de Radio, con el inolvidable Antonio Herrero, transmitíamos a toda España las dificultades y el olvido del Gobierno para con una provincia que ya era extraordinariamente pujante en la comercialización hortofrutícola por toda Europa. Sin embargo, nuestras carreteras para esa “facilidad” exportadora era la N-340, carretera que en algún tramo exigía la circulación alternativa de vehículos en sentido contrario (puente de Rioja). Después (1990), llegó el Informativo regional de Antena3 Televisión. Cada semana enviaba a Manolo Prieto una pieza en la que evidenciaba la inminencia de la Expo-92, pero en Almería no se movía una piedra de la deseada y anunciada autovía. En definitiva, Almería ha sido como una placa de Petri donde el Gobierno ha cultivado un virus que ha instilado a la población para, con humillante éxito, vacunar a políticos timoratos, sindicatos conniventes, actores sociales bizcochables, y medios de comunicación y plataformas reivindicativas de incomprensible lenidad.

Y después de todo lo anterior, viene alguien y te dice: “¡Menos mal que en Almería todavía no hay AVE!”. Esta exclamación -de un notable del lugar- confirma mis sospechas sobre los efectos de esa eficaz vacuna para estimular la estolidez de algunos. O sea; como se han producido trágicos accidentes en Alta Velocidad, mejor celebrar no tener el AVE o renunciar a usarlo por considerarlo una ruleta rusa. No. No es esa la solución.

Sin entrar en detalles técnicos, las tragedias de Adamuz y Urda son la consecuencia de un acto criminal del Gobierno de Pedro Sánchez. Las medidas de seguridad, el mantenimiento, la reposición y la actualización de los materiales, así como la aptitud e idoneidad profesional son la clave. AVE, Iryo, Ouigo, Alvia… no son peligrosos. El peligro radica en los irresponsables que están arruinando nuestros trenes y amenazan nuestras vidas y la convivencia.

Se sabrá –o no- la verdad. Dependerá de si este gobierno continúa al frente de estos desmanes criminosos. Pedro Sánchez ha homologado la mentira y la maldad como patente de gobierno. Su nequicia es tal que va administrar la destitución del primate Óscar Puente utilizándolo como escudo humano para sus intereses electorales y sectarios. Un presidente decente no habría dudado en destituir a su ministro de Transportes tras lo padecido. Pero están ahí las elecciones y, aun mediando vidas humanas perdidas, horrorosas mutilaciones, secuelas de por vida, familias rotas, el daño reputacional infligido… Nada va a perturbar, siquiera por conmiseración, el diseño y empeño por permanecer, como sea, en el poder. Vamos a ver al primate y al felón mentir, manipular y filtrar a los medios de su grey audios, videos, documentos o lo que vayan hocicando para descargar su irresponsabilidad en algún pobre desgraciado.

Por cierto, Pedro Sánchez aparece en ciertos lugares del siniestro con el chaleco de Protección Civil. Yo, como miembro de la Red de Radio Emergencias de Protección Civil (REMER), exijo que se “disfrace” de otra cosa que no sea la que identifica a las personas, sean profesionales o voluntarios, que dedicamos nuestro tiempo, equipamiento y disponibilidad con total voluntad de servicio a la protección civil. Pedro Sánchez, Óscar Puente y otros vienen demostrando que la única protección que conocen es la de la secta endogámica, la protección personal y la protección familiar. Por el contrario, desprotegen al ciudadano confiado y decente en el tren, en la carretera, en la calle y hasta en su propia casa. Pedro Sánchez, con este attrezzo, ensucia a Protección Civil, la UME, la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Ejército, la democracia y el Estado de derecho.

A pesar de Halloween, para imprimir desazón, inquietud, inseguridad y pavor no hace falta una guadaña, telarañas, momias, zombis o vampiros. Miren a Pedro Sánchez y lo que representa… y ¡corran!

 

Antonio Felipe Rubio

Periodista