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Nos vemos en el Corte Inglés

miércoles 09 de septiembre de 2020, 11:58h

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El 8 de noviembre del año 2005, el diario El País, publicaba en la sección “Empresas” este texto: “El Corte Inglés construirá un gran almacén en el centro de Almería gracias al acuerdo que ha firmado con el colegio La Salle y con el ayuntamiento de la ciudad. El pleno municipal aprobó ayer con el voto en contra de IU y la abstención del PSOE, un convenio a tres bandas con El Corte Inglés y los Hermanos de La Salle, que prevé la construcción de una tienda en el solar que ocupa el centro educativo. El convenio establece la sustitución de las 'envejecidas' instalaciones educativas del colegio La Salle, en la Rambla de Almería, por un colegio de nueva creación en los terrenos propiedad de la congregación en la barriada de Las Chocillas. Al mismo tiempo, se dota al solar de su propiedad en la Rambla, como suelo urbano no consolidado permitiendo la ubicación del centro comercial en una parte de los terrenos. El resto del solar se recalifica para uso residencial compatible con usos terciarios. Asimismo, el Ayuntamiento cede gratuitamente una parcela de su propiedad a los Hermanos de La Salle y se prevé la construcción de un campo de fútbol que sustituirá el actual.”
Aquella noticia suponía el final de una sensación de orfandad comercial compartida, que se acrecentaba cada vez que te encontrabas con otro almeriense en el Corte Inglés de Goya y se producía uno de esos diálogos para gallopedros que tanto han nutrido el repertorio de grandes monologuistas locales como Céspedes, Calavera, Alvarito o Kikín.
- ¿Qué? ¿En Madrid?
- Aquí, luchando. Y haciendo unos mandaos.
- Si es que aquí tienen de tó, nene. No como en Almería.
- Equilicuá, nene. Vivimos en el culo del mundo.
Como siempre pasa en Almería, la noticia de que pronto íbamos a tener un Corte Inglés en pleno centro tuvo que pasar el peaje infame de la política local, que tantas veces ha ejercido un papel similar al de Hamburguesas Uranga en la historia de la gastronomía mundial. Al gran acuerdo le faltaba tan solo una cosita: el permiso final de la Junta de Andalucía, que era la administración responsable del tema comercial en nuestra comunidad. Desde el primer momento, a la Junta del PSOE de Sevilla no le hizo ni pizca de gracia que un ayuntamiento gobernado por el PP desbloquease un asunto enquistado en el cuaderno de dolencias colectivas de la ciudad y, naturalmente, maniobró y obró -en el sentido que ustedes se malician- todo lo que pudo para evitar que un alcalde popular -en ese momento Luis Rogelio- cortase la cinta inaugural del establecimiento. El PSOE almeriense niega toda implicación en el tema, pero si se fijan, he utilizado antes el verbo DESBLOQUEAR porque el PSOE, tras las elecciones de 2007 negoció discretamente con el grupo GIAL la cesión de sus votos para que Almería tuviera un alcalde socialista, Nono Amate, poniendo a cambio en la mesa una bonita concejalía de Urbanismo, mucho cariño y empatía judicial ante lo que pudiera venir a ese grupo en el futuro y, a lo que voy, el DESBLOQUEO (el término fue reconocido posteriormente por los asistentes a esas negociaciones) de la llegada del centro comercial a Almería. El PSOE sabía de lo que hablaba, porque tenía experiencia en esos apaños. En Jerez de la Frontera no había narices de que se instalase IKEA hasta que, tras un oportuno movimiento de votos cambiados, pudo llegar a la alcaldía una candidata socialista. En quince días, el ahora condenado Gaspar Zarrías (le han caído nueve años de inhabilitación especial por delito continuado de prevaricación) desembarcó con su corte de alquimistas administrativos en la ciudad cuna de la bulería y ¡CHAS! se obró el milagro que propició que a día de hoy los jerezanos tengan sus casa amuebladas como si fueran del mismo Estocolomo.
Pero no nos desviemos. Ya digo que el PSOE no estaba dispuesto a permitir que un alcalde del PP inaugurase un Corte Inglés en Almería y, subiendo el periscopio del partidismo más infame, comenzó a torpedear el proyecto: del mismo modo que la Junta no dudó en declarar BIC la estación de autobús en la que inicialmente se pensó instalar el centro, inmediatamente descubrió valores artísticos y culturales en la fachada del colegio (sospecho que los que hemos pasado muchos años a diario bajo el mosaico multirracial y étnico de San Juan Bautista en plan anuncio de Benetton tenemos otra opinión) que impedían el proyecto, del mismo modo que envió a sus asociaciones de vecinos y arrimados a lanzar proclamas sobre el riesgo de despoblación escolar que ese comercio iba a traer al centro, del mismo modo que instó a los comerciantes de la zona a clamar contra la llegada de una firma que, está comprobado, favorece especialmente a los comercios de su entorno, llegando incluso a la aurora boreal del disparate que era decir que un Corte Inglés en el centro (edificios que siempre llevan varias plantas de aparcamiento) iba a suponer un colapso de tráfico en Almería.
Todo eso refleja, simplemente, el alcance de una maquinaria política centrada única y exclusivamente en los intereses del partido, y el desprecio absoluto a los intereses y el futuro de Almería. No mencionaré ahora el papelón de los socialistas almerienses, engrasadores necesarios de todos y cada uno de los torpedos lanzados contra el proyecto.
El caso es que la Junta dijo que NO al proyecto por las mismas razones que decía SÍ a la instalación de centros comerciales en Vícar, gobernada por el PSOE y NO a su instalación en Roquetas, también gobernada por el PP. La misma razón por la que durante años se negaron a autorizar un nuevo Plan General de Ordenación Urbana en Almería capital. La pellejería por bandera. La secuencia, como ven, es una radiografía de esa política rastrera y mediocre incapaz de ver más allá del término del mandato electoral y del modo de conseguir el éxito en las urnas. Esa política en rebajas que algunos se empeñan en seguir usando, aunque sea a costa de aletargar o secuestrar el futuro de Almería, porque el objetivo no es mirar por el futuro de todos, sino de mantener el poder o recuperarlo. No hay más. Políticas de silencios activos cuando son necesarios (recuerden la absoluta pasividad socialista ante el abandono del catalogado edificio del Ayuntamiento) o de estrategias judiciales para paralizar proyectos de futuro como el cambio de esa maltratada Plaza Vieja. Y ahora, naturalmente, el Corte Inglés y La Salle se han hartado de esperar y piden su dinero. Una gran noticia para Almería que todos sabemos a quién agradecer.
Eso sí: los amantes de los monólogos podrán seguir encontrando material de primera en los Corte Inglés de toda España cuando las escaleras mecánicas vuelvan a propiciar la tradicional escena de dos almerienses lejos de casa, cargados de bolsas, uno subiendo y otro bajando. Siempre es primavera en Almería.

Jose Fernández

Periodista.Asesor de Prensa
en el Ayuntamiento de Almería.